Justo antes de empezar el
escrito, estaba convencido de que me gustaba la historia, a pesar de ser de
ciencias. Lo que ha provocado la duda
interna ha sido la mirada atrás. Y la
reflexión.
Me imagino una carrera y
el corredor en cabeza gira la cabeza y se da cuenta que el segundo le pisa los
talones. Ello hace que reaccione y que acelere al máximo para conseguir llegar
el primero. La mirada atrás, ha
provocado una acción-reacción que marcará un antes y un después. La cuestión no es quién haya subido al
pódium, sino qué hubiera ocurrido de no haber girado la cabeza en su justo
momento.
La mirada atrás motivó que
la maquinaría se pusiera al máximo. ¿Y
por qué, por defecto, no la ponemos al
máximo sin necesidad de algún estímulo añadido?
La frase de que los pueblos que olvidan su historia están obligados a
repetirla, viene a ser lo mismo. Hay que
mirar atrás, para avanzar. Y lo curioso,
es que damos por hecho que lo pasado es peor que el presente. Y no siempre fue así. Y más ahora.
La frase de que la
historia la escriben los vencedores, también sería bueno tenerla presente. Y
que la reescriben los neo vencedores también.
En fin, que vivimos de historias, más que de la propia historia. Discernir la verdadera ya entra en un juego
peligroso. Entra en juego el
historiador, los intereses, y la formación.
Intereses y formación de la parte activa y como no, de la pasiva. La nuestra, claro.
¿Y qué ganamos en aplicar
el conocimiento de la historia para construir nuestro presente y proyectar el
futuro? Sin duda, no caer en los mismos errores. Pero ¿qué errores? ¿Por qué no
empezamos por construir voluntades? ¿Tan difícil es construir una mirada limpia
y pura? ¿Debemos siempre trabajar con la mirada puesta en quién o cómo se nos
clavará el puñal por la espalda?
Llevamos muchos siglos de
historia y … o bien hemos suspendido asignatura año tras año, o no nos ha
servido de nada su conocimiento. Y aquí sí que la historia nos da la razón, porque
los avances más notables han sido mediante el uso y el estudio de la
ciencia. Ni doctrinas ni religiones,
sino todo lo contrario.
Aunque eso sí, hemos
aprendido a dar por bueno todo lo que está escrito y nos es favorable, y
relegar a la papelera de reciclaje el resto, así como creernos las desgracias
de nuestros adversarios y desmitificar sus virtudes. Vamos, que estamos anclados en los pasados,
mientras mantenemos el freno al futuro, intentando ya no avanzar, sino desgastar al vecino.
Muchas películas hemos
visto.
PUBLICADO EL 15 DE SEPTIEMBRE DE 2016, EN EL DIARIO MENORCA.