No es un tiempo verbal ni una
lista de taras, ni mucho menos un término de la abogacía del Estado. Simplemente parece ser que se refiere a
aquellos católicos que viven en pareja, se han casado civilmente o que se han
divorciado y vueltos a casar sin obtener el decreto de nulidad.
“La alegría del amor” traerá
controversia, seguro. Es más, se
necesita la controversia, porque la apertura de miras necesita un encontronazo
entre los adeptos a desfilar bajo palio y quienes defienden una Iglesia acorde
con la sociedad del siglo XXI, la actual, en
la que convivimos codo a codo, día a día, y sobretodo sin el miedo a la
quema en la hoguera y la lupa de la Santa Inquisición.
El Papa Francisco es valiente, y
por eso mismo, lo aprecio. Luchar contra
la corrupción, la riqueza y los casos de pederastia que hay en el seno de la
propia Iglesia, lo dice todo. Y aunque
no podrá llegar a todos los casos, su posicionamiento es claro. Y sus subordinados, lo saben. Aunque muy por seguro, algunos de ellos no le
harán el camino fácil.
“La alegría del amor” es un paso
más en esta lucha entre los posicionamientos inquisidores y aperturistas. Dentro de la estructura de la Iglesia sigue
habiendo bastante oposición a aceptar estas circunstancias del matrimonio. A su vez, esta misma estructura puede
mantener entre sus colaboradores externos a personajes que “pecan” en su
ideario. ¿Se imaginan prohibir la
entrada a los cultos o asistir a las
procesiones a quienes viven en pareja, usan preservativo o simplemente van de
flor en flor?
La realidad actual no puede
medirse con la vara del siglo XIX. Los
problemas societales actuales son otros.
La caridad al necesitado, el acogimiento al desplazado, el
acompañamiento al enfermo, son términos que deben primar sobre cualquier otra
cuestión puramente administrativa.
Si fuimos capaces de superar el
ayuno y la abstinencia en tiempos de Cuaresma y su famoso pago de la bula, también seremos
capaces de pasar página al pago del decreto de nulidad. ¿Acaso alguien sensato ve normal anular el
matrimonio de familiares reales o aristócratas conocidos, bajo la excusa de falta de madurez psicológica o de libre
voluntad?
O ahora, en plena campaña sobre
la declaración de la renta, se imaginan que la Iglesia Católica pidiera a
quienes “vivieran en pecado” se abstuvieran de marcar la casilla de la X
Solidaria para la Iglesia.
Son nuevos tiempos. Y con
nuevas actitudes. No aptitudes.
PUBLICADO EL 14 de ABRIL de 2016, EN EL DIARIO MENORCA.