ALLÀ VA, MÔ

Se suele decir que las fiestas patronales son momentos propicios para el reencuentro con antiguas amistades que con el tiempo pasaron a ser simples conocidos. La alegría, el alcohol y como no, las ganas y necesidades de fiesta,  propician que se den estos instantes de abrir las puertas de uno hacia afuera. 

Mahón acaba de vivir este momento tan esperado.  Esperado y necesitado. La fiesta ha invadido la calle, y ni las lluvias han podido apagar aquella llama interna deseosa de fiesta.  La identidad, el carácter y el buen hacer  del mahonés, curtida  y trabajada durante tantos siglos de historia, se ha dejado ver y transparentar durante la ya semana grande mahonesa.

Y digo bien semana grande porque las fiestas ya no empiezan ni con el pregón del día seis.  Empiezan  con las cenas de vecinos, con los recorridos históricos, con la reunión de la Junta de Caixers, la presentación de la revista de las fiestas,  del programa de fiestas, con las paellas, parrilladas  y demás actos populares que día a día van llenando nuestras plazas para disfrute de los propios y visitantes.

Y digo bien, visitantes, porque Mahón es un pueblo acogedor.  Un pueblo que por circunstancias históricas y por su magnífica conexión marítima  se ha abierto a otras culturas y ha adaptado lo mejor de ellas.  Y es acogedor porque se ha ido adaptando a los momentos actuales.  Tradición y modernidad, tan fácil y tan difícil a veces.  Tradición por el mantenimiento de la esencia de lo heredado, y modernidad por la adaptación de unos actos a criterios actuales.

La no discriminación para con los participantes en la colcada, ya no por imperativo constitucional, sino por el simple sentido común, es un reflejo de que la cultura mahonesa es abierta, sana y sobre todo actual.  Que la presidencia de la misma se ejerza por imperativo y representatividad de unas urnas, es sinónimo de popularidad, de democracia, de colectividad.  Que dicha presidencia la ejerza alguien que vive y trabaja en Menorca es simbiosis de vivir para y con el pueblo. Y si todo este carácter nos lo han provocado ideas venidas desde fuera, bien llegadas sean.

Y tanto nos da que se llame gin amb llimonada o pomada; como que se designe como Caixer Senyor o Caixer Batle a quien presida la colcada. Al final, lo que pretendemos es que nuestra fiesta sea nuestra, propia, y que de ella, la disfruten quienes quieran venir a disfrutarlas con nosotros.  Y tanto nos da ser los primeros o los últimos en celebrarlas. 

Y si nos da por celebrar la fiesta de Sant Joan con sus hogueras en su víspera, también las celebraremos y no por ello nos sentiremos ninguneados.  Y las celebraremos remontándonos a tiempos ancestrales, de origen pagano, por la llegada del solsticio de verano.   O por honrar a San Juan Bautista.  O por ambos motivos.

Y cantaremos “Es Mahón”, y en castellano, cuantas veces nos venga en gana y  “un senyor damunt un ruc” en menorquín, cuando nos plazca.  Y no por ello nos sentiremos copiados o espiados porque en algún otro rincón del planeta alguien cante “Es London” o “Es New York”.  Porque el mahonés ama la fiesta. La propia y la vecina.

Y tendremos pregón de fiestas como en tantas otras ciudades españolas sin que por ello nos sintamos copiones de otros.  Y tendremos “corregudes” y “darrer toc de fabiol”, porque nos gusta y así queremos que sea.  Porque eso sí, en las fiestas, somos soberanos.  Soberanos sin que reyes ni su corte nos impongan criterios de siglos pasados.  Vamos a la fiesta ataviados para la ocasión, pero sin menospreciar los adelantos del Twitter,  el WhatsApps y demás nuevas tecnologías, y no por ellos nos sentimos menos menorquines ni menos mahoneses.

Y no tenemos ningún perjuicio ni prejuicio en desearnos “sort i ventura!” porque esto es lo que realmente deseamos:  suerte, felicidad, ser afortunados.  Y nos lo deseamos a nosotros, y nuestros visitantes.  Porque somos y queremos ser acogedores y respetuosos.


Y todo ello, eso sí, sin pagar el coste de ningún copyright.  Ni cobrarlo, evidentemente.

PUBLICADO EL 10 SEPTIEMBRE 2013, EN EL DIARIO MENORCA.