Pido perdón a mis lectores -y muy
especialmente a los tertulianos de la terraza de Ses Vinyes- porque me he
propuesto -en el próximo, eso sí- bajar el tono de mis escritos hasta después
de la jornada electoral. La intención es
seguir apareciendo cada jueves, pero para ello utilizaré los escritos que tengo
en bolsa desde hace más de un año. Unos
escritos atemporales que escribí cuando padecí una dolencia ocular y que preparé
para seguir publicando si llegaba el caso de verme imposibilitado durante una
temporada. No fue ese el caso, por suerte. Y ahora creo que ha llegado el
momento de que salgan a la luz.
Ha llegado, porque quiero evitar que
me dé un infarto tecleando el escrito semanal.
Es vergonzosa la actitud de nuestros gobernantes. Es descarada la
prepotencia e impunidad con la que nos gobiernan. Es tóxica, es hasta casi
delictiva la forma con la que maniobran nuestras vidas, nuestro pasado, nuestro
futuro.
No hay nobleza y sí mucha hipocresía.
Es un insulto a la inteligencia el que nos gobiernen de esta forma. Un insulto,
una burla, un escarnio digno de tiempos pasados y por suerte superados. Me
refiero a los tiempos en que las calles estaban tomadas y no eran seguras. Ni
los bares. Ni las terrazas. El tiempo en que, para algunos, las urnas no
representaban nada. Ni las vidas de los españoles, tampoco.
Y podemos remontarnos más lejos aún.
En el tiempo y en la distancia. En el
tiempo, con aquella revolución de octubre del 34 con miles de muertos. Y
silenciada. En la distancia, con el
chavismo en Venezuela. Arderán las
calles, dicen ahora. No habrá paz en las
calles, siguen diciendo desde la Asamblea. ¿De verdad vivimos en un estado
democrático? Democracia no es sólo votar cada cierto tiempo. Democracia es poder expresar nuestra opinión
sin temor. De no ser atacados en nuestros derechos. Es respetar las reglas del juego. Es tener
una justicia igual para todos. Es
respetar la separación de poderes…
Hago mutis en el foro. Seguiré mirándome
la televisión, sí, pero sólo informándome desde Cuatro, con Todo es mentira
y con Horizonte. Nunca pensé que Pilar Rahola me caería tan bien. Y Juan
Lobato. Y Tomás Gómez... ¿Por qué si hay
gente de valía en el mundo político, nos gobiernan los peor capacitados?
Y de cada vez me estoy dando cuenta
que me estoy trasformando. Incluso estoy
llegando a apreciar a Silvia Orriols y a Roberto Vaquero. Si España se
radicaliza, lo tengo claro. O me pido la independencia y me incorporo a la
Cataluña de Aliança Catalana, o me hago simpatizante del Frente Obrero. Al
menos con ellos, la hipocresía ni está ni se la espera.
PUBLICADO EL 15 DE OCTUBRE DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.