O el tiro
les salió por la culata o simplemente es otra chapuza más. Me refiero a la
desclasificación de los papeles del 23F.
No hay munición en ellos para atacar a la monarquía. Es más, el efecto ha sido el contrario, la
monarquía -y don Juan Carlos I- han salido reforzados. Y eso no encaja.
No encaja
porque la sensación que nos dio a los mortales de esta España nuestra es que el
Gobierno social-comunista, fiel a su estrategia de siempre, buscaba más
munición con la que atacar, al menos, al emérito. Y no ha sido así, sino que se
le han dado más alas y lo han subido a los altares. Y esto no encaja.
No encaja
porque los susodichos papeles tenían que ser de sobra conocidos por parte de
las más altas esferas. No es normal que,
estando depositados en el CNI, en el Ministerio del Interior, en el de Defensa
y en el de Exteriores, nadie, ni el titular de la cartera ni ninguna
vicepresidenta ni el propio amadísimo líder, hubieran tenido la tentación de
darles una ojeada.
Tampoco
sería normal que, si hubiera habido en algún momento algún documento
comprometedor hacia la figura del emérito, el documento de marras no hubiera
sido destruido en su momento. ¿Acaso es normal que los poderes del Estado
guarden documentación sensible perjudicial para sí mismo? ¿Quién en su sano
juicio guardaría pruebas en su contra? Lo normal hubiera sido de que de haberse
producido una intervención activa en el golpe del 23F por parte de la figura
del emérito, una vez finalizado el mismo, se hubiera escrito el relato adecuado
y se hubiera archivado para la posterioridad. ¿Ha sido eso lo que ha ocurrido?
La verdad
jurídica la encontraremos cuando en 2031 se desclasifiquen los documentos del
juicio. La verdad más creíble permanecerá para siempre en el silencio de sus
protagonistas directos. Y otra más próxima
en los trabajos realizados y publicados por Roberto Muñoz Bolaños. Todo lo demás, pura cortina de humo, como
dijo Feijóo.
Por cierto,
habrán preguntado a Bono si cuando irrumpió en el Estado Mayor de la Defensa un
13 de octubre para requisar papeles se llevó alguno que no debiera, como bien
confiesa en su libro “Diario de un ministro”, tras forzar un armario y llevarse
casi toda la documentación que encontró. ¿Quién nos asegura que desde aquel 23F
no hubo alguna otra tentación de altos jerarcas de la nación de hacerse “un
Bono”?
Y la pregunta del millón ¿por qué no se desclasifica la documentación del 11M, y de lo sustraído del móvil de nuestro amado líder y de su camarilla? ¿O hay que hacerlo desaparecer, aún, presuntamente, claro? Vamos, cambiar el relato. O escribirlo, al menos.
PUBLICADO EL 5 DE MARZO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.