No podemos negar que la picaresca
es algo intrínseco a los españoles. Y no
de ahora, sino de tiempos anteriores al Lazarillo de Tormes. Sí que es verdad, que ahora, con la falta –o
el cambio en la escala- de valores, la falta –o el cambio en la percepción- de
autoridad, y como no, con la percepción de que los derechos prevalecen sobre
las obligaciones, y que el victimismo gana juicios –“España nos roba”-, esta
picaresca cotiza en alza.
La semana pasada Es Diari daba noticia de que la Sala de
lo Social del Tribunal Superior de Baleares había ratificado el despido de un
camarero localizado en un concierto de Pablo Alborán tras haber presentado un
parte de baja médica. Y para más inri la
noticia aparecía en el Sorprende y no
sorprende. Y es verdad que
sorprende. No estamos acostumbrados a
que se tomen medidas contra estos abusos, descaros, timos, por no llamarlo de
otra manera.
Muy por seguro que a todos nos
vendrán en mente nombres de coincidentes en el trabajo –me resisto a llamarlos
compañeros- a quienes no dudaríamos en
compararlos con este camarero despedido.
Y no hablemos cuando esta actitud,
más que reincidente, es
reiterativa. Y presuntamente
programada. Vamos, como nacida tras una
charla de bodega.
Y la sociedad, ante estas
actitudes abusivas, actúa a destiempo, y
de una forma generalizada, provocando
aquel dicho, también tan español, de que “pagan justos por pecadores”. Ello ocurre cuando el ministerio del ramo,
generaliza, y los recortes aparecen en escena.
Limitación de bajas, inspección médica, reducción de salario… Cuando esto ocurre, el presunto defraudador
en bajas, se adapta al medio, mientras
que el trabajador normal, acarrea con las consecuencias y se verá penalizado
por el abuso de estos defraudadores.
La adaptación al medio es
relativamente fácil. No tiene problemas
en volver al curro dado que su dolencia es ficticia o cuando menos,
aumentada. Y es más, de querer mantener
el pulso, con poner cierto aire teatral
se consigue transformarla como una baja laboral o in itinere.
Y la solución, pues el control al
trabajador. El despido de este camarero
es prueba de que la sociedad tiene armas con las que combatir estos abusos. Invertir
en una plantilla de inspectores, ya no de bajas, sino de “trabajadores en
situación de incapacidad transitoria”, y a su vez, aprobar una legislación que
estipule qué actividades son incompatibles con una baja médica. Y actuar.
Seguro que alguien lo tildaría de
anticonstitucional. Y así nos va.
PUBLICADO EL 9 DE FEBRERO DE 2017, EN EL DIARIO MENORCA.
PUBLICADO EL 9 DE FEBRERO DE 2017, EN EL DIARIO MENORCA.