Aunque el título pueda llevar a error y a confundir a alguien pensando que el “Peter” del principio se refiere al todopoderoso Sánchez, decir que el susodicho Sánchez no es el sujeto del mismo, ni el principio activo de la cosa. El principio de Peter o de incompetencia, se denomina al hecho de que, en una jerarquía todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia. Vamos, lo que otros lo explicarían como que “la nata sube hasta cortarse”.
¿Cuántas veces no se recompensa a un buen empleado
ascendiéndolo a encargado y después no rinde adecuadamente en su nueva función
y se queda como un mal encargado? ¿O el caso de un buen estudiante que no sirve
para profesor, porque asimila, pero no transmite? Podría ser irónico y comentar el caso de una
cajera de supermercado ascendida a ministra, pero no, prefiero no meterme en
cuestiones domésticas -vamos, por aquello de ser “señora de” o “ex -señora de”.
¿Se podrá dar el caso de que un buen encargado sea
un mal empleado? ¿Será por eso que algunos sólo sirven para mandar y en cambio
poco o nada para trabajar? ¿Acaso el mandar no es un trabajo? Eso ya será otra cuestión.
Estos últimos días, la futura presidenta del
Gobierno de España doña Yolanda Díaz ha venido a decir que mucho antes de que
el salva-patrias Peter Sánchez alertara a la población del peligro del
coronavirus, ella ya lo sabía. Y que lo
dijo. Y que no le hicieron caso. Y que
la tacharon de alarmista. Vamos, que
cuando el sabio Simón en un lapsus dijo que en enero ya se conocía, en aquella
ocasión sí que dijo la verdad.
Y no va sobre verdades el escrito de hoy, sino de
competencias –e incompetencias-. ¿Se
imaginan al sabio Fernando Simón de ministro de alguna cosa y Yolanda Díaz como
directora del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias?
¿Hubiera el gobierno de Peter Sánchez ganado en credibilidad en el caso de que
Yolanda Díaz hubiera dirigido el Centro de Alertas y Emergencias? ¿Se hubieran
evitado tantos contagios y muertes?
Es difícil asegurarlo. Imposible más bien. Y siendo políticos, nada fiables. Seguramente
las cosas no hubieran cambiado. ¿Acaso no ha tardado casi dos años en
confesarlo? ¿No será una campaña de imagen, acoso y derribo de los comunistas hacia
los socialistas en busca del sorpasso?
Pero al final de la película, la crítica barajará
algunos posibles titulares: que la culpa fue del PP por ir a misa; de Franco
por volar sobre Madrid; y quien sabe si del emérito con tanto presunto trajinar
de comisiones.
PUBLICADO EL 9 DE DICIEMBRE DE 2021, EN EL DIARIO MENORCA.