SEAMOS FRANCOS


Esta vez he empezado la casa por el tejado.  Normalmente escribo el artículo y el trabajo consiste luego en ir en búsqueda del título.  Esta semana ha sido diferente.  Me inspiré en el título y me faltaba el relleno.

Me gusta ser franco, la verdad.  En minúsculas, claro.  La hipocresía me revienta.  La falsedad, más aún.  En cambio, la fina provocación  y la ironía, me apasionan.  Vamos, que son como una vía de escape en la convivencia diaria con tanto malparido existente.

Cuando el título de hoy llamó a mi puerta, enseguida pensé que al salir de casa me encontraría a un par de milicianas de la Barceloneta dispuestas a darme el paseíllo, como solía ser costumbre en aquellas fuerzas libertarias.  Pero no.  Luego, las noticias me devolvieron la tranquilidad.  Los comunistas de hoy afeaban –al menos, públicamente-  al camarada presidente de que quisiera penalizar al franquismo.

¿Qué tenía que ver el franquismo con “ser francos”? Pues, aparentemente nada.  Pero la ignorancia puede y mucho.  Sino, que se lo pregunten a la eurodiputada y fugada Ponsatí que va diciendo por ahí que Hitler se inspiró en los Reyes Católicos en su afán de exterminio a los judíos. 

Habría que recordarle a la fugada Ponsatí que cuando su “bona gent catalana” llegó a Menorca –mucho antes de los Reyes Católicos-  ellos sí  exterminaron a los moros aquí existentes.  ¿No sería que  Joseph Goebbels,  ministro de propaganda de Hitler, se inspirara en Muntaner y sus crónicas envenenadas, para llevar el holocausto al pueblo judío?  Y eso, por no preguntarle a la Ponsatí en quién se han inspirado los independentistas en sus campañas anti-españolistas. 

Lo cierto es que ya me estoy liando –más bien intento liar al lector-.  Vamos, que poco a poco me estoy dando cuenta que lo mío hubiera sido ser asesor gubernamental y no un simple machaca público.  Seguro que con mi asesoramiento –aquí mi modestia falla-, el camarada ministro Ábalos no hubiera tenido ningún  problema en desvincular su visita aeroportuaria nocturna con el presunto tráfico de oro del gobierno venezolano.  ¿Acaso, durante la tan cacareada Guerra Civil española,  no se llevaron los comunistas el oro del Banco de España y no pasó nada?

Si nos fijamos bien, el problema no reside en que  si los buenos son los franquistas o los comunistas. El problema siempre reside en los personalismos de quien quiere dirigir la acción. Vamos, de quien quiere subirse a los altares  sin haber comulgado antes.
 
Y los camaradas, de esto, saben demasiado.

Amén.


PUBLICADO EL 20 DE FEBRERO DE 2020, EN EL DIARIO MENORCA.