TAL COM SONA


Tal como suena, pues si.  Así empezamos a hacer nuestros pinitos escritos en nuestra propia lengua quienes, carentes de cualquier conocimiento en ortografía catalana-balear-menorquina,  nos subimos al carro de lo nuestro.  Por el camino nos encontramos con gente que  se dedicaban en cuerpo y alma al estudio de la ortografía catalana para relanzar eso mismo, lo nuestro.  Pero cada uno siguió su camino.

Unos –los otros-, derivaron hacia el catalán estándar, mientras que los otros –nosotros-, sin reglas ni nada que se le pareciera, reinventamos el menorquín –ni si quiera llegó a ser balear- particular de cada uno.  Y allí empezó el lío.  Lío, confusión y como no, intereses políticos.  La cultura entraba de lleno en la cuestión política. El idioma se unía al territorio, y viceversa.  El catalán-idioma se intentó asimilar al catalán-territorio.  Y allí fue donde se empezó a perder parte del contingente.

El divorcio se interpuso, ya no por cuestiones culturales, sino políticas.  “No éramos catalanes y por tanto no hablaríamos catalán”, parecía ser el eslogan.  El tiempo, la ambigüedad de la norma estatutaria, la imposición hecha necesidad y como no, el adoctrinamiento en las escuelas, hizo que la balanza tomara partido por el catalán estándar y en detrimento de nuestras propias raíces.  Y así hemos vivido años y años, en compañía de un castellano discriminado, arrinconado, residual más bien.



En su momento, el catalán también hizo de selección natural.  Facilitó a quienes en su inicio apostaron por él, un acceso a la ocupación pública.   El acceso a la administración pública requería de él.   También sirvió, bien como filtro de entrada de nuevas culturas, o simplemente como medio de integración de éstas en la nuestra.

El decreto de mínimos imponía –según dicen- un cincuenta por ciento del tiempo lectivo en lengua catalana.  La realidad del mínimo fue del máximo, y aún hoy, el ochenta por ciento del horario lectivo suele ser en catalán.

Pasan los años y se cambian tendencias.  Ahora, el catalán ya no es requisito, aunque si tiene su mérito.  El mínimo sigue sacando cuerpo y medio o dos en la carrera y difícilmente dejará opción de revancha. 

Ahora, la crisis favorece que entre en competición el idioma extranjero –afortunadamente al castellano aún no se le ha calificado como tal- y saltan las alarmas.  O las hacen saltar.  Todos juntos en unión, parece ser  el eslogan actual.  Repartir horas lectivas parece  no ser la intención de parte del profesorado.  Y la excusa,  el ataque a la lengua catalana.  La realidad, como siempre, pueden ser varias. O ninguna de ellas. O todas.
 Y entre ellas estará la necesidad del conocimiento de la lengua extranjera entre los docentes deberá ser barajada.  El tal vez repartimiento más homogéneo entre ellas, también. La crisis con sus recortes, puede.  La implicación política, también puede. Todos contra el idioma extranjero. O contra el castellano. O a favor del catalán.  No saben no contestan.


Aparece en escena la Acadèmia de sa Llengo Baleà. Y a uno le sorprende.  Agradeces que palabras como “agarrotar” –parecidas en catalán y castellano- tenga su igual en el término “engalavernà”.  Y como así, muchas.  Y por ello ya te alegras el haber visitado su página Web.  Y te sigue sorprendiendo hasta el punto de que te avergüenzas del típico “tal com sona”.  Porque de sonar, no es que suene mucho. Desafinado tal vez.

Y a uno, lo que de verdad le preocupa, no es que las matemáticas se estudien en inglés, o que la asignatura catalana se estudie en castellano, por ejemplo. Ni el tanto por ciento de una más que la otra.  Lo que a uno le preocupa es que por desconocer inglés se pueda suspender matemáticas o también por eso mismo, por no saber castellano, se suspenda la asignatura de catalán.  Y tantas otras variaciones posibles.  Con repetición o sin ellas.

Aunque otros dirán, con mucho más razonamiento, que antes de aumentar asignaturas, antes de inventar tantos por cientos, valdría más consolidar las existentes  O lo que es lo mismo, “recortar” el elevadísimo fracaso escolar.  Y no les faltará razón.


PUBLICADO EL 7 MAYO 2013, EN EL DIARIO MENORCA.