Aprovechando unos días de vacaciones y la visita de unos amigos alicantinos, por unos días me convertí en uno más de estos turistas que invaden carreteras, calles y playas. Las carreteras hace ya tiempo que van llenas y nada tiene que ver que sea agosto, por lo que denota un nuevo modelo de movilidad por parte de los visitantes. Coche, coche y más coche. Las calles, otro que tal. Por suerte, las peatonalizaciones de los cascos antiguos favorecen un recorrido pausado y la visita a alguna tiendecilla, terraza o similar. Y de las playas, mejor no hablar.
Estuve tentado a contraatacar aquellas imágenes de postal que tanto sirven de reclamo en los posters de los turoperadores. Macarella y Macaralleta seguían presentado aquella foto de postal mirando hacia el exterior, claro. El reflejo de las embarcaciones fondeadas seguía siendo aquella postal por todos conocidos. Faltaba pero la fotografía realizada a la playa. La masificación de ambas ya dejaba la virginidad perdida en el tiempo. ¿Qué se entiende por una playa virgen te preguntas? ¿Qué no puedas acceder con coche, que no haya viviendas, o que no salga gente en la fotografía? ¿Chiringuito, servicios, bus, socorrista, son sinónimos de virginidad?
Es Grau hace ya años que tiene sus aparcamientos colapsados –incluso el más alejado de la playa- y no por ello se han tomado medidas en habilitar más zonas de aparcamiento ni la prohibición de acceso a turismos no residentes y ya no digamos de las auto-caravanas. Otro tanto le pasa a Cala Galdana con quienes se dirigen a Macarella, Macaralleta y Cala Turqueta.
Dos faros, dos contrastes. El de Cavallería es un ir y venir de coches y auto-caravanas por aquello de la puesta de Sol. Su terraza y su aparcamiento hacen el resto. El de Favaritx, con su prohibido pasar lo deja bien claro.
Otra visión que lo deja bien claro, es cuando uno se dirige a los contenedores de reciclaje a depositar aquellas botellas que has utilizado durante la jornada y te encuentras que están llenos a rebosar y la imagen te invita a depositarlo en sus alrededores donde se amontonan los restos de quienes lo han dejado antes que tu. Las claves son muy claras. En Menorca reciclamos y mucho. En Menorca o faltan contenedores de reciclaje o falta que se vacíen con más frecuencia.
Y llegas a la conclusión de que a Menorca le falta organización y ganas. O prohibimos el turismo o facilitamos que éste no perjudique a los isleños. Falta tomar decisiones. Falta amar a Menorca, sin duda.
PUBLICADO EL 16 DE AGOSTO DE 2018, EN EL DIARIO MENORCA.