EL ENEMIGO EN CASA

Y el adversario enfrente.  Y no le falta razón al título de hoy.  Tampoco le faltaba cuando a finales del año pasado me hicieron tal reflexión.  El enemigo interno, el traidor rastrero tiene una ventaja sobre el adversario.  Al segundo, se le espera.  Al segundo se le examina con lupa y se le ve venir.  Al primero, se le dan todas las bendiciones posibles, se le ayuda, se le canaliza, e incluso se le da información privilegiada, que si es necesario, podrá ser utilizada contra nosotros mismos.

Y si una familia ya es difícil de controlarla, no digamos una sociedad.  Si en una familia, los hijos ya no piensan como sus padres  y los nietos ya no comulgan con las ideas de sus abuelos, ¿cómo hacer que una sociedad, en la que los intereses son más partidistas y personales, mantengan un compromiso adquirido?

El caso Bárcenas ha dañado la mismísima línea de flotación del partido en el Gobierno.  Bárcenas y todo lo anterior.  Tampoco hay que creer que es un caso aislado. Ni tampoco hay que darle exclusividad a los populares, aunque en estos momentos, el foco los ilumina a ellos.  Y eso que en verano no solía ser època propicia de tanto noticiario.  

Apartado el tema del real yerno de las primeras páginas, salvado  Blanco de la quema pública, pendiente aún los EREs andaluces, aparcada la prima y dando un respiro los dramas de las preferentes y los deshaucios, se mantiene y aumenta cada día que pasa el culebrón de Bárcenas.  Y no es que aumente con nuevas informaciones, sino que aumenta la llamada a dar explicaciones.

Y en vez de darlas, se aplazan.  Táctica sin duda que el tiempo otorgará o negará razón, ya no de la verdad, sino del resultado –que al final es lo que importa-.  Y en lo que respecta a  la verdad  habrá que ir olvidándose.  De las verdades y de todas las verdades.  De las de unos, de las de otros y de los de más allá.     ¿Si no somos capaces de sincerarnos en lo bueno, cómo hacerlo en lo que nos puede perjudicar?

El caso Bárcenas ha sido destapado por un medio de comunicación.  Como la mayoría de casos mediáticos que se dan en España.  ¿Quién acude  a un medio de comunicación a filtrar una información tan importante y no acude a los juzgados? ¿Acaso teme que se archive el caso o quiere mantener  su anonimato?

Y lo que sí deben tener claro los integrantes de la cúpula popular es que el enemigo, el soplón o el traidor, hay que buscarlo en casa.  En sus propias filas y no muy lejos de su organigrama.  Las guerras internas no se aplacaron sino más bien, se adormecieron. 

Y esta enfermedad dañina, o se la amputa en su momento, o al cabo del tiempo, da sus consecuencias.  Y ya no por mantener a ciertas personas, sino por ciertas malas costumbres.  Si el que fuera, cuando en su momento llegó a la dirección del partido  hubiera depurado actitudes reprobables, y amputado cabezas de ser necesario, ahora, de salir publicadas tales noticias, se podría haber dado explicación al momento.

La acallada del momento, sólo aletarga el momento en que la fiera se hace pública.  Cuanto más tiempo pasa, cuanto más tiempo transcurre, más son quienes se ven implicados en las salpicaduras de este lodo llamado corrupción y demás ilícitos morales, por no decir penales.

Correr delante del toro sólo prolonga la carrera, y produce desgate, aunque quien sabe si por el camino encontraremos algún burladero.  Cogerlo por los cuernos, adelanta acontecimientos.  Se gana o se pierde, pero se reconoce el mérito del oponente. Como se le reconocerá al corredor de fondo o al velocista.  A todos, mientras no se quede uno quieto, sentado, esperando que las cosas se arreglen por si solas.  O tal vez, sí.

               Tal vez, esta sea la solución donde aún no la haya.  Esperar a los acontecimientos.  Luego, la suerte ya estará echada.  Aunque puede que ahora mismo ya lo esté.  O no.  Al menos, Bárcenas está en prisión.  Aunque luego, nos pueda sorprender alguna decisión como el caso del señor Blanco.

               Y es que al final, los jueces son quienes condenan o no a los presuntos.  Y ellos no es que sean el último reducto en el que se ubica la verdad, sino que la verdad se ubica en ellos, por ser ellos los últimos  que la certifican.

               Ah!, Y el enemigo sigue libre y coleando.  Y en casa.


PUBLICADO EL 23 JULIO 2013, EN EL DIARIO MENORCA.