Han tenido
que pasar catorce meses para descubrir que Feijóo nos mintió al defender la
gestión de Mazón en la crisis de la Dana.
Y no fue motu proprio sino por miedo a la juez de Catarrroja. Su “confusión” debió ser similar a los
“cambios de opinión” a los que ya estamos acostumbrados en la cosa pública
desde que Sánchez está al timón. Pero en eso será difícil ponernos de acuerdo.
La polarización y el fanatismo no ayudan en nada, más bien todo lo contrario.
Leo el
artículo de Joan Pons Moll “comportaments contradictoris” en respuesta a
la carta firmada por el coordinador de EUIB José Mª García “Homenaje a
Aurora Picornell...”. Me congratulo que a estas alturas aún haya personas
coherentes que aporten sentido común a hechos tan trágicos como los que
tuvieron que vivir nuestros padres y abuelos.
La historia
sigue siendo un campo de batalla. Hay muchas definiciones de ella. Y más aún
interpretaciones. Se decía que la
historia la escribían los ganadores. Con el tiempo hemos visto que no es del
todo cierto. Algunas las reescriben los perdedores. Otras, los inventores.
Si se
miente el presente ¿cómo se escribirá la historia? El relato cuenta más que los
hechos. Es más, a veces se
niegan los hechos. En España lo estamos
viendo continuamente. Parte de la izquierda apoya la dictadura. La derecha, la
combate. ¿Se intenta proteger al dictador o es la tapadera para que no afloren
los presuntos negocios con la dictadura de algunos turbios personajes afines al
Gobierno de España? ¿Se ataca a la dictadura para poder desacreditar a los
partidos y políticos que presuntamente se han lucrado con ella?
Lo más
triste es que para blanquear a Maduro se ataque incluso a los refugiados
venezolanos que viven en España. ¿Cómo se puede tildar de fascistas a quienes
tuvieron que huir de Venezuela para salvar sus vidas? ¿Dónde están los
defensores de los DDHH? ¿Alguien es capaz a estas alturas de defender que hay
dictaduras buenas y dictaduras malas?
Lorent
Saleh, premio Sájarov en 2017, vive ahora en España. Antes fue encarcelado y
torturado en La Tumba y en El Helicoide.
Ahora ha hecho público que Zapatero presionó a su madre para que no
denunciara al Gobierno de Maduro por su secuestro y detención ilegal y de las
torturas a las que era sometido. Saleh
no es sospechoso de ser un fascista. Su
familia es de origen palestino.
ZP y otros
políticos de esta izquierda populista -principalmente de Podemos- tendrán que
dar muchas explicaciones. Tendrían que darlas.
Estaría bien que las dieran. Mejor aún, que se las pidieran. Y de paso
que expliquen lo de las maletas de Delcy Rodríguez.
PUBLICADO EL 15 DE ENERO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.