Pedro
Sánchez probó de su propia medicina cuando en su peregrinar por la Europa del
Sur y tras agradecer “la hospitalidad del pueblo italiano y del Gobierno
italiano del primer ministro Draghi”, éste le contestó con un “Grazie
Antonio”. Y digo que probó de su
propia medicina, porque los medios en vez de apuntar los dardos del error al
primer ministro italiano, se mofaron del presidente español. Vamos, que los errores de uno, los pagan los
otros.
Más o
menos eso es lo que nos viene ocurriendo a los españolitos que tenemos que
pagar los errores de nuestros gobernantes. Si hay que subvencionar el
combustible, pues lo pagamos el resto. Si hay que subvencionar la electricidad,
pues igual. Y así, vía impuestos se
subvencionan hasta las mariscadas de los sindicalistas de clase, y por eso
mismo quizás, estos señores vestidos en pana y pañuelo al cuello están en
contra de que se reduzcan los impuestos.
Vamos, el mundo al revés. Y todo
eso, gracias a Antonio.
A Pedro
Sánchez (a) Antonio, también se le podría achacar aquel trabalenguas de Rajoy,
en el que decía que: “Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos
mejor, mejor para mí el suyo beneficio político”. Al menos esta es la táctica que parece
practicar en sus decisiones de gobierno.
Así, cuando aparecieron los problemas de los transportistas, en vez de
utilizar el sentido común y bajar algunos impuestos, espera a que la gente se
movilice. Y tras la tanda de insultos y
descalificaciones mutuas, se disfraza de bombero y apacigua el tema. Vamos, que “cuanto peor, mejor”, debe pensar,
y así se lo habrán escrito en “su” Manual de Resistencia.
Pero el
problema que tiene Pedro Sánchez (a) Antonio, ahora mismo es un problema personal. Vamos, de falta de reconocimiento
exterior. Quedó demostrado cuando el
primer ministro italiano desconocía su nombre de pila. Sánchez a secas, pensará otra vez.
Quedó
demostrado también cuando en la reunión de la OTAN quedó relegado al último de
la fila. Vamos, que faltaba que le
dijeran aquello de que “el último que cierre al salir”.
Y ya no
digamos de su preparada “rabieta” en el Consejo Europeo, de que “necesitaba
aire”, como si aquello fuera una función de fin de curso escolar. Al menos, tanta propaganda ha servido para
conocer cómo se conoce a Pedro Sánchez (a) Antonio, fuera de nuestras
fronteras.
Vamos, que a los extranjeros no puede mentirles: Sánchez es simplemente el último de la fila. Y para los españolitos, pues como Putin en Rusia. Un personaje peculiar.
PUBLICADO EL 31 DE MARZO DE 2022, EN EL DIARIO MENORCA.