EFECTO LLAMADA


 2005. El proceso de regularización de inmigrantes planteada por el invicto presidente Rodríguez, Zapatero para más señas, daba pie al denominado efecto llamada.  Para el gobierno  no era más que legalizar la economía sumergida y por ende una mayor cotización al Estado.  Los ayuntamientos afines empadronaban fuera de horario, los alquileres superaban el IPC y los préstamos batían récords.

2014. La siempre falta de consenso político en el tema de extranjería y la denuncia por las actuaciones de la Guardia Civil en la frontera africana, provoca que unos treinta mil subsaharianos en primera instancia y otros cuarenta mil en segunda, estén a la espera del asalto definitivo hacia España.

Y nadie toma decisión alguna.  Nadie la tomó en el pasado cuando algunas granjas catalanas contrataban mano de obra sin regularizar por pocos cientos de pesetas diarias.  Nadie la tomó cuando la mano de obra se ocupaba de oficios rechazados y denigrados.  Nadie la tomó cuando todos viajábamos en tren de alta velocidad y necesitábamos quienes nos portaran las maletas.

Nadie la tomará ahora cuando todos remamos contra todos. Cuando las envidias fusilarían al coincidente.  Cuando los dineros son prestados a los bancos. Cuando los políticos comparecen ante el juzgado e incluso cuando un  embajador presuntamente se enriquece vendiendo visados.

El avestruz anida sobre la piel de toro.  Ni hace, ni deja hacer. No practica la trasparencia del pan y del vino, sino la del toro pasado. Y la  de pelotas fuera, aunque desde ahora estén  prohibidas.  Y sin pelotas, ya se sabe.

Y para Europa,  además de ser el país de la pandereta y de la corrupción, seguimos siendo el norte de África. O al menos, la barrera que hace de tierra de nadie. Y les seguimos el juego. Situamos en el punto de mira a los subsaharianos, cuando otros extracomunitarios también se adentran.  Desde Madrid-Barajas o desde los Pirineos.  ¿Por qué tanto repelús a los venidos del Sur?

La siempre presente incompatibilidad  entre el Norte y el Sur, entre el arriba y el abajo, entre lo blanco y lo negro, marca sin duda los cánones de esta trágica marea de seres humanos.

Y nos faltará un efecto salida. Una limpieza interior de propios y extraños.  Una liberación de plazas. Una restructuración en serio, sin dictados externos ni intereses particulares.  Y para ello, necesitamos ponerlos sobre la mesa. Saber decir no. Y decirlo. Plantar cara a Europa si cabe. 

Y  aunque nos sobre soberbia e hipocresía, nos falta  orgullo, mucho orgullo.
PUBLICADO EL 6 MARZO 2014, EN EL DIARIO MENORCA.