COLETAZOS ESTÉRILES

Viendo los debates de investidura, se observa claramente que sus señorías no se amagaban en sacar lo que llevan escondido en su interior.  Insultos, provocaciones, amenazas latentes, y eso que tanto unos como los otros no tienen mayoría, y lo que se intentaba era convencer de que no era tan malo lo que relucía tras la reforma estética de la fachada.

Pero la fachada no basta.  Aun así, será factible crear una mayoría silenciosa si a pesar de aquellos coletazos  estériles desde el atril, la voluntad de diálogo y negociación supera a la de la imposición.  No obstante, los coletazos del título de hoy no serán de cariz  político.

Vendrán desde otro atril, eso sí.  La fecha parecía buscada a propósito por algún asesor de éstos que suelen dirigir los destinos de los demás.  Se aproximaba la fecha de la festividad de Todos los Santos, y aparecen unos clérigos y nos anuncian que no están de acuerdo con que las cenizas de los difuntos se esparzan por cualquier lugar.  Que las cenizas tienen que estar guardadas en lugar sagrado. Y punto.

Por un momento recuerdas aquella tradición de los judíos de enterrar a sus seres queridos con los pies hacia el Monte del Templo, para que una vez resucitados no se confundan de camino.  Como la de los musulmanes enterrados en el exterior de la puerta Dorada para impedir la entrada del Mesías.  Podríamos también retroceder al tiempo de los sarcófagos con sus rostros tallados, no fuera que el alma se equivocara de cuerpo.

Los clérigos no han llegado a tanto, pero han dejado su granito de arena.  Hay que reconocer que de avanzar, avanzan.  Hace ya algunas decenas de años, cuando en España se legisló en el sentido de que de no constar deseo en contra, éramos potenciales donantes de órganos tras el fallecimiento,  hubo cierto sector religioso que inició una campaña en contra de esta universalidad en la donación.  Para este sector, en el momento de la resurrección el cuerpo debía estar completo.  ¡Como si los gusanos no se lo hubieran comido ya!  Ahora, incluso se acepta la incineración, como mal menor.

Pero aún habrá que avanzar más.  Primeramente con la festividad de Todos los Santos.  ¿Por qué no unificarla con la de los fieles difuntos? ¿Acaso se pretende la discriminación de clases? ¿Por qué no  pasar la fiesta civil al segundo?


Y hablando de discriminaciones ¿acaso no lo es el que los restos de Adolfo Suarez, reposen en el interior de una catedral, mientras los demás tengamos que conformarnos con un nicho de cementerio?  ¿Y los reyes?

PUBLICADO EL 3 NOVIEMBRE 2016, EN EL DIARIO MENORCA.