UNA ANTIGUA ORDEN

Hará de ello tres o más años, en que alguien conocedor de mis inquietudes sobre el pasado reciente, me facilitó un archivo pdf  en el que figuraba escaneada una antigua orden de la Comandancia de la Guardia Civil de Valencia.  Tan antigua, que se remontaba al año en que finalizó nuestra contienda civil.  Que si no…

Hace unos días, semanas más bien, o incluso algún mes –uno ya ha llegado a la etapa en que con el término de “unos días” aglutina todo un curso escolar- dos noticias provocaron el rescate de aquel pdf guardado en Mis documentos.   Una de ellas fue publicada en este mismo medio y adelantaba el enfado de los sindicatos ante  la noticia de que en algún borrador del reglamento del Cuerpo Nacional de Policía  se barajaba la obligación  de que sus miembros  al dirigirse a un superior deberían hacerlo bajo la voz de “a sus órdenes”.

La otra, más drástica,  la encontré en el navegador de Internet:   Un guardia civil ingresaba en la prisión de Alcalá Meco para cumplir una condena de tres meses y un día -por unos hechos que se remontaban al mes de junio de 2010 y en un destacamento de Canarias-,  y en el que se le acusó de insultar a un superior, un cabo concretamente. ¡Que si llega a ser a un capitán o a un coronel, no digamos!.

Uno, que de tanto en tanto se despista, hace un reset y actualiza su calendario.  No hay duda, el ordenador me confirma  que estamos en el siglo veintiuno y la noticia parece extraída de la década de los pasados cincuenta. 
Y uno se vuelve a extrañar. Cuando en las escuelas se ha perdido el respeto que se le tenía al profesor, cuando  ya no se levantan del autobús para que una persona mayor tome asiento ni se cede la acera, cuando decenas y decenas de famosos folklóricos y de implicados en la cosa política, se salvan de entrar en la cárcel por delitos más graves, como pudiera ser el siempre presunto ilícito penal   de  transportar de un lugar a otro grandes cantidades de dinero sin el conocimiento del fisco;  cuando decenas de banqueros se han enriquecido a costa de los ahorros de sus clientes, cuando…., van y encierran a un trabajador por insultar a uno de sus jefes.

¿Por qué en vez de encarcelarlo  no lo suspenden de empleo y sueldo o lo despiden?  ¿Tan grave es un insulto cómo para privarle de libertad? ¿No es más grave quien pega a su pareja, conduce borracho  o deja de pagar la manutención de sus hijos, y siempre suele haber alguna argucia legal que evita su entrada en la cárcel?

¿Y por la misma regla de tres –proporcionalidad directa, dirían los nuevos educandos- mandarán  a la cárcel quienes en una manifestación, tumulto o aglomeración,  vociferarán frases  políticamente incorrectas hacia nuestras instituciones y gobernantes?  ¿No dijo el rey en su famoso discurso de Navidad, de que la justicia era igual para todos? .

Y a la Navidad nos referíamos al principio.  Pero años atrás. Muchos años atrás.  En el Año de la Victoria, según reza tras la fecha. En Valencia, y a 25 de diciembre de mil novecientos treinta y nueve.  Y la orden de la Comandancia es clara. Clarísima. Sin lugar a dudas.

Extractada, la orden dice así “Dentro de seis día me dará V. cuenta de que todos los Guardias y V. tienen sus carpetas, libros, etc, en una palabra, su documentación completa, y la documentación del Puesto también completa, sin excusa ni pretexto de ningún género, que no admitiré; las documentaciones con sus carpetas rellenas, quiere decirse que si no lo tienen en forma reglamentaria por carecer de material, será en forma antirreglamentaria, pero lo han de tener completo, en papel negro, blanco, amarillo… o en papel estraza… o en ladrillos, si otra cosa no hubiera…..”

Más adelante, continúa “y si al pueblo volviese o a su demarcación, algún individuo indultado o amnistiado, se le vigilará tan convenientemente que, ni beba, ni duerma ni haga nada en ningún momento sin que nosotros lo sepamos, ni se moverá para ningún otro sitio sin permiso del Comandante del Puesto, y sabiendo éste porqué va, para que va, y cuanto crea conveniente”.   

Y no crean que con el tiempo el comandante se relaja, porque ya lo dice que “El descanso que pueda esperar a la Guardia Civil  hasta que la Patria entre en sus cauces es, comer poco, dormir menos, trabajar de las 24 horas del día lo menos 48.  No quiero ni un permiso, ni una licencia, ni aún por enfermo, ni quiero enfermos.  El enfermo presta servicio, y cuando se muere uno se acaba y en paz.”

            Visto –leído, mejor- lo anterior,  cualquier batallita que nos cuenten en los nuevos Frentes de Juventudes –llámeseles Club de Jubilados- nos parecerá poco.  También nos podrá llegar a parecer  exageradas las protestas de sindicatos y demás movimientos ciudadanos  por las órdenes y recortes dados.  Porque ya lo dice la orden: “ Hay que ser españoles no cien por cien,  pues esto es una miseria, sino lo menos un diez mil por mil.  Somos españoles y hay que sacrificarse por España, detrás de ella nadie, delante muchos menos. Al lado de ella TODOS.  Las puertas de España están abiertas para todo aquel que quiera salir y no sea delincuente, de modo que el que quiera quedarse ha de tomar todo lo malo, y poco bueno”.


            Sin duda, eran otros tiempos.  Para que ahora venga alguien, y nos diga que tiempos pasados fueron mejores.  ¡A la cárcel con él!.

PUBLICADO EL  4 JUNIO 2013, EN EL DIARIO MENORCA.