PABLO, EL ……

La semana pasada “Pedro, el empecinado” ocupó título y cuerpo en esta misma columna.  Hoy, por aquello de compartir santoral y destino en lo universal, le ha tocado el turno a Pablo.  Estaba tentado en titularlo “Pablo, el frustrado”, pero las alarmas se me han disparado.  Y por eso mismo, por miedo, he suprimido apodo o calificativo.  Lo he sustituido por unos puntos suspensivos y dejo al libre albedrio del lector, la propia conciencia del pecado.

Pecado, castigo, miedo. Miedo, sí.  Pablo y Podemos, -vaya por Dios, PP- me dan miedo. Y Pablo mucho más.  Sus formas me parecen alejadas a lo que entendemos por democráticas y más ahora cuando se habla de tomar la calle para conseguir sus objetivos.  ¿No sería más democrático hablar de ganar las urnas?

“La calle es mía” dijo Fraga en una ocasión.  Podemos, en más de una.  Y de cada vez, más.  Y Pablo se enfada.  Se enfada con los socialistas que no han sucumbido a sus intereses. Se enfada con los socialistas que han elegido primero España, y luego su regeneración.  Da la sensación que se enfada con todos quienes no piensen como él. Y eso también asusta.

Hoy el ideario es blanco, mañana verde y el próximo puede que sea amarillo, parecen ser las consignas. Un ideario a salto de mata, a toque de estadística o de vaivén de las agujas del reloj del laboratorio ¿podemista o podemita? Ni en eso hay acuerdo.

El frente popular de la izquierda que tanto aúpa en sus intervenciones, también da miedo. Por ser frente y por ser popular.  Y mucho más por la memoria histórica.  Que no todo se borra por decreto  ni quemando libros en las bibliotecas.

Atrás quedó la promesa del subsidio de seiscientos euros por cabeza si ganaba las elecciones. Las primeras, claro.  Que en las segundas, nada de nada.  Las circunstancias ya eran otras y el público ya estaba publicitado.  Como su señoría Bescansa, que en la segunda sesión ya encontró acomodo para su criatura.

Y eso es frustrante.  Si no para el líder, sí al menos para los sujetos pasivos, necesitados del guía espiritual y político  que les indique el camino a seguir en cada momento.  Por un momento me imagino un panal con su reina.  Y no quiero volver la mirada a la memoria histórica y a los líderes de aquellos años treinta.  Ni a los de Venezuela actuales. 


A estas alturas uno ya no acierta.  ¿Frustrado, frustrante o ambos? El destino es universal, limitado también. Limitante, más bien.  Tóxico, sería otro concepto a valorar, a tener en cuenta. Pero no, simplemente, asusta a algunos.

PUBLICADO EL 13 OCTUBRE 2016, EN EL DIARIO MENORCA.