INTENTO DE ENGAÑO

 

Cuando oí a Pedro Sánchez comunicar su intención de convocar elecciones para el mes de julio con toda su retórica que le acompaña, me vino a la memoria una experiencia de la mili.  Corría el año 1982, el año del mundial de fútbol y de las elecciones generales que ganó Felipe González para el PSOE.  Por aquel entonces quien esto escribe no llegaba a los veinte años y era cabo 1º del Ejército de Tierra, destinado en la C.ª Plana Mayor del RI Mahón-46.

Estaba de semana y era una mañana de un día cualquiera. Detecté la ausencia de uno de los soldados en su cometido ordinario.  Por casualidad lo descubrí escaqueado en el lavadero.  A su regreso y al ser preguntado por su ausencia, recibí como respuesta que había sido llamado por el coronel.  Ni que decir que, de primeras, le cayeron cuatro días de arresto por engañar a un superior.  En desacuerdo, el sujeto presentó queja ante un mando superior, quien una vez enterado de que “el coronel no tenía su despacho en el lavadero”, optó por mantener el arresto, eso sí, cambiando el término de este.  Y la razón era obvia.  No podía arrestar por “engaño” dado que si me hubiera engañado no me hubiera enterado de ello.  Así pues, los cuatro días se mantuvieron, eso sí, pero por “intento de engaño”.

Esta lección me ha acompañado durante el resto de los años.  El argumento lo he utilizado en muchas ocasiones.  Pedro Sánchez tiene a mi entender apariencia de ser un mentiroso compulsivo.  A sabiendas o sin querer.  Pero en verdad, no nos engaña.  Intenta engañarnos, eso sí.  Él sabe que el coronel no tiene su despacho en el lavadero.  Y ya debería saber que a él sí que se le ha visto en el cuarto de pilas.  Como también descubrieron en Ferraz la urna tras el biombo.  Era un primero sí, pero de octubre.  Antaño día del Caudillo. Del caudillo Sánchez después.  El de la triada oscura, según Rosa Díez.

Un aprendiz de engañabobos dirá alguno.  Un engañabobos avispado, rematarán otros.  Lo cierto es que mientras aquel sujeto que dijo haber ido a ver al coronel tenía todos los boletos para que su vida transcurriera entre porros y el subsidio de las falsas peonadas; en otro lugar y en otro tiempo, otro sujeto tal vez hubiera intentado obligar al jefe del Regimiento a trasladar su despacho junto a las pilas del lavadero.

Por suerte, le sería difícil encontrar entre los mandos del Ejército a alguien que sucumbiera a dicha bajeza; no así de entre las filas de “su” partido, en que algún “coronel” dará la cara y más, por salvarle el trasero.


PUBLICADO EL 8 DE JUNIO DE 2023, EN EL DIARIO MENORCA.