Hay regalos que te dejan huella en la memoria. La mía hace ya tiempo que está colapsada y
sufre un deterioro prematuro que me hace vivir más feliz. Me he olvidado de muchos capítulos de mi vida
y de otros sólo retengo la esencia, aunque no los detalles. Vamos, que me
acuerdo si algún tipejo me cae mal, aunque desconozca los motivos de ello. No necesito más.
Otros recuerdos no se han deteriorado y se mantienen
vivitos y coleando. Es el caso de mi
primer escrito en Es Diari. De ello hace ya veintisiete años y fue un
día como hoy, festividad de los Reyes Magos.
Hubo sin duda un antes y un después. Un motivo y una supervivencia. Son pocos quienes conocen los motivos de esta
salida a escena. Y -menos aún- del mantenimiento sobre el escenario.
Sin duda fue -en lo personal y profesional- un
momento duro. Muy duro. Fue una época en la que viví ilegalidades,
represalias, traiciones, mentiras… Y una
de dos: o me derrumbaba o renacía de mis cenizas. Y renací.
Renací gracias a que Es Diari me publicó en
forma de articulo y a toda página, el escrito que había mandado titulado “De
pie o de rodillas”. Vaya si renací. Más bien, fueron las circunstancias y el
espíritu de supervivencia quienes me obligaron a renacer. Dejé atrás proyectos que ya no servían y me dejé
llevar. Vaya si me dejé llevar.
El cambio de chip hizo lo demás. El tren pasó y me subí a él. Y mi vida cambió gracias a una injusticia, sí,
pero cambió para mejor. Otros proyectos
y otras ilusiones rellenaron el vacío. También don Leandro, don Federico y Mô, tuvieron
su parte en ello. Y su historia. Breve, pero intensa.
A quince días justos de colgar los hábitos -vamos,
de jubilarme- algunos me han preguntado si también dejaría de escribir en Es
Diari. ¿Cómo voy a dejar de escribir si se lo debo todo? Es Diari ha
sido mi terapia, mi psicólogo, mi “pastillita” que me cambió de vida y la vida.
¿Cómo renunciar a una “medicina natural” que te ha dado lo que otros te
arrebataron?
Dicen que el tiempo pone a cada uno en su
lugar. Puede ser, pero no siempre. Soy de los que piensa que, si no se le ayuda,
el olvido, esta desmemoria a la que me refería al principio, borra el recuerdo
y mantiene la falsedad en la historia. El
boca a boca se deteriora y con el tiempo pierde la esencia que lo provocó.
Tal vez ahora, tras la jubilación, será un buen
momento de destapar pequeñas historias que han permanecido en pequeño comité y
censuradas por imperativo legal. O por
miedo a las represalias. Tiempo al
tiempo.
PUBLICADO EL 6 DE ENERO DE 2022, EN EL DIARIO MENORCA