Si algo no se le puede
reprochar a este Gobierno
Iglesias-Sánchez es el de estar parado.
Ni callado, por supuesto. La
maquinaria de aniquilar el estado democrático tal como lo conocíamos hasta
ahora ha dado un pasito más. Un “pasito
pa’lante” como diría la canción.
El ministro de Justicia del gobierno social-comunista ya ha avanzado el
borrador del anteproyecto de ley de reforma de la Ley de Enjuiciamiento
Criminal. Vamos, un anteproyecto que muy
por seguro con la ayuda de sus socios independentistas y de peores calificativos, saldrá adelante.
La actual Lecrim, vigente desde 1882 y con pocas modificaciones hasta el
momento, y que ha resistido a los diferentes regímenes, revoluciones y crisis
de toda clase que se han dado en España desde el siglo XIX en que se aprobó, no puede resistirse
ahora al gobierno de Sánchez-Iglesias.
Y aunque es verdad que una de las principales novedades que recoge el
anteproyecto, la de que sean los fiscales quienes instruyan y dirijan las
investigaciones, hace ya décadas que se planteaba entre los gobiernos de turno,
no puede venir en peor momento. Un momento en el que se tambalea la independencia
de uno de los poderes del Estado, el Judicial.
Y más cuando ya nos lo recordó públicamente en su momento el
copresidente Sánchez de que la fiscalía dependía y era mandada por el Gobierno.
Y no satisfechos con ello, se limita el ejercicio de la acusación
popular. Vamos, que ni Vox ni sindicatos
como Manos Limpias podrán llevar ante la justicia a los socios del presidente
Sánchez. Ni al mismísimo gobierno de
turno. Vamos que la única independencia
que quedará, será la de los catalanes.
Si en pocos meses España ha reescrito su historia a imagen y semejanza de
quienes dictan las normas, si en España
se varía de parecer tras cada aparición
pública del ministro o del experto de
turno –e incluso al unísono con el mismo-, si en España somos capaces incluso
de renegar de la realidad de lo más palpable, no debería extrañarnos que en un
futuro no lejano nos adoctrinen como siguen haciendo los gobiernos dictatoriales
afines a nuestros gobernantes profesionales.
Al menos, en eso deberemos agradecer a Pablo Iglesias que tenga sus ojos,
su corazón y lo demás, puestos más en
Venezuela e Irán, que en Corea del Norte.
Vamos, que siempre puede
haber un “podría haber sido peor”.
Habrá que
estar atentos al cambio de look de
Iglesias. Cuando la coleta o el moño se cambien
a un corte estilo Kim Jong-un, empiecen a renovar el pasaporte.
PUBLICADO EL 26 DE NOVIEMBRE DE 2020, EN EL DIARIO MENORCA.