Carmen
Calvo en noviembre de 2018 defendió las mentiras dichas por Pedro Sánchez en el
mes de mayo anterior, argumentado que las había dicho en calidad de candidato a
la presidencia del Gobierno. En pocas
palabras venía a decir que a los candidatos les está permitido mentir. Le faltó añadir que, y a los presidentes,
cambiar de posición.
Otra
cuestión es la que hacen algunos miembros del Gobierno, incluido su presidente
Sánchez -reincidente y ya sancionado por ello por la JEC- de vulnerar el
principio de neutralidad que los poderes públicos están obligados a respetar
durante el proceso electoral. Y aunque
pocos han sido los medios de comunicación que se han hecho eco de ello, no por
ello deja de existir.
Y
de debates, muchos. El
presidente-candidato debatió con el candidato-presidente. Más que debatir lo llamaría un careo bronco y
enfadado por parte de uno de ellos.
Vamos que no llegó Pedro Sánchez a las manos porque estamos en una
democracia y los votos cuentan. Restan, más bien.
Si
bien es cierto que el resultado de un debate se debe a las preferencias de cada
uno -vamos, como los votos introducidos en la urna-, del debate del presidente
Sánchez con Feijóo, el presidente-candidato salió peor parado que el
candidato-presidente. No es de extrañar
pues, que en el post debate se intente ahora enmascarar el resultado de este
por parte de los afines a Pedro
Sánchez. Vamos, que lo que le faltó a Sánchez
lo intentan ahora suplir quienes ven sus subvenciones peligrar. Y a ellos mucho menos se les debe exigir que
digan la verdad, añadiría si se le preguntara ahora otra Carmen Calvo,
defendiendo la libertad de expresión y de opinión.
Y
eso es el ejercicio fundamental en una democracia: libertad de expresión de las
opiniones de cada uno. No en los medios
de comunicación, no en las encuestas, sino en papeletas y en urna cerrada.
Otra
cuestión, es la manipulación que algunos puedan ejercer sobre la opinión ajena. Pero eso es harina de otro costal. Ni la economía va como una moto, ni
Feijóo habló de pucherazo. ¿Pensaba
Sánchez con Melilla? Dependerá eso sí,
de la inteligencia de cada uno. Por eso
mismo el interés de los gobiernos por controlar la enseñanza, la cultura y la
historia de nuestros pueblos. Incluso la
lengua -y no tan solo de sus lameculos-.
Como
dijera Jiddu Krishnamurti: “No puedes salir y comprar la libertad en el
mercado. La libertad adviene con la inteligencia.”
La
ignorancia favorece al político. La
inteligencia a la ciudadanía.
PUBLICADO EL 20 DE JULIO DE 2023, EN EL DIARIO MENORCA.