ADIÓS, CEUTA. ADIÓS, MELILLA

En la lista de destinos que me gustaría visitar aparecen, entre otros, las ciudades de Ceuta y Melilla, aunque por ahora lo veo lejano.  Más que lejano, imposible.  La edad y el carácter me imponen la necesidad de no abandonar la zona de confort y, por si fuera poco, el contexto político tampoco invita precisamente a hacer la maleta.

Los lugares que visitar es algo personal, sin importancia, y fácilmente reemplazable.  La realidad es mucho más complicada.  El vivir en una isla de “segunda división” como es el caso de Menorca ayuda a desarrollar una sensibilidad especial para entender lo que significa depender de los caprichos de la geopolítica y de la brillante visión estratégica de nuestros gobernantes y que nos convierte, con una elegancia admirable, en moneda de cambio.

No envidio a los ciudadanos “de origen español” de Ceuta y Melilla. Deben vivir con la sensación de que su ciudad está en la prórroga de la historia, con el marcador en contra y con el árbitro comprado. La posibilidad de que dejen de ser españolas ya no es una hipótesis extravagante, sino algo que va cogiendo forma. Todo por esa costumbre tan nuestra de no hacer los deberes y de posicionarnos en el lado “equivocado” de la historia.

A finales de los años setenta, cuando Internet estaba, pero no se le esperaba, circulaba una estrofa que decía: “Guinea fue triste historia / desgracia Fernando Poo / equivocación dar Ifni / Sahara claudicación / el ceder Ceuta y Melilla / puede ser alta traición”. Pues el momento no parece alejarse.  Y Canarias apunta maneras.

Esta vez, ganará el relato, sin duda.  Son expertos en ello. A Carrero Blanco lo mataron por el proyecto Islero y por negarse a que los EE. UU. usaran las bases de Torrejón y Morón.  En la masacre del 11-M, tras recuperar España el islote de Perejil, los servicios secretos franceses tuvieron un protagonismo mayor del que se pueda suponer. ¿Qué nos tocaría ahora? Podemos estar tranquilos porque esta vez será más light. Ya no hacemos sombra. Ni imponemos ni importamos. Sólo somos la comparsa del cero a la izquierda. 

¿Creen que alguien va a ayudarnos a defender las ciudades de Ceuta y Melilla? ¿Tenemos alguna potencia amiga en política de defensa? ¿Somos autosuficientes?

Quien sí tiene potencias amigas en política de defensa es sin duda Marruecos. Y también tiene un potencial humano que hace años dejó atrás aquella Marcha Verde.  Esta vez Marruecos puede quedarse con Ceuta y Melilla con sólo cruzar la valla. ¿Quién osará detener tal avalancha? Los Acuerdos de Abraham ya contemplan el escenario.

Adiós, Ceuta. Adiós, Melilla. Os queremos.

PUBLICADO EL 7 DE  MAYO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.