LO PRIVADO Y LO PARTICULAR


No es nuevo. La propaganda institucional arremete contra todo lo público y ensalza los beneficios de lo privado, diría la noticia.  El harakiri tiene  sus objetivos bien definidos: desprenderse de la carga y  favorecer a un sector determinado.  Sus motivos, varios.  Algunos dispararán sus dardos hacia el amiguismo, presiones de lobbies, sobres bajo manteles o quién sabe qué. Lo cierto es que estas acciones  harán que la garantía  jurídica de lo público delegue en  la discrecionalidad de lo privado.

            De un poco más de una decena de miles de euros aportados en un plan de pensiones, más de tres mil se esfuman hacia la Hacienda de todos.  Es la letra pequeña que nadie intuye cuando, con ilusión y alentados por el mal presagio, uno empieza a preparar su jubilación. La solución, fácil: pasar de lo privado a lo particular.

            A la vieja usanza, dirán.  Un ahorro en casa y bajo baldosa.  Eso sí, constante y con baldosa sin poros ni movimientos. Sin desgravaciones sí, pero sin sorpresas. Sin subidas de tensión ni sueños esfumados.

            La crisis nos espabila.  Es la mejor bendición” diría Einstein.  Algunos nos muestran camino.  Otros, nos desvelan lagunas.  El IVA por ejemplo. Muchos somos los que creemos –creíamos-  que el IVA en su totalidad  iba a parar a las arcas del Estado, pero no siempre será así.  La ley permite un atajo, como el acuerdo entre fiscal y delincuente,  con rebaja de condena incluida. Y así se explica el “¿con o sin IVA?”

            Y ser autónomo –o empresario, o administrador único, etc-  es una ganga.  Sobre todo si uno además es asalariado.  ¡Y continúa siéndolo!  Darse uno de alta en el epígrafe correspondiente y declarar menos del salario mínimo, permite a un asalariado desgravar en la compra de cualquier bien mueble o inmueble que dedique a su hobby empresarial. Y sin necesidad de pagos a la SS.  Así de fácil, sencillo y sobre todo, legal.

            Y es que lo particular supera ya a lo privado.  Otra cosa que nos han enseñado los descollantes de nuestra economía, son las sociedades unipersonales.  Uno transforma los bienes muebles e inmuebles en una sociedad de la que él es su único administrador, y ya nada consta a su nombre.  Y además, uno ya puede pedir ayudas oficiales, subvenciones, becas y descuentos, porque en los registros no constará que tenga  donde caerse muerto.  Y todo ello, legal.

            Tan legal, que incluso miembros de la realeza tienen sociedades de este tipo.  Y no Cristina, precisamente.

            A partir de enero, uno se hace escritor.  Con epígrafe y todo.

PUBLICADO EL 21 DE NOVIEMBRE DE 2013 EN EL DIARIO MENORCA.