Iniciamos
año y con él la actualización de los propósitos de enmienda. Este año toca practicar el respeto a los
demás, y más viviendo en una sociedad tan polarizada como es la
nuestra. No voy a intentar analizar el porqué de esta polarización porque
caería en la trampa de molestar a una parte de esta sociedad polarizada y no es
el propósito de este año. Aunque uno
siempre puede cambiar de opinión, amado líder dixit.
Iniciamos
año con más luces que el anterior, y no es que la electricidad se haya
abaratado ni que Abel Caballero haya montado la iluminación de nuestras calles,
sino que nuestros hogares, más bien nuestros vehículos, se han tenido que
proveer, y como dirían algunos, “por imperativo legal” de las nuevas y famosas balizas
V-16 conectadas a la DGT.
La
intención es buena, todo hay que decirlo.
Primar en la seguridad es algo que no debería cuestionarse, aunque no
todos piensen igual. Lo vemos con el
puente de Rafal Rubí en que la presunta estética pretende prevalecer sobre la
seguridad, pero mantengamos el respeto y no provoquemos reacciones adversas. Y
si con ello puede salvarse una vida, ya habrá valido la pena. En ambos casos:
baliza y puente, me refiero.
El tiempo
dará o quitará razón como suele ser habitual, dependiendo claro está de que las
estadísticas reflejen fielmente los datos obtenidos. Aun así, las dudas
planteadas por los usuarios detallan algunas carencias como serían la
efectividad real en jornada diurna, en un tramo de curvas y en zonas con baja o
nula cobertura, y ya no digamos si los vehículos usuarios de la vía no poseen
dispositivos y aplicaciones conectadas a la plataforma de la DGT 3.0. Seguramente eso será el regalo para reyes del
año venidero. Vayan preparando pues la billetera porque la agenda 2030 no se ha
paralizado.
Otra cosa
será que, en el momento de la necesidad de uso, éste funcione
adecuadamente. Las pilas o baterías se
descargarán y/o bien no estarán cargadas en el momento de necesitarla, o no
durarán el tiempo suficiente, y aun siendo responsabilidad clara del conductor,
el problema seguirá existiendo.
De momento
no creo en la conspiración, vamos que el chip de marras nos está siguiendo y
rastreando nuestra posición. La experiencia de las pulseras del Ministerio de
Igualdad ya demuestra que la fiabilidad no es su fuerte. Aun así, tampoco les
hace falta el dispositivo luminoso para ello, teniendo otros métodos más
efectivos. Nos lo demostraron cuando nos encerraron por el Covid-19 y nos
conectaron el GPS de los móviles.
Ya saben,
cárguense de luces, no se queden cortos, que a alguno buena falta le hace.
Bon any.
PUBLICADO EL 2 DE ENERO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.