El título
de hoy no es mío, lo confieso. Lo he
visto por las redes y me he apropiado de él. Suena bien, parece un eslogan y no
creo que difiera mucho de la realidad. Y
además rima. ¿Qué más se puede pedir a estas alturas? Un poco de humor siempre
es de agradecer.
Tampoco los
he contado. Ni los unos, ni los otros.
Desconozco el número de diputados que tiene Sánchez. No los he contado. Ni me
importa. Y el número de imputados, pues
difícil. De momento es una progresión diaria.
¿Será por ello por lo que Sánchez siempre habla de un gobierno
progresista? Vamos que no es que progresen
adecuadamente, sino más bien que las listas de espera para acudir al juzgado
son una progresión geométrica.
Ya sé que
algunos me corregirán diciendo que no son imputados, que son investigados. Que
el término es para dar una mayor garantía a los individuos en cuestión. Y bla,
bla, bla. Y algún otro, incluso se
atreverá a decir “y los otros más”. Y
tendrán razón los primeros. Pero lo
cierto es que el pase de imputados a investigados se dio cuando los “antiguos”
imputados empezaron a ser cargos políticos.
Y no antes.
Y los otros
más, tal vez. Tampoco los he
contado. Pero al ritmo que vamos, o bien
tendrán que ampliar las cárceles o sencillamente seguirán sin entrar en
prisión, como viene siendo ya habitual, salvo destacados ejemplos.
Y seguro
que me añaden lo de la presunción de inocencia.
Y también tendrán razón. Lástima que la verdad jurídica no siempre tenga
el mismo porcentaje de verdad a secas. O en mayúsculas.
Últimamente
la verdad jurídica es sólo una verdad pactada.
Una verdad pactada entre la fiscalía - ¿de quién depende? - y el
delincuente ya no presunto. ¿Se imaginan
que todos los juicios por corruptelas políticas fueran vistos por un Tribunal
del Jurado? Por suerte para ellos, la
Justicia es lenta. Y por suerte para ellos, la mayoría no acaba siendo
enjuiciado por un Tribunal del Jurado. ¿Por qué será que el Gobierno no
gestiona políticas adecuadas para agilizar la administración de la justicia? ¿Quién
sale beneficiado de esta mala gestión?
¿Es
consciente la ciudadanía de que el hartazgo que provoca tanta noticia sobre
corrupción va en su propio detrimento? ¿Somos conscientes de que la pasividad
que mostramos ante estos mismos hechos va en nuestra contra? El Gobierno sí lo
tiene claro. Y por eso mismo, resiste y no dimite. No dimite ni deja dimitir.
La
estrategia de la tierra quemada parece ser el único propósito de nuestro amado
líder. Una España sin credibilidad exterior. Una España sin credibilidad
interior. El caos no, la depresión del
Estado. De derecho.
PUBLICADO EL 9 DE JULIO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.