Decir
que Rajoy es igual a Zapatero, podría ser grave, incluso alcanzar el insulto
para algunos, pero sus tácticas siguen
el mismo patrón. Si bien, las
consecuencias derivadas de este mal uso del dicho de que “la mejor acción es la que no se hace” se encuentran en posiciones
bien diferenciadas. Mientras que
Zapatero con su inacción comprometió el futuro económico del país y acrecentó
la crisis española, la actitud de Rajoy se circunscribe al ámbito de su partido
y esta vez volverán a ser los españoles
quienes le pasen factura por ello.
Que
España es un país lleno de corruptos, no se puede negar. Que es un país lleno de vagos, también. De egoístas, de indecisos y de aprovechados,
otro también. Y eso lo sabemos todos,
aunque a algunos les cueste digerir en
público que muchas de estos tipos, son consecuencia de una inacción –por activa
o pasiva- de quienes están a los timones de las naves. Y digo naves, porque son muchas las que
surcan el mar, y a la deriva.
Rajoy
calculó mal las consecuencias de no cortar cabezas en su propio partido a su
debido tiempo. Es como un cáncer al que
se deja crecer. Luego, ya es tarde. Y tampoco calculó los daños colaterales. El paciente, sufre. Y la familia también. Si recae sobre parte de los dirigentes del
Partido Popular la sospecha de haber permitido la corrupción en su partido, y
no actuaron o no los dejaron actuar en consecuencia, habría que haberlos
depurado. Y como no, también debería de
haber censurado los comportamientos prepotentes de algunos de sus dirigentes.
Rajoy
se podrá escudar de que una cosa es el Gobierno y otra el partido. Y tendrá razón, en parte. En el nombre, en el término, pero nada
más. Los unos provienen de los
otros. Y los otros no son nadie, sin los
unos.
Y
las consecuencias de esta inacción comprometen a día de hoy el futuro del
país. Y ahora más que nunca, cuando el
partido de la oposición, está a las puertas de decidir su futuro y el nuestro. No será lo mismo votar a Susana Díaz que a
Pedro Sánchez. Ni a Patxi López.
Aquella
propuesta de alianza de la que tanto se habló en su momento de
PP-PSOE-Ciudadanos, y que en cierta manera venía funcionando hasta ahora -y no
desagradaba a una parte de la población-, se
habrá dejado perder por no haber querido-sabido tomar las riendas contra
la corrupción, tanto interna como externa.
Tal
vez, es que aquella gran coalición de la que se nos repetía hasta en la sopa,
sólo fuere una necesidad de investidura, y no un verdadero deseo político.
PUBLICADO EL 18 MAYO 2017, EN EL DIARIO MENORCA.