Pues bienvenidos sean los rusos, los checos, los
italianos y los alemanes incluso. Que
por algo somos tierra
hospitalaria. Hospitalarios y algo
ingenuos, todo hay que decirlo. Y es
que a muchos nos intentan vender la moto, el casco y si no estamos al loro nos
venderán hasta la pegatina. ¡Y el trapo que hace de manillar!.
La noticia tuvo –y seguirá teniendo-
todos los parabienes. No el
inversor ruso, sino la clase media alta –altísima, más bien- de aquella antigua potencia ponía sus ojos
–y su dinero- en algunas fincas
necesitadas de comprador. Para algunos,
era una gran noticia. Para otros, será
una noticia indiferente. Mientras, un
balón de oxígeno alarga la existencia a los expedicionarios societales, buscadores de varitas mágicas que hagan el
milagro de la recuperación económica.
Sin duda, me hace falta quien me asesore al respecto. Mis conocimientos inmobiliarios son escasos,
sino nulos. Y sobre el turismo, más
aún. Aún así, me atrevo a posicionarme
y por qué no, decir la mía. Bienvenidos
sean de nuevo ellos y su capital. Pero,
¿a quién beneficia su dinero?.
Decir que se creará empleo gracias al
inversor que compra una vivienda en Menorca, es falso. El dinero que invertirá en la compra de la
vivienda irá directamente a manos del antiguo propietario, de la inmobiliaria
si la hubiere y del erario público vía impuestos. Y nada más. Otra cosa
sería que en vez de comprar fincas, se compraran terrenos. Y que en ellos se pudiera construir. Y que la empresa constructora fuera menorquina.
Y que sus trabajadores, también.
Y ya no digamos si la nueva construcción fuera un complejo turístico,
zona de ocio o alguna empresa innovadora.
Y que sus trabajadores –o parte de ellos- fueran autócton@s. Pero las noticias no parecían ir
encaminadas hacia este futuro tan encantador.
E incluso vendrán turistas de
visita. ¡Bienvenidos sean también
ellos!. E incluso más. Que de ellos, las ganancias -aunque menores- podrán verse más repartidas. Y crear, o al menos mantener, más
empleos. Pero tampoco hay que llevarse
a engaño, ni soltar globos ni marchas reales.
La infraestructura suele venir del propio país de origen. Y cuidado con
vendernos infraestructura, que los dineros viajan de regreso o van hacia
otros paraísos, que de eso, también sabemos.
Las compañías aéreas y los tour operadores también suelen ser del país de origen. Los guías turísticos –o parte de ellos-
también.
Y hemos perdido el tren. Y cuidado ahora con perder el autobús, la
moto y la bicicleta. Nos falta
infraestructura propia por desidia de tiempos pasados. De haberla tenido –la infraestructura, no la
desidia-, sería ésta la que recaudaría beneficios. Y éstos, los beneficios, quedarían en suelo patrio. O no. Quien
sabe.
Y de innovadores será el futuro, al
menos eso nos venden. Pero nadie
innova, o al menos, nadie diversifica, nadie crea ni siquiera ideas. ¿Por qué no hacer una fábrica de fideos, de
albaricoques en almíbar o de motos eléctricas?
La excusa será la carestía del transporte, sin duda. ¿Y el turista, no viene en barco o en avión y tampoco se les abarata?.
¿Por qué tanta desidia en el tema de
abaratar los transportes? ¿Faltará asesoramiento, interés o simplemente es que
interesa mantener los beneficios?
¿Será que hablamos en ruso?
PUBLICADO EL 20 DE MAYO DE 2013, EN EL DIARIO MENORCA.