MENORCA ENVEJECE

Hace unos días se publicó en ES DIARI  que la población mayor de sesenta y cinco años casi igualaba a la población menor de quince.  Todo ello se desprendía del estudio “Diagnosi social de Menorca', elaborado por el Obsam.   Hasta aquí todo correcto.  Luego en el Menorca.info hubo comentarios para todos los gustos.  Que si no vamos a ningún sitio, que si Menorca está acabada, que si no hay futuro para los jóvenes…

La noticia me coge con los biorritmos en positivo.  Leo la misma noticia que TURandot, Ignatius, Cromapons, etc…, y pienso, diferente a ellos, que eso puede ser una buena noticia.  Eso sí, siempre haciendo una composición mental de que los políticos y los empresarios, ante una toma de decisiones, elegirán la que más beneficie a los menorquines.  Y al hablar de menorquines me refiero sin duda al pedigrí patrio, puro y duro.  A lo políticamente incorrecto, vamos.

Entiendo en esta composición mental  forzada,  que si la población en edad de trabajar baja unos enteros, habrá más posibilidades de que muchos de estos jóvenes y menos jóvenes menorquines, que no tienen trabajo, puedan acceder a este mercado laboral.  Eso sí, cualificados, preparados y con ganas.  Sobre todo con ganas.

No me preocupa el tema de las pensiones, porque independientemente de que nuestra población envejezca, las mismas no la pagarán sólo los menorquines, sino que saldrán del fondo del Estado.  También es verdad que España envejece.  La misma conclusión del silogismo podrá ser extrapolada en este caso.  Si reducimos el número de parados en España, el montante ahorrado en subsidios y demás costes del desempleo puede redundar en un aumento de saldo en  la hucha de las pensiones.  

Otra cosa es que el gobierno de turno se gaste el dinero en otras partidas, y no precisamente en la del mus.  Y aquí es donde deberíamos estar vigilantes.  Aquí y en muchas otras cuestiones, porque dejarlos solos, imposible.  Y a todos, todos, todos.

También es verdad  –más cierto que todo lo anterior- que se puede producir un efecto llamada.  Y aquí está el peligro real de la economía doméstica.  Si aumentamos la familia, y no aumentamos el número de pavos, el reparto del pavo navideño tocará a menos por boca. 


Y soluciones varias.  O engordamos a marchas forzadas al pavo, o compramos más pavos.  O que nos den gato por liebre y a menor precio.  Aunque lo más fácil y económico, reducir familia con derecho a comida y/o cena.  Para tíos,  primos, sobrinos y demás allegados, sólo café y pastas.  Y gracias.


PUBLICADO EL 8 DICIEMBRE DE 2016, EN EL DIARIO MENORCA.