“Cuando
cometo un error lo reconozco, pero nunca lo cometo”, no es de Sánchez sino
de Napoleón, pero bien podría haberlo copiado y habérselo hecho suyo en su
“Manual de resistencia”.
El título
de hoy sí que lo he copiado. Ha sido del
discurso de Feijóo en la investidura de Sánchez. Desconozco cómo sería él como gobernante,
pero al menos sus discursos prometen. Pero
hoy no toca hablar de Feijóo, ni de Napoleón ni si nos gusta la fruta o el
tiramisú. El escrito de hoy viene
provocado por la carta que nuestro invicto presidente Sánchez (Pedro para más
señas) mandó a sus nuevas ministras, ministros y ministres si los hubiere.
He
destacado de la misiva algunos conceptos curiosos, por llamarlo
cariñosamente. Su orgullo por no
alcanzar un gobierno monocolor y a la vez, mantener la unidad de actuación con
sus socios de gobierno, es algo para él elogiable.
Ya no
digamos cuando sigue haciendo hincapié en “trabajar para reducir la
desigualdad entre los españoles”.
¿De verdad se reducirá la desigualdad entre todos quienes votamos o
podíamos votar el 23J?
Y él
insiste en arengar a sus muchachas, muchachos y muchaches si los hubiere. Se atreve a hablar de “fortalecer la
cohesión territorial y de avanzar en la agenda del reencuentro para garantizar
la concordia en nuestro país”. Y uno
se pregunta, ¿se conseguirá mayor grado de concordia levantando muros?
Y añade más
adelante que “trabajarán para seguir reforzando el liderazgo de España en el
ámbito europeo e internacional”. Y
después de lo dicho, se marchó a ver a Netanyahu, perdón a Mahmud Abbas. Y la armó, diplomáticamente hablando. Y es que en eso tiene experiencia y si no,
que se lo pregunten a Argelia.
Y acaba la
misiva con lo mejor que sería él capaz de articular en cualquier encuentro con
los actores de bus y bocadillo pagado que acuden a la Moncloa. “Honremos la palabra dada y pongamos el
máximo empeño en cumplir los compromisos asumidos ante una ciudadanía que lo
merece hoy más que nunca”.
Vamos, que desconozco si mientras el susodicho escribía la carta ponía sonrisa pícara, irónica, cínica o de estudio médico. También desconozco las caras que debían poner sus ministras, ministros y ministres si los hubiere, mientras la debían leer. Supongo que alguna carcajada debió salir al menos hacia sus adentros. Por si acaso, que no se lo pregunten a Óscar Puente, que éste nos lo aclara con algún ejemplo.
Y sin duda,
no tengo otra opción que terminar el escrito de hoy con el título de este:
Palabra de Sánchez.
Amén.
PUBLICADO EL 30 DE NOVIEMBRE DE 2023, EN EL DIARIO MENORCA.