Dirían los viejos del lugar que atrás quedó la censura previa de la dictadura de Franco. Y los jóvenes añadirán que la democracia aporta mecanismos de control hacia el poder instituido. Y ambos tendrán razón, y sino que se lo pregunten a Jaime Far. Ahora sólo faltará que los medios públicos no mientan.
Pero la pandemia, la “nueva normalidad” y cuantos otros calificativos que queramos ponerle a estos últimos meses, nos ha enseñado que, si bien aún no hemos retrocedido a los tiempos de Franco, algunos tics ya se han adueñado de nuestros mandatarios. Vamos, que “si quieres conocer cómo es fulanito, dale un carguito”.
Cuando eran los ciudadanos que desconfiaban de la vacuna AstraZeneca, nos insistían que era segura y que de trombos, nada de nada. Cuando es el Gobierno quien dice que la AstraZeneca no es aconsejable para cierta franja de edad, van y expedientan a una doctora que en su día hizo pública sus inquietudes sobre la misma. ¿Alguien lo entiende? Y si antes lo que decía la EMA iba a misa, ahora resulta que España tiene criterio propio, y quien no esté de acuerdo, que firme el consentimiento informado. ¿Acaso ahora sí que es peligrosa? ¿Se hará cargo de las indemnizaciones por dicha causa?
Podríamos hablar también de Ceuta, Melilla y demás. Pero no. Resulta que el Gobierno de España autorizó la entrada con nombre falso del dirigente del Polisario, Brahim Ghali, y se armó la Marimorena. ¿Por qué no lo hicieron con la camarada Delcy Rodríguez y sus “taitantas” maletas?
Y es que lo de Marruecos tiene tela… Apoyamos a una dictadura porque, bajo precio –precio alto-, nos mantiene a raya la migración, los terroristas islámicos, y quien sabe que más cosas. Pero a la vez, y como somos solidarios, tratamos a escondidas a sus enemigos. Y como no queremos que se enfaden, pues eso, se lo escondemos. Pero señores del Gobierno, que en España no hay secretos…. ¡Que somos peores que las Marujas, Marujos, Marujes….!
Por cierto, ¿las devoluciones en caliente, ahora sí? ¿Instalarán de nuevo las concertinas?
Y no nos atrevamos a criticar al Gobierno, a opinar en contra de sus decisiones, porque nuestra liberad de opinión, de expresión, no es tal. No nos meterán en la cárcel, es cierto. Tampoco nos pondrán multa alguna, también es cierto. Pero de fascista, seguro que nadie se libra de que lo llamen, lo insulten, lo señalen. ¿Dónde está la libertad de expresión, señores del Gobierno?
¿Una libertad de expresión bajo vigilancia de unos comisarios políticos?
PUBLICADO EL 27 DE MAYO DE 2021, EN EL DIARIO MENORCA.