Ya hemos
vuelto a la normalidad pagana. Y nunca mejor dicho. Hacienda ya está entre
nosotros. Ni La Chiqui, la mujer con más poder de la democracia, procesionando
por tierras andaluzas nos librará de pasar por caja. Es más, es por ella que pasamos por caja. Hacienda ni olvida ni perdona. Y la Chiqui, menos aún.
Alguien
dirá que incluso el Padrenuestro se adaptó a la cosa mundana. A la consabida frase “perdona nuestras deudas,
así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” que aprendimos en nuestra
adolescencia y cuando no existía IRPF alguno, se la ha transformado en plena
democracia, ya con el IRPF de marras, con el consabido “perdona nuestras
ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Está
claro que las ofensas y las deudas son cosa de la traducción. O no.
La interpretación será cuestión de rango. Y el litigio, perdido.
Otro
alguien añadiría la pregunta que muchos nos hacemos: ¿Dónde van nuestros
impuestos si no hay presupuestos en vigor? Y si están prorrogados ¿no
deberíamos pagar lo mismo que en años anteriores? Lo que está claro es que el
dinero está. Está y se le espera. Y por lo visto, sobran. Si de cada vez se
recauda más y se invierte menos, las cuentas son a favor. A los favores, claro.
Y juegan
con nosotros. Como a la Oca. De casilla en casilla, hasta que caemos en
las 105 y 106. Por un momento nos hacen creer que nosotros decidimos. O con la
Iglesia hemos topado o con Otros fines sociales. O en ambos. O en ninguno que es uno, como la
santísima dualidad. O marcamos una
equis, o marcamos una cruz, tanto da. Y nos lo advierten, ni pagamos más ni
cobramos menos. ¿Por qué no nos dicen
que ni cobramos más ni pagamos menos? ¿Por qué no nos dan a elegir si queremos
subvencionar también con una equis o con una cruz a los sindicatos, a los
partidos políticos o a las eléctricas?
¿Se
imaginan unos Presupuestos Generales del Estado en que el monto de las
partidas, de las inversiones, de los gastos, pudieran ser libremente elegidos y
decididos por el pueblo pagano que lo sufraga? ¿Se les podría en este caso
denominar de verdaderos presupuestos democráticos? ¿O sonaría mejor la
denominación de presupuestos populares? Tanto da. Ni están ni se les
esperan. Ni se les necesitan. Ni se les
quieren, faltaría añadir.
La ausencia
da libertad al Gobierno. No están
encorsetados a la trasparencia ni al control sobre los gastos previos, si
acaso, a los gastos consumados. Y eso
que el Gobierno de nuestro amado líder de con-sumar, sabe mucho.
Eso sí,
somos libres de marcar una equis, o dos.
O ninguna cruz. Ya la llevamos
igualmente.
PUBLICADO EL 9 DE ABRIL DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.