Últimamente
dicha expresión está en boca de todos. De demasiados, sin duda. Ampararse en unos malos entendidos términos
de libertad y de expresión, es sin duda, no un brindis a la ignorancia sino más
bien el brindis al provocativo ejercicio
de la manipulación.
Porque eso y no
otra cosa son los que, ejerciendo los derechos que les otorga nuestra tan
cuestionada por unos, Constitución, se dedican a cuestionar, a provocar, y a
exigir unos extremos que sin duda, a la inversa repudiarían y condenarían.
Si para algún
ciudadano el pedir la muerte de un guardia civil, o la de cualquier otro
ciudadano debe ampararse en este derecho de libertad y de expresión, desde mi
libertad de pensamiento y también de expresión, amparada en esta misma
Constitución, debo decirle que presuntamente –eso sí, que quede claro este
término- su azotea no rige para
convivir en una comunidad como la nuestra. Otra cosa es que en otra, como la
belga –por ejemplo- sea recibido con ramos y palmas.
Y hablando de la
sociedad belga, es curiosa su forma de convivencia. O al menos su forma de
aplicar la justicia y de aplicar esta misma libertad de expresión a sus propios
ciudadanos. Una justicia que ampara a
fugitivos extranjeros y en cambio avala el despido de trabajadores belgas por
darle un “me gusta” en una publicación de Facebook, fuera del
horario laboral y en su ámbito privado.
Y ya no digamos
cuando ese país “ejemplo” de libertades, prohíbe -¡incluso con penas de prisión!- el uso del burka como expresión externa de las
mujeres que profesan la religión
musulmana.
Y de regreso a
España, y a la convivencia con esos nuestros conciudadanos con la azotea supuestamente desajustada, los
que en teoría aún creemos que estamos cuerdos, al menos en esto del respeto a
los demás, no es raro que entendamos algunas sentencias como de incitación
al odio, a la violencia, al asesinato. Y
si se hace en pública concurrencia, sin arrepentimiento y reiteradamente, no
cabe duda que al menos, de atenuantes, res
de res.
Y tampoco debe
importarnos que nos llamen fachas y
demás. Realmente los nazis españoles,
los que siguen clamando por una raza superior, diferenciada de la diversidad de
culturas que integran el espacio nacional, son otros. Los otros. Esos mismos que nos denunciarían
si en esta mal entendida libertad de expresión, los calificáramos de eso que –en
el caso de ellos- no sería insulto ni vejación, sino simplemente una presunta
realidad.
Y es que el
problema lo tienen y son ellos, no nosotros.
PUBLICADO EL 4 DE OCTUBRE DE 2018, EN EL DIARIO MENORCA.