24 VELAS

Nos han enseñado a vivir de fechas y de recuerdos.  Mentirán quienes digan lo contrario. Solo con analizar a los políticos y a sus manías de revivir el pasado, nos daremos cuenta que ellos necesitan vivir del pasado que tanto renuncian.  Vamos, que si tiramos de la posición de Sánchez hacia su izquierda, veremos que éstos necesitan constantemente del pasado para conquistar el poder. Y no digamos de los fascistas independentistas.

Mi historia personal tiene varias fechas a las que recurrir.  Y futuro, eso espero. El futuro a día de hoy, me augura la jubilación profesional –ahora ya si- dentro de tres años.  Incluso pagando una penalización se me ofrece una  reducción de condena a sólo cinco meses vista.  Pero no, máxime cuando el Gobierno es capaz de indultar a los sediciosos y no a un simple trabajador. 

De mi pasado, como cada año en estas fechas, elegiré la del 6 de enero de 1995. Veinticuatro años ya de mi bautizo en esto de salir en los papeles. Veinticuatro años de colaboración con  el  <MENORCA>.  Y añadiría, de terapia antidepresiva.

Porque para mí fue aquella pastillita de la felicidad.  Mi mente deambulaba sin rumbo y llena de rabia tras una injusticia profesional y aquí encontré la válvula de escape, aquel lugar donde poder uno crecer y olvidarse de tanto fantasma que te encuentras por la vida.  Paradojas de la vida, veintitantos años después, otros fantasmas volvieron a aparecer.  Esta  vez, la pastillita de la felicidad, tuvo que venir de la mano del médico de cabecera y como no, de Inspección de Trabajo.

Cuando la carrera hacia la jubilación ya la notas como una carrera de medio fondo, ya no necesitas recurrir a tantos mecanismos de defensa.  Te vuelves asertivo y eres capaz de decirle a quien se te ponga delante que de dictadores, tanto los hay a la derecha como a la izquierda.  Que el dictador nace con el personaje político que cada cual representa y lleva escondido con sus neuras y debilidades añadidas.

Y ya que todos hablan de democracia, elecciones y referéndums, si llegara el caso en que nos dieran a elegir entre  estar gobernados –y no crean que estamos lejos de ello- por una dictadura de derechas o una de izquierdas, –vamos, entre lo malo, lo peor, al revés o simplemente lo contrario-, de votar, mi voto sin duda iría hacia la de derechas.  Vamos, que prefiero vivir sabiendo las reglas del juego a seguir bajo el dominio de unos dictadores neuróticos disfrazados de borregos  y con pistola al cinto.


Y a pesar de todo, Suerte y Bon Any.

PUBLICADO EL 3 DE ENERO DE 2019, EN EL DIARIO MENORCA.