En
el espejo, más que entradas, lo que uno vislumbra son vacíos. Grandes extensiones de piel huérfanas de
cabello. Y no digamos ya, cuando la
imagen es capturada en video o en fotografía tomada desde algún ángulo
indiscreto.
Ocurre
lo mismo cuando oyes la voz reproducida.
Y no es hasta que alguien de tu entorno te confirma que efectivamente
aquella voz ronca, distorsionada, sin aparente fuerza, es tu voz. Ante el
micrófono no cabe doble juego a no ser que uno cante de falsete. Con el espejo juegas inconscientemente tal
vez, a buscar el perfil adecuado, o la pose y el ángulo forzado ante la cámara;
no así ante el registro de la voz.
Ocurre
con los comentarios desconocedores del micrófono abierto, cuando el subconsciente se
relaja y la evasión del pensamiento te condena a tu realidad. Uno esconde su ser, y por inseguridad, se
fabrica un otro yo, que sólo existe en la mente de uno, y en la de los ignorantes que le ríen sus gracias.
Y
de esos, de los que se fabrican el otro yo, y sobre todo, de quienes les ríen
sus gracias, hay muchos.
Demasiados. Los primeros son
quienes, en vez de buscar soluciones, buscan a quienes culpar de su fracaso, de
su inseguridad, de su falta de hacer. Son los
echadores de culpas, que no de cartas.
Gente tóxica que no intoxicados.
Del
resto, de quienes ríen sus gracias, hay montón también. Son personajillos de comedia, aquellos que se
apuntan al carro triunfador y críticos
cuando el entorno es propicio. Son los
chaqueteros de siempre, pero ilustrados.
O al menos, se han fabricado su currículum.
Y
el currículum es pasado, nos recordó DomènecBiosca. Y la crisis es no llegar a
tiempo. Y en cada ámbito, en cada estrato de esta compleja sociedad, son muchos
los que están en crisis. Y otros muchos
que son crisis por si solos. Fachada y
nada más.
Y
si no hay buenos cimientos, buenos forjados, buenos tejados, la fachada es sólo
el perfil en que nos miramos en el espejo.
Un perfil falso, ególatra… un
castillo de arena.
Continuas
ante el espejo hasta que descubres que aquellas lagunas, océanos más bien, y tu
atrofiada voz, nada tienen que ver con tus capacidades y aptitudes, a no ser
que quieras dedicarte al mundo de la pasarela o del bel canto. Sin duda, el aceptar tal como eres, tal como te ven, es
el primer paso para venderse uno.
Y
uno se vende sin otro balón de oxígeno que el aire que respira, el ambiente que
profesa y la seguridad que proporciona.
Los demás, meros comediantes que un día quedarán tras el telón.
PUBLICADO EL 20 MARZO 2014, EN EL DIARIO MENORCA.