Uno está ya
cansado de tanto bombardeo publicitario en el que se ve involucrada tanto
directa como indirectamente nuestra estimada Roqueta. Que si la cerveza tal, que si la naviera
cual, que si el faro mengano, que si las playas vírgenes, que si la blancura de
las casas, que si el azul de mar, que si los caballos, que si las fiestas
patronales… Un morir de éxito sin ganancia alguna para el menorquín de los ocho
apellidos. Un morir, al fin y al cabo. Y
un éxito para los que hacen negocio.
Playas
desvirgadas, fiestas bajo estado de sitio, restauración con cita previa y playas
sin plazas de aparcamiento. Por no
hablar del problema de la vivienda, la carestía de la cesta de la compra,
carreteras saturadas y el acceso a los servicios públicos diezmados. ¿Era esa
la Menorca que soñaron quienes introdujeron el turismo en la isla? Supongo que
no. Eran otros tiempos. Eran otras personas. Eran otras empresas. Sobre todo,
otros empresarios.
Las últimas
semanas las carreteras se han saturado. Y no sólo de vehículos. También de
vallas publicitarias. Y nos han sorprendido.
Sorprendido para bien.
Reivindican lo que ni los menorquines de pura cepa hicieron. Mejor aún,
ni los propios mahoneses de pura cepa.
Sin vergüenza alguna, sin tapujos, sin complejos. Y esta vez no va de pomadas ni de gin amb
llimonada. La cosa es más seria. Más
internacional. Y más tradicional.
“En Helios
decimos mahonesa porque…adivina dónde se inventó”. “En Helios decimos mahonesa porque no sabemos
dónde está mayón”. Así de claro
publicitan las vallas. Así de claro aparece en las redes. Miquel Montoro, aquel
chaval del hòstia, pilotes de antes, influencer mallorquín de
ahora, también lo reivindica. Mahón, y con hache.
Coincide en
el tiempo con el boicot del Senado a la firma del Tratado de Amistad y
Cooperación entre España y Francia. Por
desgracia nada tiene que ver con este tema. Poco les importa a los políticos
defender nuestra historia, aunque sólo fuera la gastronómica.
Está claro
que para Helios es sólo una campaña publicitaria. Es su márquetin, está claro. Su negocio. Pero
este márquetin nos beneficia también a quienes defendemos la referencia a aquel
“aioli bo” de Fra Roger, recogido también en De Re Cibaria, de Pere Ballester.
Y lo mejor de todo, sin que nos cueste un euro de nuestro bolsillo, de nuestros
impuestos. Y más aún, sin que nadie se
los embolse inadecuadamente. ¡Eso ya es
la pera!
Y lo más
asombroso -aunque no creo que tarden mucho- es que aún no han salido los
amantes de quitar la “h” a decir la suya.
O a denunciarlos por doquier. ¿Será motivo de otra campaña?
PUBLICADO EL 16 DE JULIO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.