ENTRE LA RISA Y LA VIDA

 

Mientras tecleo estas líneas me asalta el recuerdo de aquel momento histórico en el que Lola Flores pidió una peseta a cada español para pagar su multa con Hacienda. España entera sonrió, aunque no creo que ninguno aflojara la moneda.

Hoy bastarían unos céntimos -de euro- por cabeza. Y no sería para pagar multa alguna, sino para algo tan noble como salvar vidas. El problema es que, mientras uno hace cuentas, las noticias se solapan y, en el caso del cáncer de páncreas, ese solapamiento no se mide en titulares sino en tiempo de vida que se pierde.

Porque el cáncer de páncreas es uno de los más letales y uno de los más olvidados. Sin inversión no hay avances; sin avances no hay esperanza. Esto lo saben los pacientes, los médicos y cualquiera que no confunda la gestión pública con una parrilla televisiva.

Por eso resulta tan indigesto comprobar que el Gobierno de nuestro amadísimo líder no encuentra recursos para la investigación científica, justo ahora que el doctor Mariano Barbacid ha dado un paso de gigante y solicita apenas tres millones y medio de euros para iniciar ensayos en humanos. Tres millones y medio es calderilla institucional. Pero ese dinero se multiplica por diez cuando el destino es financiar un programa televisivo encabezado por David Broncano. Al parecer, la risa cotiza mejor que la vida.

No se trata de demonizar a Broncano. El humor tiene su función social, pero no frena metástasis. Una cosa es apoyar la creación cultural y otra muy distinta es situarla por delante de un avance científico real. Cuando el Estado decide en qué gasta, también decide en qué no gasta. Qué vidas pesan más.

El mantra de que “no hay dinero” se desmorona en cuanto el dinero aparece, puntual y generoso, para otros fines más políticos.  ¿Qué mensaje se envía a quienes luchan contra el cáncer de páncreas cuando se les dice que no hay presupuesto para su enfermedad, pero sí para reforzar la programación nocturna? ¿Qué credibilidad tiene un Gobierno cuyas prioridades parecen dictadas por la audiencia y no por la urgencia médica?

Gobernar es elegir. Y elegir implica renunciar. En este caso, la renuncia tiene nombre y apellidos. Treinta millones pueden traducirse en audiencia, risas y trending topics. Bastantes menos podrían significar ensayos clínicos, avances científicos y vidas salvadas. Que se haya optado por lo primero dice mucho también. Porque cuando se apagan las cámaras y se acaban los aplausos, queda una pregunta incómoda: ¿de verdad no había dinero o simplemente no era una prioridad?

En  criscancer.org/barbacid/index.html, puedes y pueden hacerlo posible.

PUBLICADO EL 12 DE FEBRERO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.