LA LOCURA DE UN LÍDER

 La semana pasada, por aquello del zapeo, me encontré con la transmisión en directo del Pleno en el Congreso de los Diputados en el que se daba cuenta de las posiciones y gestiones de España ante la crisis creada por la invasión rusa a Ucrania.

Por un momento pensé que quien había invadido Ucrania era Santiago Abascal porque todos los dardos que se lanzaban desde aquella tribuna de oradores iban dirigidos a su persona y a su formación.  Al terminar el descanso que me había autoconcedido y volver a mis tareas domésticas, dejé el tema aparcado, pero no convencido del todo.

Fue más tarde, en otro ya forzado descanso -era imposible que Santiago Abascal apoyara la invasión rusa a Ucrania- cuando mediante la moviola de Internet pude escuchar la intervención del dirigente de VOX, en la que, entre otras cosas, apoyaba la entrada de refugiados de Ucrania.  Vamos, que el demonio no era él, sino que eran el resto de políticos que intentaban engañar al televidente con las manipulaciones a las que, por desgracia, ya nos tienen acostumbrados.

Tampoco oí crítica alguna a las intervenciones ambiguas de los representantes de grupos independentistas ni demás terminados en “istas”, que se dedicaron a atacar a la OTAN, al capitalismo y a los que sólo les faltaba añadir aquel eslogan de los sesenta de “haz el amor y no la guerra”.

Pasa el tiempo y Putin, este loco y asesino mandatario ruso, copia y pega de tantos otros de su calaña como lo fueron Hitler y sus compatriotas Stalin, Lenin y tantos otros habidos y por haber, sigue con su escalada de violencia sobre Ucrania, y amenazante hacia el resto de occidente.

Occidente está acojonada.  Mentirá quien diga lo contrario.  El temor a que se desencadene una III Guerra Mundial es patente, aunque improbable. ¿Quién sabe lo que piensa un loco traumatizado?  Y este temor juega a favor de Putin, como jugó en su día a favor de Hitler.  El final es previsible.  Putin hará lo que quiera con Ucrania, cederá cuanto y cuando le parezca y Europa aplaudirá la capitulación de Ucrania como un mal menor.  Eso sí, apoyo moral, humanitario y económico a carretillas.

Y Europa seguirá en vilo.  La amenaza de una guerra nuclear sobrevuela ya nuestras cabezas.  Y Putin lo sabe. Ya ha ganado, de momento, una segunda oportunidad. Y con sus “hijos de Putin” haciendo de quintacolumnistas predicando el desarme y demás, tiene para más oportunidades.

Una nueva “guerra fría” será el mejor escenario hasta que no se finiquite a Putin.  O eso, o bajarnos los pantalones.


PUBLICADO EL 10 DE MARZO DE 2022, EN EL DIARIO MENORCA