Quede claro
que a mí no me encontrarán entre estos millones de españoles y asimilados que
van por la calle aupando la frase #YoConBegoña.
Y aunque de momento nadie se ha encontrado a estos millones gritando y
alabando “Begoña, Begoña” por las calles y plazas de su pueblo, ciudad, patria
o nación, o como quiera llamarle cada uno a su rinconcito, puede que a partir
de que el vocero mayor de la república bananera hiciera su aparición teatral
ante su señor amo, la maquinaria argumentaría del partido sanchista con sus 61
del ramo, lo hagan posible. Habrá que
esperar a los bulos, a los fangos, a las IAs, quien sabe…
Me imagino
la escena: Nos encierran de nuevo con
cualquier excusa. Nos citan a las ocho de la tarde en los balcones de cada
casa. Cacerola en mano y espantasuegras en la boca. En la otra mano, un mazo, cucharón o
cualquier cosa con que darle al artilugio de cocina. Y dale que te pego. Así intentaron cargarse la monarquía cuando
el llamado coletas estaba en el Gobierno.
Nos citaron para gritar contra la monarquía. A las ocho de la tarde de un mes de
marzo. Y el tiro, erró.
Apoyamos,
incrédulos a las fuerzas de seguridad. A los mismos que nos denunciaban si
íbamos a comprar los yogures de uno en uno.
A los mismos que aun teniendo que saber que era anticonstitucional la
norma, seguían las órdenes del triunvirato de aquella policía patriótica del
socialismo populista. La cordura llegó. Llegó cuando a la lista del balcón se añadió
a quienes de verdad trabajaron para salvar la vida de los demás: los
sanitarios.
Han pasado
varios días desde que el vocero mayor del sanchismo soltó la parrafada en la
tribuna. Han pasado varios días en que, perdida la votación, todos los suyos se
alegraron aplaudiendo puestos en pie. El psicoanálisis ya no es posible. Han
roto los esquemas y las pruebas clínicas. La IA ya no resuelve si no que, como
los GPS, les recalcula la dirección. El
problema con Sánchez es que hay origen, sí. Lo que no hay es destino. Ni el
Papa fue capaz de darle claridad a su mente.
Y lo que
realmente me preocupa no es el extasiado bochorno de la bancada socialista
perdiendo votación tras votación. Lo que
me preocupa es saber a quién se refería Patxi, el inacabado ingeniero
industrial por la universidad del País Vasco, cuando se juramentó, agitando los
brazos como aspas de molinos, llevándose una mano al corazón y golpeando el
estrado con el puño. ¿Será Begoña su madre? ¿Será Begoña su esposa? ¿O se
refería simplemente a “su” señora presidenta? Si es a esa última, sólo hace
falta mirar la cara de póker que tenía el marido de la presidenta.
PUBLICADO EL 2 DE JULIO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.