Pensar es gratis, de momento. ¡Y no está prohibido, todavía! Y si se dan
las dos premisas anteriores ¿por qué nos cuesta tanto cuestionar tanta
información que nos rodea? ¿Por qué no dedicamos unos poquitos momentos a
intentar entender el porqué de lo que ocurre?
No les pido que seamos unos analistas societales,
simplemente que analicemos la realidad que nos rodea y que en cierta manera se
nos impone.
¿Se han preguntado alguna vez porqué las viviendas,
comercios y demás instalaciones que tienen instaladas alarmas para detectar
intrusos deben de tener un letrerito en el exterior avisando de que existe una
alarma? ¿Acaso la ley protege a los “malos” antes que a los “buenos”?
Otro tema que seguro se han preguntado, es que antes
de entrar a un juicio se intente llegar a un acuerdo entre las partes a fin de
evitar el juicio y así disminuir las penas que se impondrían al presunto culpable. ¿Será para agilizar el ya lento
funcionamiento de la justicia o será para beneficiar al delincuente?
Y siguiendo con la justicia ¿por qué al inocente tiene
que irle “muy bien” para declararlo inocente y que, al culpable tenga
que irle “muy mal” para que le declaren culpable? Vamos, que al “malo”
con un poco bien que le salga el juicio, saldrá ganando.
Tirando de la ironía, uno llega al punto de
preguntarse de que si la simbología identifica al color rojo como de peligro y
prohibición (luz de semáforo, señales de tráfico, aspas, riesgos laborales,
etc.), al color verde a la libertad (luz de semáforo, flechas, etc.) y al color
amarillo de precaución (ámbar de semáforos, etc.) ¿Por qué a los comunistas y
socialistas les sigue gustando utilizar el calificativo de “rojos”? ¿No sería
ya el momento de pasarse, al menos, al ámbar?
Se habla mucho de la transparencia en la
administración pública y de los políticos.
Incluso se han inventado las declaraciones de bienes y derechos
patrimoniales de éstos. Entiendo que
este registro exista para la seguridad de que los políticos no se lucren
ilegalmente durante su mandato. Durante
y después, añadiría. En todo caso, es lo
que nos ocurre al resto de mortales con la mirada de Hacienda, aunque en otra
carpeta y otra lupa. Lo que no entiendo
es que se tengan que hacer públicas estas declaraciones. ¿Dónde está la
intimidad del camarada político? ¿Acaso no se puede crear una oficina que
revise y controle los mismos sin necesidad de hacerse públicos? ¿Será mejor
político quien no tenga patrimonio a su nombre? ¿O será al revés?
Piensa mal y acertarás.
PUBLICADO EL 3 DE FEBRERO DE 2022, EN EL DIARIO MENORCA