DOS MILLONES EN CURAS

 Y no me refiero al concepto que por definición es “el conjunto de cuidados profesionales y técnicas sanitarias aplicados para tratar, limpiar y favorecer la sanación de una herida, lesión o úlcera, con el fin de prevenir infecciones y lograr la regeneración de los tejidos de la piel”.  Me refiero a los casi dos millones de euros que la Junta de Andalucía destina anualmente a financiar la asistencia religiosa católica en los hospitales públicos de la comunidad. Vamos, que la cosa va de sacerdotes.  Y digo Andalucía, porque es allí donde ha saltado la noticia. Pero hay más.

Todas las comunidades autónomas sufragan de sus presupuestos la asistencia religiosa católica en sus hospitales. Todas, todas, todas.  Vamos, que todos los ciudadanos que pagamos impuestos pagamos un trozo del cura de los hospitales, seamos o no creyentes, queramos o no que nos asistan.  Y no es por capricho.  Bueno sí. Capricho del primer gobierno socialista, para que luego digan.

El Acuerdo sobre Asuntos Jurídicos entre el Estado Español y la Santa Sede de 1979, dice que “el Estado reconoce y garantiza el ejercicio del derecho a la asistencia religiosa de los ciudadanos internados en establecimientos penitenciarios, hospitales, sanatorios, orfanatos y centros similares, tanto privados como públicos.” Pero nada dice que se tenga que pagar.

Fue durante el primer gobierno socialista, que el Ministerio de Sanidad y Consumo y la Conferencia Episcopal firmaron en 1985 un convenio para la asistencia religiosa en hospitales públicos. En él se fijó que los centros hospitalarios asumirían el coste económico de los capellanes asignados. ¡Toma ya!  Y con el traspaso de las competencias de Sanidad a las Comunidades Autónomas, pues a pagar las comunidades autónomas.

Y es que ya lo dijo Zapatero de que “ser socialista es normalmente tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho”, eso sí, le faltó añadir “siempre que el dinero sea de otros”.

Y yo me digo, ya que los pagamos entre todos, al menos que la asistencia sea a demanda. Vamos que, si estoy ingresado en un hospital y no he solicitado asistencia religiosa, por favor, que no aparezca en mi habitación persona que no sea sanitaria, por mucha bata blanca que lleve. No es por nada, sólo para evitar una vulneración de la protección de datos.  Y que no me gustaría que viniera a visitarme un chamán y me ofreciera beber ayahuasca, por ejemplo.

Y ya que estamos y que somos tan guais, ¿por qué la izquierda española no ha denunciado este convenio con la Conferencia Episcopal y hace que la religión en los hospitales no la tengamos que sufragar los contribuyentes?

PUBLICADO EL 13 DE AGOSTO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.

CEUTA Y EL ESTRECHO

Cuando casi un centenar de miles de personas cruzan en un día, sin control alguno, la frontera hacia Ceuta es que algo o alguien falla.  Y si no falla, es porque ese alguien quiere que pasen.  Y punto.

Los servicios secretos pasan la información y quien debe tomar la decisión no la toma.  O sí. La de no hacer nada. A eso se llama hacer política. Y punto.  Grupos de Facebook convocan fecha, lugar y hora para el paso de la frontera.  Es más, con propaganda de trajes de neopreno y bicicleta incluida. ¡Toma ya!

El culpar de todo ello al Tribunal Supremo por hacer cumplir la ley, cuando la ley la “fabrican” los políticos, se llama cinismo.  El bajarse los pantalones a los dictados de un tirano, se le llama ser un títere, un sumiso o colaboracionista, entre otras.

La Fiesta del Trono vino con regalo incluido.  Algunos con pasaje de ida y vuelta. ¿Alguien puede creer que ese casi centenar de miles de hombres en edad militar que invadieron Ceuta lo hicieron por motivos políticos o económicos? Y si fuera así ¿por qué regresaron a la contraorden?  Violación de la integridad nacional, lo llamó Sánchez.  A él le llamaron otras cosas. ¡Y más cuando alabó la labor de Marruecos!

Ceuta se autoconfinó. Por su seguridad, añadirían. A las fuerzas del orden se las esperaba, sí.  A los militares, también.  Acuartelados o en prevención, dirían.  Ni emergencia nacional ni estado de sitio que ampare a los militares.  Mientras, los militares de postureo.

Perejil fue otra historia. Tuvo consecuencias, eso sí.  La venganza vino de la mano de los servicios secretos. Del norte y del sur. Y también se advirtió. Aquella vez con octavillas por San Sebastián instando al nacionalismo vasco a hacer un boicot a Renfe a primeros de marzo. ¡Qué casualidad!

Esperemos que todo se quede en un ensayo general y el suflé se desinfle.  Esperemos también que Ceuta recupere la normalidad y que continúe siendo española.  ¿Esperarán a que empiece la próxima campaña electoral para la entrada definitiva?  Y si es así, ¿anulará Sánchez las elecciones, cosa que no se hizo ni con el 11-M?

El episodio ha servido también para conocer el grado de confianza y de apoyo exterior que posee el Gobierno de Sánchez gracias a su política exterior.  Puede mejorar.  Y si devuelve las verjas a Gibraltar, incluso mejor. Contentará a Marruecos y al otro lado del Atlántico.

Por cierto ¿sabremos alguna vez qué contenía el famoso móvil del presidente, o nos tocará recurrir a la imaginación de cada cual, tal y como ocurrió con el 11-M?

¡Ah! y después de todas esas cosas, siempre suelen ganar las izquierdas, ténganlo en cuenta.

PUBLICADO EL 6 DE AGOSTO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.

PUERTAS SUPERGIRATORIAS

Eso de acabar en el consejo de administración de una eléctrica o una gasista ya huele a viejo. Y mal.  Ahora lo que se lleva son los destinos internacionales en Ginebra, Bruselas o en alguna embajada por ahí perdida. Una salida elegante antes de que los electores los envíen a casa.

Yolanda Díaz se prepara para otro “chulísimo” de los suyos.  Al principio pensé que se dedicaría a eso del canto, por lo de la OTI, pero no.  No es la OTI su pretendiente, sino la OIT. ¡Vaya por Dios! ¡Qué confusión la mía! Nada menos que la Organización Internacional del Trabajo. Con lo que debe saber ella de eso…  Y con su nivel de inglés, ya no digamos.  Como el mío, que cuando me preguntaban si dominaba el inglés, siempre solía decir el típico de que “si era bajito y se dejaba”.

Me la imagino presidiendo un organismo sin pena ni gloria con sueldo astronómico y libre de impuestos -o al menos, menores que en tierra patria-, dietas infinitas y chofer a la puerta.  Me la imagino redactando informes impecables sobre el empleo digno.  Bueno, dictándole a la IA que se los escriba y con un poco de suerte, que se los resuma, no sea que se líe al explicarlo al populacho.

Me la imagino compartiendo piso, palacete u hotel. Vaya a usted a saber, no sea que se pierda entre tanto caserón.  Y ya que estamos podría compartirlo con su camarada Mónica García.  Ella también busca otro chulísimo cargo donde desestresarse de tanto pulso con sus colegas de profesión, porque testaruda, parece que es un rato largo. Intransigente, dirán los más formales.

Me imagino a la aun todavía ministra de Sanidad exportando la "Marea Blanca" al mundo mundial. La “marea blanca” contra ella, por supuesto.  Y es que claro, Mónica García se quiere ir con los humos a otra parte.  Nunca mejor dicho. Y del inglés, bueno, harán buen binomio. Vamos, que al “a relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor” de Ana Botella le ha salido serias competidoras.

Hace ya tiempo que ha puesto el ojo en la Organización Mundial de la Salud.  Nos lo demostró suficientemente cuando la crisis del Hantavirus y los ratones nadadores. El plan es redondo: pasar del activismo de megáfono a la gobernanza mundial de la cosa de la salud, donde los problemas no se resuelven, pero se abordan en comités no vinculantes.

Ambas pretenden un retiro dorado de lujo donde da igual si eres comunista, liberal o ultraconservador; basta con saber posar en la foto oficial, firmar la declaración de turno y disfrutar del retiro a costa del contribuyente.  Si lo consiguen o no, ya será cosa de la diplomacia y del peso específico de Sánchez en el mundo mundial.


PUBLICADO EL 30 DE JULIO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA. 

La Roja. Y gualda.

 

Hay noches en las que ni la carambola de la vida ni de la política logran eclipsar lo puramente deportivo.  España ha tocado el cielo frente a la garra argentina. Vencimos. Y eso que la crónica de esta final no se escribe solo con goles, sino también con la afilada ironía política.

Hablamos de profecías y de karma. Seguro que en los mentideros de la Villa y Corte se daba por hecho que la presencia de Pedro Sánchez en la final iba a ser el definitivo beso de la muerte para la selección, y más ahora que ha emergido la noticia del intento de boicot de los mandos de Interior y de la Guardia Civil a los actos del 2 de mayo.  Ya me imagino un Feijóo pidiendo la dimisión por el mal augurio. Pero no.  El presidente, colgado con el sambenito de "gafe" por su habilidad para que su presencia coincida con estrepitosos hundimientos deportivos, ha roto su propio maleficio. Esta vez no hubo "efecto Moncloa". El presunto mal de ojo se ha disuelto demostrando que hasta la más persistente de las leyendas negras tiene un límite cuando la Roja decide bordar el fútbol. ¿O simplemente habrá sido por la presencia del rey y demás miembros de la familia real? Menos política y más deporte. Los jugadores, los únicos protagonistas. Y el pueblo español, también.

Las miradas se quedaron con las ganas de ver a la “señora presidenta” en el palco presidencial. Begoña Gómez no fue al fútbol, pero el runrún no se apaga. Y es que, con el pasaporte recién recuperado tras semanas de idas y venidas en los juzgados de Plaza de Castilla, el contraste sigue escociendo. A cualquier españolito de a pie, un embrollo judicial de ese calibre le habría supuesto ver la final en la pantalla de un bar de barrio, o en la plaza del pueblo. A ella, sin embargo, el destino del poder le tenía reservada la absoluta libertad de elegir... aunque esta vez decidiera dejar la butaca VIP junto a Trump vacía.

Y abajo, frente a los derrotados, resultaba imposible no contagiarse de cierta picardía histórica. Los muchachos de la albiceleste caían con el orgullo herido, mientras más de uno recordaba, entre risas, la controversia de la ley de Nietos del camarada Sánchez. Al fin y al cabo, les hemos ganado a nuestros propios nietos.

España reina en el mundo del fútbol. Se ganó en el campo, se sobrevivió a la superstición presidencial y se celebró en las alturas de un palco inalcanzable para los mortales ordinarios. Al final, todo quedó en casa.

Y aunque no sirva de precedente, el pasear la roja y gualda no fue por unas horas sinónimo de fascismo.  Y esperemos que esa vez la noche fuera sin cargas policiales en la Cibeles.

PUBLICADO EL 23 DE JULIO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.

SALSA MAHONESA

 

Uno está ya cansado de tanto bombardeo publicitario en el que se ve involucrada tanto directa como indirectamente nuestra estimada Roqueta.  Que si la cerveza tal, que si la naviera cual, que si el faro mengano, que si las playas vírgenes, que si la blancura de las casas, que si el azul de mar, que si los caballos, que si las fiestas patronales… Un morir de éxito sin ganancia alguna para el menorquín de los ocho apellidos.  Un morir, al fin y al cabo. Y un éxito para los que hacen negocio.

Playas desvirgadas, fiestas bajo estado de sitio, restauración con cita previa y playas sin plazas de aparcamiento.  Por no hablar del problema de la vivienda, la carestía de la cesta de la compra, carreteras saturadas y el acceso a los servicios públicos diezmados. ¿Era esa la Menorca que soñaron quienes introdujeron el turismo en la isla? Supongo que no. Eran otros tiempos. Eran otras personas. Eran otras empresas. Sobre todo, otros empresarios.

Las últimas semanas las carreteras se han saturado. Y no sólo de vehículos. También de vallas publicitarias. Y nos han sorprendido.  Sorprendido para bien.  Reivindican lo que ni los menorquines de pura cepa hicieron. Mejor aún, ni los propios mahoneses de pura cepa.  Sin vergüenza alguna, sin tapujos, sin complejos.  Y esta vez no va de pomadas ni de gin amb llimonada.  La cosa es más seria. Más internacional.  Y más tradicional.

“En Helios decimos mahonesa porque…adivina dónde se inventó”.  “En Helios decimos mahonesa porque no sabemos dónde está mayón”.  Así de claro publicitan las vallas. Así de claro aparece en las redes. Miquel Montoro, aquel chaval del hòstia, pilotes de antes, influencer mallorquín de ahora, también lo reivindica. Mahón, y con hache.

Coincide en el tiempo con el boicot del Senado a la firma del Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Francia.  Por desgracia nada tiene que ver con este tema. Poco les importa a los políticos defender nuestra historia, aunque sólo fuera la gastronómica.

Está claro que para Helios es sólo una campaña publicitaria.  Es su márquetin, está claro. Su negocio. Pero este márquetin nos beneficia también a quienes defendemos la referencia a aquel “aioli bo” de Fra Roger, recogido también en De Re Cibaria, de Pere Ballester. Y lo mejor de todo, sin que nos cueste un euro de nuestro bolsillo, de nuestros impuestos.  Y más aún, sin que nadie se los embolse inadecuadamente.  ¡Eso ya es la pera!

Y lo más asombroso -aunque no creo que tarden mucho- es que aún no han salido los amantes de quitar la “h” a decir la suya.  O a denunciarlos por doquier. ¿Será motivo de otra campaña?

PUBLICADO EL 16 DE JULIO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.

MÁS IMPUTADOS QUE DIPUTADOS

 

El título de hoy no es mío, lo confieso.  Lo he visto por las redes y me he apropiado de él. Suena bien, parece un eslogan y no creo que difiera mucho de la realidad.  Y además rima. ¿Qué más se puede pedir a estas alturas? Un poco de humor siempre es de agradecer.

Tampoco los he contado.  Ni los unos, ni los otros. Desconozco el número de diputados que tiene Sánchez. No los he contado. Ni me importa.  Y el número de imputados, pues difícil. De momento es una progresión diaria.  ¿Será por ello por lo que Sánchez siempre habla de un gobierno progresista?  Vamos que no es que progresen adecuadamente, sino más bien que las listas de espera para acudir al juzgado son una progresión geométrica.

Ya sé que algunos me corregirán diciendo que no son imputados, que son investigados. Que el término es para dar una mayor garantía a los individuos en cuestión. Y bla, bla, bla.  Y algún otro, incluso se atreverá a decir “y los otros más”.  Y tendrán razón los primeros.  Pero lo cierto es que el pase de imputados a investigados se dio cuando los “antiguos” imputados empezaron a ser cargos políticos.  Y no antes.

Y los otros más, tal vez.  Tampoco los he contado.  Pero al ritmo que vamos, o bien tendrán que ampliar las cárceles o sencillamente seguirán sin entrar en prisión, como viene siendo ya habitual, salvo destacados ejemplos.

Y seguro que me añaden lo de la presunción de inocencia.  Y también tendrán razón. Lástima que la verdad jurídica no siempre tenga el mismo porcentaje de verdad a secas. O en mayúsculas.

Últimamente la verdad jurídica es sólo una verdad pactada.  Una verdad pactada entre la fiscalía - ¿de quién depende? - y el delincuente ya no presunto.  ¿Se imaginan que todos los juicios por corruptelas políticas fueran vistos por un Tribunal del Jurado?  Por suerte para ellos, la Justicia es lenta. Y por suerte para ellos, la mayoría no acaba siendo enjuiciado por un Tribunal del Jurado. ¿Por qué será que el Gobierno no gestiona políticas adecuadas para agilizar la administración de la justicia? ¿Quién sale beneficiado de esta mala gestión?

¿Es consciente la ciudadanía de que el hartazgo que provoca tanta noticia sobre corrupción va en su propio detrimento? ¿Somos conscientes de que la pasividad que mostramos ante estos mismos hechos va en nuestra contra? El Gobierno sí lo tiene claro. Y por eso mismo, resiste y no dimite. No dimite ni deja dimitir.

La estrategia de la tierra quemada parece ser el único propósito de nuestro amado líder. Una España sin credibilidad exterior. Una España sin credibilidad interior.  El caos no, la depresión del Estado. De derecho.

PUBLICADO EL 9 DE JULIO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.

#YoConBegoña

 

Quede claro que a mí no me encontrarán entre estos millones de españoles y asimilados que van por la calle aupando la frase #YoConBegoña.  Y aunque de momento nadie se ha encontrado a estos millones gritando y alabando “Begoña, Begoña” por las calles y plazas de su pueblo, ciudad, patria o nación, o como quiera llamarle cada uno a su rinconcito, puede que a partir de que el vocero mayor de la república bananera hiciera su aparición teatral ante su señor amo, la maquinaria argumentaría del partido sanchista con sus 61 del ramo, lo hagan posible.  Habrá que esperar a los bulos, a los fangos, a las IAs, quien sabe…

Me imagino la escena:  Nos encierran de nuevo con cualquier excusa. Nos citan a las ocho de la tarde en los balcones de cada casa. Cacerola en mano y espantasuegras en la boca.  En la otra mano, un mazo, cucharón o cualquier cosa con que darle al artilugio de cocina. Y dale que te pego.  Así intentaron cargarse la monarquía cuando el llamado coletas estaba en el Gobierno.  Nos citaron para gritar contra la monarquía.  A las ocho de la tarde de un mes de marzo.  Y el tiro, erró. 

Apoyamos, incrédulos a las fuerzas de seguridad. A los mismos que nos denunciaban si íbamos a comprar los yogures de uno en uno.  A los mismos que aun teniendo que saber que era anticonstitucional la norma, seguían las órdenes del triunvirato de aquella policía patriótica del socialismo populista.  La cordura llegó.  Llegó cuando a la lista del balcón se añadió a quienes de verdad trabajaron para salvar la vida de los demás: los sanitarios.

Han pasado varios días desde que el vocero mayor del sanchismo soltó la parrafada en la tribuna. Han pasado varios días en que, perdida la votación, todos los suyos se alegraron aplaudiendo puestos en pie. El psicoanálisis ya no es posible. Han roto los esquemas y las pruebas clínicas. La IA ya no resuelve si no que, como los GPS, les recalcula la dirección.  El problema con Sánchez es que hay origen, sí. Lo que no hay es destino. Ni el Papa fue capaz de darle claridad a su mente.

Y lo que realmente me preocupa no es el extasiado bochorno de la bancada socialista perdiendo votación tras votación.  Lo que me preocupa es saber a quién se refería Patxi, el inacabado ingeniero industrial por la universidad del País Vasco, cuando se juramentó, agitando los brazos como aspas de molinos, llevándose una mano al corazón y golpeando el estrado con el puño. ¿Será Begoña su madre? ¿Será Begoña su esposa? ¿O se refería simplemente a “su” señora presidenta? Si es a esa última, sólo hace falta mirar la cara de póker que tenía el marido de la presidenta.

PUBLICADO EL 2 DE JULIO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.