EN AUTOBÚS

La noticia de la recuperación de la línea exprés Maó-Ciutadella por parte del Consell,  es una buena noticia.  Es como si para los usuarios, el AVE menorquín volviera a estar circulando por las carreteras.   Nos conformamos con poco.  Ni puentes que nos unan con el resto de islas ni mucho menos con el continente.  Ni tarifas planas ni amplitud de destinos. 

Tal vez por eso mismo, por recuperar un beneficio que se había esfumado con la sangría de los recortes, es en sí una buena noticia.  Unos dirán que gracias a la recuperación económica tras las políticas adecuadas, otros, simplemente por priorizar políticas diferentes.  Tanto da.  El final es lo que importa. Y ahí está.

Y la noticia me ha refrescado el último viaje que realicé en Menorca en  autobús.  Hace de ello algunos pocos meses.  Debo confesar que en pocas ocasiones suelo usar el autobús. Al aeropuerto, a lo sumo. Y eso si uno va sólo, que si va muy acompañado suele salir más rentable ir en taxi.

El viaje al que me refería fue desde Mercadal a Maó.  Medio día y con poco usuario.  Una docena y poco más.  Perfecto para que la mente pueda abstraerse y viajar por si sola.  Y con las orejas bien afinadas.  Atrás dejo la sensación de enjaulado  en la que te transportan al aeropuerto en Palma.   Eran fechas en que el señor Arturo Mas provocaba estar en las portadas de los noticiarios.  Y las orejas pusieron objetivo en el punto de mira.

La chica en cuestión, hablaba por teléfono.  Su acento denotaba que ya hacía años que vivía en España y mezclaba el portugués con el  catalán y como no, con el castellano. 

Se quejaba a su interlocutor del trato tenido en sus años en Barcelona.  Se quejaba de la imposición  del idioma catalán y de lo poco que le servía para el resto de España.  Mezclaba como no,  “ous amb caragols”.

Su examen para la ciudadanía debía estar ausente aún de su objetivo.  Se refería a Cataluña como a una colonia española y además, calificaba a su gente como de muy suyos y algo racistas.  O mucho. Dependía del momento de la conversación.  Y sobre todo, terminaba su argumento con una sentencia condenatoria: culpaba de todo a Franco, y peor aún,  identificaba a Franco con la moneda francesa. 

Me quedé dubitativo.  El autobús seguía su camino y aquel episodio histórico-narrativo seguía su curso.  ¿Quién  sería al final el culpable, Franco o el franco? 


Me planteé seriamente viajar en autobús, para así  ilustrarme en nuevos episodios inéditos de nuestra historia.  Historia ficción, claro está.

PUBLICADO EL 3 DE MARZO DE 2016, EN EL DIARIO MENORCA.