¿PELIGRA LA NAVIDAD?

 

A la pregunta de si peligra la Navidad, es de suponer que la respuesta fuera que no, pero ¿a qué Navidad nos referimos? ¿A la mía, a la suya o a la del tercero segunda?

La Navidad en la actualidad representa vacaciones, lotería, paga extraordinaria, cenas de empresa, viajes en familia, Papá Noel y Reyes, cotillón, reencuentros familiares y como no, las discusiones con el cuñado de turno, cuentas bancarias en rojo, subida de los impuestos...

La cuestión no es si la Navidad perdurará, sino qué Navidad sobrevivirá. Durante siglos, ha sido uno de los pilares simbólicos de la cultura occidental. No solo como celebración religiosa del nacimiento de Cristo, sino como marco común occidental. Sin embargo, en las últimas décadas, esta festividad parece haber entrado en un proceso que plantea una pregunta incómoda: ¿estamos asistiendo al abandono de la Navidad como celebración religiosa y cultural compartida?

Un sector creciente de la sociedad defiende una Navidad “neutra”, desprovista de referencias religiosas, en favor de celebraciones centradas únicamente en el ocio, el consumo o símbolos genéricos como luces, árboles, mercadillos... Esta reinterpretación no es nueva, pero el desplazamiento consciente, no como evolución cultural, sino como sustitución, donde el ritual se mantiene, pero el sentido se evapora, se hace cada vez más patente.

A este fenómeno se suma la convivencia con otras culturas y religiones en sociedades cada vez más diversas. La pluralidad religiosa es una realidad incuestionable y no exenta de tensiones. En nombre de la inclusión, algunas instituciones optan por invisibilizar las referencias cristianas de la Navidad para no “excluir” o “incomodar” a otros colectivos, como las mismas felicitaciones navideñas con fórmulas ambiguas.

En lugar de fomentar el respeto mutuo entre tradiciones distintas, se opta por una neutralización que empobrece el espacio cultural común. Y el tradicional.  La diversidad no debería implicar la renuncia a la identidad propia, sino el reconocimiento de todas desde la claridad y el respeto. Cuando una cultura deja de expresarse para no incomodar, no se vuelve más tolerante, sino más frágil.

Este proceso plantea una cuestión de fondo: ¿puede sobrevivir una tradición cuando quienes la heredan renuncian a defenderla? La Navidad no desaparecerá porque existan otras celebraciones religiosas, sino porque una parte de la sociedad deje de considerarla como relato de convicción en lo propio.

Celebrar la Navidad no se trata de imponer la fe, sino de reconocer su raíz, su historia y de no renunciar a ella por complejo.

Bon Nadal.

PUBLICADO EL 26 DE DICIEMBRE DE 2025, EN EL DIARIO MENORCA.