Suele
decirse que no hay dos sin tres y, mira por dónde, nos ha tocado de lleno.
Entre aquello de que España va bien y que la economía despega como un cohete,
resulta que el foco apunta, casualmente, a los últimos gobiernos y como no, a
sus presidentes. ZP con su mejor talante
en los negocios con chinos y venezolanos, el Eme punto Rajoy a quien se les
terminaron los juegos de palabras, y a Pedro punto Sánchez, que es el puto
amo. De momento, las manos derechas de los
dos últimos desfilando por los banquillos de los juzgados, y el cerco
estrechándose aquí y allá para el primero, pero tranquilos, que todo va
fenomenal.
Esta es la
España real: la de la corruptela cotidiana y la de la cesta de la compra que
sube más rápido que el optimismo oficial. No esa versión edulcorada que nos
venden con lacito algunos medios casualmente bien financiados. Pero nada, será
cosa de bulos. O de la fábrica del fango. La fachosfera de nuestros
días.
Que España
-ese país, estado, patria o nación o como quiera llamársele- está salpicada de
corruptos, es tradición. Negarlo es mentir. Que ni unos ni otros han acabado
con ello, cierto. Que han convivido con corruptos, pues sí. Y que incluso
pudieran haber tenido algo que ver… bueno, eso ya lo dirán los jueces. Aunque
si se decidiera en las urnas, más de uno tendría la respuesta clara, clarísima.
Positivo, señoría.
Empiezan
los juicios: unos, por un lado, otros por el otro. Alea jacta est, sí… pero sin
emocionarse demasiado. Porque el recorrido promete: recursos, tribunales,
interpretaciones creativas de la ley y, cómo no, el clásico indulto de última
hora. Al final, los políticos se parecen bastante a la banca: pase lo que pase,
rara vez pierden. Y si pierden, perdemos todos.
Y no se
quedan en corruptos, no. También son, digamos, flexibles con la verdad. Por no
decir directamente especialistas en el arte de disfrazarla. Mentirosos, más
bien. Engañabobos mejor. Y eso sin necesidad de presunción alguna: basta con
ver campañas, mítines y esos encuentros con las bases, tan sospechosamente a imagen
y semejanza de aquellas adhesiones inquebrantables al amado líder en la plaza
de Oriente.
Entre unos
y otros han hecho un trabajo impecable… si el objetivo era deteriorar la imagen
del país, tensionar la convivencia y dejar la economía doméstica bajo mínimos.
También han logrado desgastar sus propios partidos empujando a muchos votantes
hacia posiciones cada vez más extremas. Más intransigentes, menos sensatas.
Gracias ZP.
Gracias M. Rajoy. Gracias P. Sánchez. Os habéis lucido. Pero ¿qué más os da a
vosotros? ¡Si al final seréis seres de luz!
PUBLICADO EL 23 DE ABRIL DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.