Que todos son de su
condición. Así dice el refrán. Y así lo
comprobamos continuamente. Lo último,
las declaraciones de los independentistas catalanes que ya empiezan su campaña
para el 21D. Dicen que temen un
pucherazo. Y uno piensa, cómo se debe hacer un pucherazo si hay apoderados de
todos los partidos en cada uno de las mesas electorales, si los miembros de la
mesa son elegidos por sorteo, si las listas de electores están circunscritas a
cada distrito….
Uno ya cree que estos
mal llamados demócratas catalanes, tienen un lío mental en cuanto a historia se
refiere. Y es normal que así ocurra con
sólo echar un vistazo a sus libros de texto. Si desde pequeños les enseñan –y
los más listos aprenden- que ellos son
el centro del Universo, difícilmente cambiarán de posicionamiento cuando se
vuelvan mayores.
Tampoco hay que negar
las evidencias. Y es que en España hemos
tenido dos ejemplos claros de pucherazo en democracia. Uno llegó a consumarse y el otro quedó en
tentativa. El primero, lo dieron los populistas del 36, cuando el Frente
Popular “ganó” las elecciones con unos cincuenta escaños más de los que
obtuvieron realmente y nos llevó a la
guerra civil. En el segundo de los
casos, la tentativa la vimos en directo el pasado primero de octubre, cuando algunas
de las urnas opacas se abrieron por el
camino hacia las mesas y de ellas salieron centenares de votos
afirmativos.
También vimos este
mismo primero de octubre, gente que emitió su voto en varios colegios, niños
que también votaban, urnas en la calle y gente sin control alguno que
introducían sobres en ellas. Recuento
efectuado por voluntarios sin garantía alguna de imparcialidad con dicho
recuento. Vamos, que democracia tal como dicta la RAE, nada de nada.
Y si los catalanes lo
que quieren es seguir los dictados del dictador Franco –muchas semejanzas
parecen tener algunos con el dictador-
tengan en cuenta que incluso en el referéndum de noviembre del sesenta y
seis, se tuvieron que falsear los datos y rebajar del noventa y ocho por ciento
de votos afirmativos al noventa y cinco, para disimular el pucherazo, y también
rebajar el número de electores, porque de lo contrario también hubieran votado
más gente que la que estaba censada. Vamos, como el 1-O, pero cincuenta años
antes, y siendo oficialmente y sin tapujos, una dictadura.
No hay más ciego que el
que no quiere ver, dice el refrán. Y uno ya duda si es que algunos no quieren
ver, o es que estos “craks” piensan que el resto somos tontos.
PUBLICADO EL 7 DE DICIEMBRE DE 2017, EN EL DIARIO MENORCA.