Tenía doce años
cuando se murió Franco. Y dado que en
casa nunca se hablaba de política,
viví la transición y la entrada a la democracia de una forma muy
tranquila y natural. Creo que habrá sido
esta naturalidad y tranquilidad lo que
me han hecho sin duda valorar la libertad en su justa medida.
Libre, porque
no estoy condicionado por traumas infantiles ni lavados de cerebro. Para mí, lo que está bien está bien, y lo que
está mal está mal, venga de quien venga.
Si tengo que alabar a Felipe González lo alabaré y si tengo que criticar
al Gobierno comunista de Iglesias-Sánchez, mientras me dejen, también lo haré.
Durante las
diferentes etapas de nuestra vida interactuamos con muchos coincidentes y por
variopintas causas, ya sea como
estudiantes o más adelante, en el mundo laboral. Durante todo este trayecto te vas dando
cuenta que hay mucho trauma inventado y mucho fantasma suelto. Y no digamos cuando se produce un cambio de
gobierno.
¿Quién no
conoce al típico lameculos que cambia más de camisa que de veces que acude al
retrete? Por desgracia mía, conozco
demasiados y de cada vez más. Pero
bueno, alguno sólo sabe vivir así.
Ahora resulta
que en España, como en tiempos de la Alemania Nazi, al gobierno comunista de
Iglesias-Sánchez no le gusta que se le critique ni que se publique otra
información que no sea la que ellos mismos han elaborado. Vamos, que de momento intentan colocarnos la
“verdad única”. ¿Y el “partido” para
cuándo?
Una verdad que
van fabricando en cada salida a escena.
Sino, que se lo pregunten al ministro de la SS, quien se enteró de la
renta vital del camarada Iglesias, por la prensa. O al menos eso dijo públicamente. ¿O debió ser un montaje de la extrema
derecha?
Los números de
muertos y contagiados, no salen. O bien
los científicos no son tan buenos como nos quieren hacer creer o es que todo es
un cuento chino. En cambio, los números
del CIS de Tezanos que dicen que los españoles estamos muy contentos con nuestros
camaradas presidentes, son los correctos. Y quien diga lo contrario es un fascista
de los cojones, les faltaría añadir.
Empiezo a temer
por esta libertad de la que siempre me he enorgullecido. Creo que si no despertamos a tiempo, vamos directos
a una nueva dictadura. Una dictadura al más puro estilo bolivariano. Y vamos a entrar a ella democráticamente,
como borregos al matadero.
Y lo peor será
que, una vez dentro, ya no podremos salir
de ella, democráticamente hablando, claro.
Venezuela es todo un ejemplo de ello.
PUBLICADO EL 23 DE ABRIL DE 2020, EN EL DIARIO MENORCA.