EL HÉROE DEL MONOPATÍN

En segundos, la vida puede dar un vuelco.  Para bien o para mal.  La suerte o la desgracia nos siguen al comprar un billete de lotería o simplemente al cruzar una calle.  El destino es nuestro y también de los demás.  Ejemplos tenemos a miles, incluso propias experiencias, pero estos últimos días, el destino -convertido en desgracia- tiene nombre propio.  Se llama Ignacio Echeverría.

Y nos quedamos con lo superficial.  Un atentado yihadista, un joven con un monopatín que acude en ayuda de otra víctima, que sus compañeros huyen del lugar y que él, acaba siendo asesinado.

Todo debió ser muy confuso.  Incluso sus amigos no reaccionaron como él. Y seguramente no reaccionaron como él, porque no eran él.  Cada uno reacciona como ha ido aprendiendo en la vida, como se ha ido formando, por sus principios, por sus intereses.  ¿Quién arriesgaría su propia vida para ayudar a un desconocido si su vida también corre peligro? Casi nadie.

Y por eso mismo hablamos estos días de Ignacio y no de otros.  Porque lo que hizo Ignacio fue algo que sobresale –y mucho- de la normalidad. Y más –añadiría de cosecha propia- siendo español. Es triste decirlo, pero es –al menos- la verdad pública.  La fama que nos acompaña –y de la que no hemos sabido o querido remendarla-  es esta y no otra.  O eres un facha y te metes en fregaos de himnos y banderas, o simplemente eres un pasota que sólo busca enriquecerse abusando de los demás.  Además, claro está, de cobardes, vagos y corruptos.

Y aunque el español no sea así –la mayoría silenciosa, vamos-, la imagen exterior es la que es.  Y somos muchos los que así lo empezamos a sentir. Tanto, que incluso no nos costaría  imaginarnos que, de haber ocurrido el atentado en España,  los policías que abatieron a los terroristas estarían ya entre rejas. O al menos, investigados.

Y no exagero, sólo falta recordar como a día de hoy, aún hay partidos políticos que simpatizan con etarras e intentan justificar sus crímenes, así como otros intentan dirigir hacia el gobierno de turno, los motivos del 11-M.  Son conceptos distintos de moralidad, de humanidad….

Con Ignacio,  también habremos aprendido que un monopatín no es sinónimo despectivo.  Y que un extranjero tampoco es un peligro en sí mismo.  Habrá que empezar a redefinir muchos conceptos y estereotipos de los que hemos estado abusando diariamente.

Ahora sólo faltará que las líneas aéreas impidan el embarque de monopatines por considerarlos un arma contundente.  Salvo que lo facturen, claro.


Descanse en Paz.


PUBLICADO EL 15 DE JUNIO DE 2017, EN EL DIARIO MENORCA.