NACIDOS CON ESTRELLA O ……

Estrellados, diríamos para terminar la frase. Pero esta vez me he hecho un lío. Por de pronto, decir que el título primario era otro. Mis primeros pensamientos iban hacia un juez estrella…., o estrellado. Por el camino pero, me ha entrado miedo. Si, aunque uno crea que estamos en democracia y que la libertad de expresión es un derecho constitucional, el instinto de supervivencia ha frenado que mis neuronas fueran saltando por los surcos de mi cubierta. El frío también ha sido partícipe de ello. Pero no tanto como algunos querrían.

El frío también ha actuado como refrigerante de los conductos y ello ha permitido que la maquinaria no entrara en parada. En ralentí, eso sí. Y mientras, cada uno decía la suya. Porque en eso de opinar, todos sabemos. O al menos, creemos. Y eso es de agradecer. Al menos, aunque nos manden a callar, tendremos argumentos para no quedarnos ni sumisos ni en posición de vasallaje. Y eso, hoy en día ya es mucho. Y me ahorro más comentarios, porque sigo teniendo miedo.

Y es que no hay día que me pregunte cómo debía vivirse en la época de la posguerra, cuando las envidias personales debían delatar y acusar falsamente a muchos convecinos. Y sigo teniendo miedo.

Pero la sentencia me alegró. Al menos por la unanimidad. Al menos, por la frase de que la ley es igual para todos, aunque tampoco sea ello cierto. Y no lo es, porque si Garzón hubiera sido diputado, senador o similar, otro gallo hubiera cantado. Tal vez, uno afónico o degollado. Quien sabe. Y es que los padres de la patria, son algo más iguales que nosotros. Pero tampoco es el caso.

Me refería a la sentencia. Once años de inhabilitación pueden ser muchos, sí. Al menos un final de carrera. Del otro caso – de uno, vamos- , veintitantos días marcan la diferencia de la cal a la arena, y la prescripción de los siempre presuntos hechos. Sobre todo, presuntos. Siempre nos quedará la duda de qué se hubiera escrito en la historia particular de alguno si aquellos veintitantos días no hubieran existido. Y eso que la historia la escriben de muchas maneras…., como la verdad. La jurídica, la real de uno, del otro, la presumible, la presunta….

“La presunta verdad de los hechos” buen título para otro escrito. Y es que no me gustan las otras verdades. Ni quienes se creen estar en posesión de ella. Y de estos, presuntamente también hay muchos. Pero el ambiente está movido. Demasiado. Y sin argumentos. Sin verdades que defender.

Al poco de conocerse la sentencia, la de las escuchas a los abogados y sus clientes, hubo quien se lanzó a la calle a criticar ya no la sentencia, sino a los jueces que la acordaron por unanimidad. ¿Dónde están los defensores de la independencia judicial? ¿Acaso sólo respetamos las sentencias que concuerdan con nuestro pensamiento?

Por suerte, el pensamiento único no existe. No ha existido nunca, presuntamente, claro. Ni tampoco las reacciones en la calle son las mismas, como la ley, vamos. ¿Qué hubiera ocurrido si un funcionario policial con demasiado celo profesional – o más bien carente del mismo- entra en el domicilio del quinto segunda pensando encontrar un alijo de droga, y sin permiso judicial ni toque de timbre, tira la puerta con la patada “made in Corcuera” y se encuentra con dos ancianos tomando el te de las cinco? ¿O si mantiene detenido sin lectura de derechos a un sospechoso de ser sospechoso de algo y no diligencia los mismos?. ¿Habría actuado la sociedad de otra forma? ¿Habrían criticado la actuación de los jueces si los hubieran procesado y condenado?

Posiblemente no. Primero, porque son funcionarios. Segundo, porque la ley así lo indica. Tercero, porque..... Y Garzón también es funcionario. Pero el problema no es ni Garzón ni otro. El problema es saber si existe o no la independencia judicial. Y qué entendemos por independencia judicial. Y si la misma se refiere al estamento o a cada uno de ellos. Y si los hay mejores o peores que los otros. Pero esto es otro cantar. Hay mucho que renovar, muchos chips que cambiar.

De momento, una presunta estrella se ha apagado. Mediática, claro. Ahora no subamos a los altares a quien nunca debió despegar los pies del suelo. Las páginas mediáticas, son eso mismo, páginas y negocio. La justicia es –debería ser- cosa muy distinta, como servicio público que es, y como servidores públicos que son sus profesionales. Los personalismos no son buenos, y en el tema judicial, menos aún. Su independencia y su credibilidad, la fe en ella, están en juego.

Luego, alguien cuestionará sobre si los fallos son aciertos, o los aciertos tienen que ser llamados fallos.

PUBLICADO EL 20 FEBRERO 2012, EN EL DIARIO MENORCA.

REFORMA LABORAL: MÁS DE LO MISMO

A uno le da la sensación que al igual que ocurre con los presupuestos, es ya tradición en todos los gobiernos al estrenar mandato que se programe una reforma laboral. Una reforma que no se diferenciará significativamente de las otras, sino que sólo cumplen con el mandato de que algo se pone a caminar. También es verdad que desconozco la letra de la misma. Las noticias hablan de una rebaja en las indemnizaciones por despido y la forma en que éstos son ahora procedentes. Y poco más.

Y no me he leído la letra, porque las veces que las he leído me han dado la sensación de que nunca coincido con las interpretaciones de los demás. Y eso me pone de mala uva, cosa que por prescripción facultativa no me conviene. La última vez fue cuando el decretazo de Zapatero y el inicio de la campaña contra los funcionarios. En el decretazo del ahora ya miembro permanente del Consejo de Estado –lo que va a costarnos sus presuntos consejos que quiera darnos-, por activa y por pasiva se vendió que a todos los funcionarios se les rebajaba el sueldo en una media del cinco por ciento, mientras la realidad de lo escrito, publicado y aprobado, sólo se refiriese a los funcionarios del Estado. Nadie dijo lo contrario. Ni oposición, ni sindicatos. Sólo los trenes de la comunidad de Madrid dijeron la suya –y ganaron- . O al menos, perdieron menos.

Y si no fuera así, ¿por qué tuvieron todas las corporaciones que celebrar plenos para aprobar las reducciones? ¿ y si se hubiera votado en contra?. Pero claro, a todos les fue bien echar la culpa al Gobierno y de paso, rebajar sueldos. Y nadie, ni sindicatos ni oposición, dijeron nada. Y eso que la fama de los funcionarios ya estaba echada a los leones.

¿Por qué voy ahora a molestarme a leer el decreto, si muy por seguro tampoco voy a coincidir con la lectura que otros hagan del mismo?. Lo cierto es que poco o nada debe cambiar de la anterior, de la otra, o de la próxima. Porque las reformas parecen que se hacen con el barómetro del CIS en la mano. No con proyección de futuro o con estudios de mercado.

El paro juvenil alcanza un cincuenta por ciento. Pues a subvencionar la contratación de jóvenes, aplicando exenciones en las contrataciones de jóvenes. Que las arcas de la Seguridad Social están vacías, pues a alargar la edad de jubilación. Que hay más mujeres morenas sin trabajo que las rubias, pues a subvencionar la contratación de las mujeres morenas. Que los andaluces y gallegos tienen menos trabajo, pues a subvencionar a quien contraten a personas que hayan nacido en Andalucía y Galicia. Y así sucesivamente.

Pero la realidad es otra. El trabajo es el que hay, y no más. Lo único que ocurre es que el empresario se acoge a las subvenciones y a los menores costes. Si el contratar a un joven de veinte años le sale más rentable que contratar a uno de veintidós, a este último al alcanzar la edad puente, lo despide y contrata a otro con descuento. Si al llevar una antigüedad de un año le sale más caro que uno recién contratado, a los once meses lo despide y contrata a otro de nuevo. Y eso es la realidad del mercado laboral y no otra.

Si el Gobierno de turno dejara de subvencionar a toque de barómetro, al menos los trabajadores estarían contratados por su valía y profesionalidad y no por las subvenciones que sobre ellos recaen. Si el Estado se hiciera cargo de explotar las empresas que quiebran, tal vez muchas de ellas se lo pensarían dos veces antes de cerrar las puertas. Si el Estado controlara precios, tal vez no habría tantos abusos y tantas necesidades.

Y la solución no pasa por sustituir unos empleados por otros. La solución pasa por producir más y vender más. Pero ¿cómo vender si nuestros vecinos están tan pobres como nosotros? Sencillamente por la competitividad. Trabajar más y mejor, y vender más y más barato. Así de sencillo. Y producir y vender lo que otros no tienen.

Y en Menorca tenemos el ejemplo más claro. Trazamos en su día nuestro objetivo en la construcción y en el turismo. La construcción era un producto con fecha de caducidad, eso se tenía que saber. ¿Acaso alguno pensaba construir sin límites? ¿Acaso nadie pensó en que quienes las habitaran colapsarían el mercado laboral? ¿O esperaban que se llenara de jubilados de otras naciones y las demás, alquilarlas a los turistas?. Y el turismo….. con lo que cuesta llegar hasta aquí, uno se queda en Mallorca.

¿Por qué nadie se atreve a explotar el campo menorquín cultivándolo, explotándolo con árboles frutales, hortalizas, y demás? ¡Al menos no tendríamos precios encarecidos por la doble insularidad¡ ¡ E incluso podríamos exportar a España o al extranjero!. Pero seguro que nadie ha pensado en ello. Tampoco es necesario que se haga ningún estudio que cueste varios miles de euros…. Sólo somos capaces de pensar en el precio de la leche y poco más. ¡Si incluso el ganado se llevaba a matar a Barcelona para luego comercializarlo en nuestra isla!

Pero vivimos en un mercado de libre competencia. Un estado en que los altos directivos son políticos o están o han estado vinculados con la política. Un estado en que incluso un presidente de la banca, ex – ministro y demás, protesta porque le han rebajado su nómina, alegando que los políticos en España cobran poco. Y es que vivimos en un estado que no todos somos iguales ni ante la ley, ni ante Hacienda, ni ante el político de turno ni el de la oposición. Y eso se paga.

O al menos, algunos. Los pasivos, vamos. Los que no tenemos ya ni voz, y sólo un voto cada cierto tiempo. Y alguna reforma, de vez en cuando. Las mismas de siempre. Es como el arreglo de las goteras del tejado. Cada vez que llueve, cambiamos una teja. Tampoco tenemos ni dinero ni condiciones para el arreglo del tejado entero.

Y el albañil, siempre el mismo. El cubo, el mismo. Sólo el agua es distinta, aunque sus moléculas, también son las mismas. Y el perjudicado, el mismo. Nada cambia.

Y es que la casa, es una ruina. Solo hace falta tirarla abajo, y volverla a levantar. O hacer un parque infantil. O una zona verde. O un campo de futbol. O…


Febrero 2012

VUELTA A LA REALIDAD

Dicen que el tiempo es el mejor antídoto, ya que todo lo cura. También dicen que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Son –somos- muchos quienes amparados en estos dichos populares esperamos que algunas injusticias ya sean personales o societales se restablezcan, pero la realidad es más cruda que los dichos populares.

Hasta ahora hemos criticado por activa y por pasiva sobre los efectos de la doble insularidad, que si efecto ratonera, que si los descuentos para residentes, que si servicio público, que si eso o aquello. Ahora en poco tiempo, nos hemos quedado sin aviones y sin barcos. Y lo peor, sin competencia. Aviones, porque unos señores cierran el grifo y se apean en la primera estación. Barcos, porque la naturaleza enseña sus enfados y nos recuerda que no todo depende de nosotros.

Ponemos pies en el suelo y nos encontramos con un aire frío, con una amenaza constante y con un invierno de aquellos que ya muchos no recordábamos. Y no podemos culpar al cambio climático de ello, sino volver la mirada atrás, cuando el viento helaba y la tramontana soplaba durante una semana y más.

Los mercados ya no son lo que eran, y no me refiero a los bursátiles, que tampoco lo son y tardarán en serlo. Ahora los supermercados se abastecen de todo producto menos del local. Y así estamos. Sin piezas de ganado, sin aves de corral y si me apuran, sin huevos ni atributos con que hacer valer nuestros derechos, como ciudadanos que somos y que veremos aumentada con la presión fiscal a final de mes.
Y es que la realidad se impone. La insular y la nacional. Y por ser, cotizamos en ambas. Y de cotizar se trata. De llenar depósito para que otros puedan hacer aeropuertos sin aviones y otros puedan viajar en AVE, mientras nosotros sin oca ni ganso que nos engañe si quiera. Y así estamos. Cotizando y apelando al servicio público, cotizando y rogando al mismo color del cielo, que por una vez, ni es rojizo ni tiene tridente.

Y soplan vientos revueltos, tanto que aparecen nubarrones, y nos amenazan con lluvia y nevada. Y bendecimos su llegada por aquello de otro dicho popular, que de años de nieves y de bienes, olvidando que el bisiesto también lleva mal augurio. Y de olvidar, olvidamos mucho.

Y nos lo recordarán. Y también por activa y por pasiva. Y más a activos que a pasivos. Y si no, tiempo al famoso tiempo. Y no al atmosférico, precisamente. Las reformas llegan. Y de alta velocidad. Ni ganso ni oca, ni pato que se le parezca. Y suerte tenemos –de momento- de vivir en España. Podría ser peor, sin duda. Grecia, Portugal y algunos más, dirán lo mismo.

Y hacerse el sueco ya no es buena consejera. O al menos, así lo dice su primer ministro. Ni sesenta y cinco, ni setenta. Si hay que ir, se va, parece decir el político de marras. Setenta y cinco años para acceder a la jubilación. De un plumazo, Suecia se queda sin pensionistas, sin viudas y sin nadie a quien subsidiar. Y es que, como en la mili, valor se le supone. Con estas medidas ¿quién se atreve a emigrar a Suecia?. Así, será fácil crear empleo.

Y que no cunda el ejemplo. Que de esta regresamos a los años cuarenta, treinta y veinte si cabe. Y volvemos a levantar país, naciones y demás territorios. Y volvemos a cultivar campos, a aprovechar los recursos, a limitar gastos y a emprender autonomías propias.

Y que cunda el ejemplo. Que la tierra para quien la trabaje, de sol a sol y mirando la luna. Y las yeguas y los carros darán relevo a los tractores, a los turismos y a todo lujo superficial. Y el señorito, el político actual, seguirá siendo burgués. Y el obrero actual, parado y en busca de trabajo, seguirá siendo el obrero de siempre, explotado y acallado. Y dará gracias, por aquello de no incomodar, sumiso a la autoridad y al señorío. Y es que la realidad es ésta, y no otra.

Nunca debíamos haber escapado de la realidad. Nuestras ansias de superación, de envidia sana o no tal, han sido causantes de tanta crisis y de tanta maldición bancaria. Y debemos purgar por ello. Y purgaremos por ello.

Y tal vez, algún día, algún sueco espabilado, algún alemán pudiente, algún francés adinerado, aterrice por nuestros lares, invierta, disfrute y relance nuestra isla, nuestra economía. Y nos saque del purgatorio.

Nuestro destino ya no es nuestro. Ahora, los viernes es de Madrid. Los restantes días, de más lejos todavía.

La realidad, sigue siendo nuestra. Nadie cotiza ni invierte en nosotros. Mallorca sigue estando antes, entre y después. Y Madrid. Y Europa.



PUBLICADO EL 13 FEBRERO 2012, EN EL DIARIO MENORCA.

FRENTE DE JUVENTUDES

En el último número en que me asomé a vuestro espacio me despedía con el propósito de tomarme un tiempo sabático. No ha sido así. O al menos, el periodo ha sido mínimo. Paco Orfila, a quien conozco desde hace más de un cuarto de siglo, ha sido esta vez el culpable. Una llamada suya me invitaba a volver al Boletín con las mismas condiciones anteriores –las que en su día me ofreció el siempre amigo Rafa Ayala-, a saber: mismo sueldo, paga de beneficios y vacaciones anuales pagadas. ¿Quién podía resistirse a tales proposiciones?

Eso sí, le condicioné que visto lo visto, las vacaciones no fueran en crucero, porque a lo mejor, aquel descanso sabático podría verse ampliado por los siglos de los siglos….

Y por si fuera poco, en la conversación me dio –sin él saberlo- el título del presente escrito. También es verdad que podría haber aprovechado una guía para cada mes, a saber, mes de febrero para la retórica de los amorados y enamorados, pero eso era ya demasiado repetitivo. Otros meses para el carnaval, Semana Santa, vacaciones, pero …, ¿por qué dedicar un mes y no todo el año al amoramiento-enamoramiento, al carnaval, a las vacaciones, al recuerdo de nuestros antepasados…,?. Y la culpa, pues el consumo. O la crisis. O ambas. O ninguna.

En cambio, el de Frente de Juventudes me gustó. Y no por rememorar viejos tiempos, porque siempre me he posicionado contra el poder establecido, sino simplemente por el término afable que lleva intrínseco al referirse a personas ya adultas y que gozan del merecido relax. Hipotético relax. Porque seguro que cuando no son los nietos, son los hijos, cuando no las excursiones, los cursos, y un largo etcétera que os tienen ocupados por - a la postre- no tener ni obligaciones ni ocupaciones.

Frente y juventud. ¿Qué términos podríamos usar para decantarnos de cualquier posicionamiento histórico o político y a su vez, utilizar este vocablo?. Sinceramente creo que del “frente” me quedaría con el de “semblante” . Y para la juventud, qué mejor definición que el de “energía, vigor, frescura”. Ambos, el semblante fresco, semblante lleno de energía, encuadrarían bastante en esta definición. Más que definición, realidad misma. Lo que sois, lo que profesáis.

Vuestro centro es un centro vivo. Vuestro boletín…. un espacio vivo. Vosotros, ya por sólo el hecho de mover cuerpo y trasladaros hasta este espacio físico, o simplemente por hojear estas páginas, ya estáis dando un semblante de vida, de tenacidad, de que todo lo que acontece os interesa y os motiva.

Aplaudiréis o reprobaréis, criticaréis, rectificaréis o incluso aprobaréis decisiones y comentarios, participaréis y diréis la vuestra, o simplemente callaréis como estrategia aprendida durante años de aprendizaje en esta vida en que uno nunca termina de aprender.
Y participaréis. Como activos o como espectadores, como miembros de la junta, o como votantes, pero vuestra voz, tanto activa como delegada, será vuestra representación, vuestra opinión, vuestra necesidad de comunicaros, de vuestra experiencia, y sobre todo, de vuestra sabiduría.

Y todo ello porque seréis también un Frente común cuando los intereses colectivos puedan más que los individuales, porque eso también os lo habrá enseñado esta Universidad de la vida, llámesela ésta Colársega, Trebeluger, o de más adentro. Y además, un frente joven, dinámico, con ilusión y sin necesidades de aparentar…

Y eso ya es mucho.


PUBLICADO en el número del mes de FEBRERO de 2012, en EL BULLETÍ DEL CENTRE DE PERSONES MAJORS. Area de Acció Social. Consell Insular de Menorca

NO CULPABLE

El veredicto no entusiasmó ni a unos, ni defraudó a otros. Fue un veredicto un tanto esperado, o al menos deseado. Es más, muchos creen que el veredicto no hizo más que aprobar lo que todos ven como normal. Y lo normal es la gratificación, el regalo, la dádiva, que no por ello, soborno o cohecho. O sí. ¿Pero acaso pretenden hacernos creer unos que alguien, hoy en día, se venderá por un par o más de trajes?. ¿Serán también cuerpos de delito los lotes navideños que muchas corporaciones reciben, recibieron y recibirán en Navidades?. ¿O las de unas inocentes anchoas?

La absolución se dio por la mínima. Cinco votos a favor de la no culpabilidad y cuatro a favor de su condena. Mayoría absoluta, pero mínima. Como minoría hubiera sido si el resultado hubiera sido inverso. Necesitaban siete jurados para condenarlos y sólo cinco para absolverlos. Y eso que el número de jurados sumaban nueve. Y es que la justicia es así de extraña. Ni con mayoría de seis lo hubieran condenado. ¿Acaso un resultado fifty-fifty significaría mitad inocente, mitad culpable?

Y el pueblo sentenció. Ya lo había dejado sentenciado con la reválida de las urnas. Y lo volvió hacer bajo toga y en otra urna, también secreta, con fácil recuento y con más –tiempo de- reflexión.

No culpable no significa inocente. Y eso lo sabemos todos, o deberíamos saberlo, al menos en el entarimado judicial.

No culpable es un término un tanto ambiguo. Al enjuiciado no se le puede condenar porque no se ha podido demostrar su culpabilidad, pero tampoco se ha constatado su inocencia. Aunque como el valor, la inocencia se le supone hasta que se demuestre lo contrario. Es el caso de Michael Jackson que fue declarado “No culpable” por los casos de pederastia de los que era enjuiciado, y de los que no se pudo demostrar la autoría de los mismos. ¿Acaso convenció a los demás mortales de su inocencia?. Sin duda, lo que tuvo valor fue el no convencimiento de su culpabilidad por parte de la acusación.

Y quien acusa, tiene que probar, convencer y vencer. Francisco Camps tal vez no convenciera, pero la acusación no logró probar, y sin duda Paco Camps venció. Poco importará si convenció o no. Al menos creó la duda ante el jurado. O la crearon los otros por no lograr su condena. O simplemente porque el pueblo no es unísono. No lo es ni en las urnas ni en la alcoba, ¿por qué tenía que serlo en el estrado?.

Y en el estrado, habrá muchos otros que estarán a la espera. Otros y también tanto o más famosos. Y no por unos trajes, no. Matas es y será uno de ellos. ¿Tendrá un veredicto inocente, o se conformará con ser no culpable? ¿O se impondrán las tesis de ilícitos administrativos antes que penales? ¿Y Urdangarín ? ¿Qué ocurrirá con Blanco y el primo de Zumosol? ¿Qué ocurriría si se investigara en las negociaciones con la banda criminal? ¿O el 11-M? ¿ O el 23-F? ¿Garzón? ¿Serán no culpables o inocentes? ¿Habrá defectos de formas que anularán, aplazarán o reiniciarán expedientes?

Pero la justicia a veces prefiere ser ambigua. Necesita serlo. Ante la duda, la más segura, diría el refrán, por decir algo. Ante la duda, el presunto culpable se libra de condena y sale airoso del pulso judicial. Ante la duda, sentencia pro-reo.

Ahora, sólo falta esperar noticias y acontecimientos. Muchos, cientos tal vez, serán los famosos que aparecerán por la pequeña pantalla dando cuenta de sus historias y sus historietas. Muchos, cientos tal vez, serán los letrados que los asistirán y que en cierto modo subirán caché profesional. Muchos, miles tal vez, serán quienes esperarán resultados interesados ante cada caso. Muchos, cientos tal vez, serán quienes a mucho pesar de otros, saldrán airosos de una contienda tiempo orquestada. Muchos, serán los que mirarán de reojo, releerán sentencias, y mantendrán oídos en escucha por si aquel viento huracanado varía de posición.

A muchos, les faltará añadir otro término en su veredicto. No culpable, pero no inocente. Al menos, la justicia sería más entendible a los oídos de los mortales, o sea, a los contribuyentes que pagamos faustos, correveidiles y demás ornamentos de la política y …….., de los políticos.


PUBLICADO EL 2 FEBRERO 2012, EN EL DIARIO MENORCA.

DE USOS Y BUENAS COSTUMBRES

Nadie se sorprenderá si comento que las buenas costumbres, el buen uso, o la educación misma, se han perdido por algún camino de estos que nadie ha vuelto a pisar, o quien se los ha encontrado, ni lo has reconocido o peor aún, ni se ha molestado por su vuelta a la vida cotidiana.

La ausencia de estas buenas costumbres, aunque relativamente reciente, no es de ahora, ni tampoco ocurrió de forma repentina, no. Lo cierto pero, es que el arraigo de la nueva costumbre ya se ha vuelto normalidad. Tan normal que ya afecta a más de una generación. A la una, por el pasotismo-vagancia en cuanto al trato con el cliente y a la facilidad con que algunos obtienen puestos de trabajo o las pocas ganas de conservarlos. La otra, por la cultura de prepotencia inherente en algunos genes o en los hábitos de fácil adquisición de los que algunos hacen gala.

Pero ambos, poco o nada hubieran subsistido si un tercer elemento no hubiera favorecido la permanencia de éstos en el estamento societal, y a la postre, en nuestras relaciones cotidianas. La desaparición de los negocios familiares, o la dirección de éstas bajo terceras o más generaciones, ha propiciado que el trato para con el cliente sea cada vez más frío e impersonal.

El famoso “vuelva usted mañana” utilizado como crítica al funcionariado de hace décadas, habrá sido sustituido por el típico “si no lo encuentra, es que no lo tenemos” de reciente adquisición en los comercios actuales, lo que simplifica enormemente la labor del dependiente y éstos quedan relegados a un simple papel de cajeros-cobradores, representando a su vez a la política de la empresa, la cual tiene las miras puestas en el factor venta en vez que al de servicio.

En cambio, los hay activos. Demasiados activos. Serán los que mediante engaño, acoso dialéctico, y demás argucias intentan vender productos llámeseles bancarios, comerciales o de carro de la compra. El abanico de estos funestos profesionales –por llamarlos de alguna forma- es amplio. Es la generación que se cree superior intelectualmente hablando, y sólo lo alcanza cuando su presa sucumbe ante su oratoria. Y no digamos cuando en el escenario entre en juego el factor político.

En ambos casos, la facilidad con el se ha llenado el mercado laboral, la falta de formación que en su momento propició la apertura de dicho mercado, la falta de escrúpulos y responsabilidad de los gestores y administradores, ha propiciado que una cierta anarquía, prepotencia e irrespetuosidad se infiltre en el sector servicios, que de no atajarlo a tiempo, se convertirá en un virus de difícil erradicación.

La cantidad prevalece a la calidad. La ley de la oferta y la demanda parece ser la motivación para que un negocio funcione, aunque para ello se tengan que sacrificar empleos. ¿Se tiene en cuenta en una reducción de plantilla la valía de cada trabajador o simplemente el coste que representa?. Y así nos va.

Y en todos los ámbitos. Por Navidades me regalaron el último libro de Pilar Urbano “El precio del trono” editado por Planeta. A las pocas páginas leídas detecté un error garrafal. Inocente uno, escribió un e-mail a la editorial dicha, para hacerles partícipes del hallazgo para su rectificación en próximas ediciones. Ni agradecieron ni contestaron. En las siguientes páginas, otros fallos tipográficos aparecieron ante mis ojos. ¿Por qué molestarme en escribir ante una máquina, para que otra máquina enmudezca comentario alguno?

También en Navidades encargué otro libro en una librería de por casa. Tras el adelanto de una paga y señal, aquel libro tras un mes de espera aún no responde a señal alguna. Inocente también de mi, fui a interesarme por el retraso, eso si, con cara y pose sumisa. La respuesta me dejó claro que, las buenas costumbres en casa y para los tuyos.


PUBLICADO EL 25 ENERO 2012, EN EL DIARIO MENORCA.

UN SANT JORDI EN MAHON





La historia se escribe de muchas formas, sí, pero tengo que confesar que cada vez soy más escéptico con la historia, con las verdades, con las mentiras y cuantas versiones de éstas sean divulgadas o se dejen escritas. Y si ya es difícil discernir la verdad vivida por uno mismo, cuán difícil será el conocimiento de las de otros, o más aún con la histórica, cuando los hechos fueron escritos por una de las partes, o exagerada por ambas.

Estos días al menos, la mayoría de los políticos españoles coinciden en alabar la figura de Manuel Fraga Iribarne. Tal vez, por lo difícil que es encontrar a una persona íntegra entre ellos. Tal vez, por lo difícil que es encontrar a un hombre de Estado antes que a un hombre de partido. Y es que el molde es de antaño, de cuando no había impresoras ni fotocopiadoras, ni se conocía el “copiar y pegar” que tantos universitarios actuales llevan y han llevado a la práctica. Toda España cabía en su cabeza, sí. Y no necesitaba ni móviles ni portátiles para que se lo recordaran en sus oratorias en el Congreso. Ni nadie que le escribiera sus discursos. ¿Por qué no aprendería Matas de él?

Pero no voy a hablar de don Manuel. Hoy voy a hablar de otras historias, historietas más bien. De un Sant Jordi….., y en Mahón. Ocurría en una mañana, cuando en la plaza de la Explanada un grupo de pensionistas había desembarcado en la estación de autobuses y se dirigían a dar una vuelta por la ciudad de Llevant. Allí, en el suelo mismo de la plaza, una tapa de registro llamó la atención a más de uno. ¿Dónde estaban? ¿En Mahón o en Es Castell? ¿O hacía tal vez referencia al Castillo de Mahón? ¿Era el cuartel de la Explanada aquel castillo que hacían referencia las antiguas murallas?. Allí no había GPS ni traductor lingüístico que ayudara a salir de aquella duda a los que poco a poco iban aglutinando grupo.

Y cada cual tenía su versión de los hechos, su tesina particular.. El estamento intelectual del grupo ya posicionó su versión. Aquella tapa registro era consecuencia de la mancomunidad del servicio de aguas, de las restricciones económicas de las administraciones, de la colaboración entre ellas, de….

Pero el estamento intelectual no estaba solo. Había más estamentos que componían el grupo. Entre ellos, los novelados en ciencias policiales y de intriga. Daban por hecho que aquello era un fenómeno puntual y por ello mismo, motivado por algo excepcional. Abrir el abanico de posibles motivos ya estaba en estudio. Se planteó como causa la sustracción de la misma desde el pueblo vecino y por algún motivo, su abandono en aquel lugar. Pero faltaba sino el móvil, al menos la presencia de la verdadera titular del registro. Y ésta tampoco se hallaba allí.

Descartado el supuesto anterior, apareció en escena otro estamento grupal. Lo suyo era discernir si la tapa que faltaba, la del Maó-Mahón, debía de encontrarse en el pueblo vecino de Es Castell, en otro de la supuesta mancomunidad o si ésta no se encontraba ni se había encontrado nunca en aquel lugar. Y no dejaban allí la incógnita, no. Presupuestaban la posibilidad de que otro grupo, como si de en otra dimensión se tratara, pudieran estar ahora, antes o después, reunidos en tropel o al más solitario estilo, discutiendo o analizando el hallazgo de la otra tapa, en otro registro, en otra demarcación.

Lo cierto es que allí estaba Sant Jordi a caballo y con el dragón en los suelos. Y Es Castell. Y el agua. Y el escudo barrado. Hubo también quien queriendo quitar leña al asunto buscaba diferentes escudos en las tapas vecinas, por si pudiera tratarse de algún homenaje del pueblo de Mahón a sus municipios vecinos. Pero no, la tapa registro estaba rodeada por tapas mahonesas por doquier y por un grupo de visitantes a su alrededor. También se tantearon que no fuera Sant Jordi y si que lo fuera Sant Jaume, a la postre patrón del pueblo. Pero el dragón sobraba.

Las cámaras de la televisión no se hicieron esperar. Una unidad móvil pronto aparcó en las inmediaciones. Trípode y cámara empezaron a tomar posiciones como si “els tres tocs” tuvieran lugar sobre aquel mismo registro. No fue el caso, pero casi. Las cámaras buscaban la noticia del turismo de invierno y aquel estamento grupal era su objetivo. Y ante un objetivo y con un micrófono en mano, no hay quien pueda permanecer inaccesible. Edad, lugar de origen, de estancia y de los lunares eran desenmascarados a los potenciales televidentes. Todos, por unos instantes, se olvidaron de aquel Sant Jordi y de aquella misteriosa aparición de aquella tapa de registro.

Mientras las cámaras registraban y entrevistaban a aquel turismo patrio, otros turistas pisoteaban la misma y ninguno reparó en ella. Ni turistas ni los propios convecinos de la ciudad. Ni mancomunidades, ni sustracciones ni dominios. La mayoría era ajena a aquella jugarreta del destino, de aquel descuido, de aquel error humano sin duda. Un error si acaso, sin consecuencia alguna, sin beneficio y sobre todo, sin perjuicio.

Un tema de comentario, sin duda. Un tema para llevarse a la memoria dentro de unos años. Un tema para registrar en formato jpg, en Word, y poco más. Un tema para una yincana.


¿Dónde estará la tapa con el escudo de Mahón?

PUBLICADO EL 20 ENERO 2012, EN EL DIARIO MENORCA.