Algunos me recriminarán por escribir de política en un día tan señalado como el de hoy. Y puede que tengan razón, o que al menos algunos se la den. No me importan las críticas. Yo también opino y tampoco me hacen caso, así que estamos a la par. Y es más, les diré que estoy en contra de todo lo que se congregue en una fecha de calendario. ¡Cuánto hipócrita anda suelto! Estoy en contra de que durante el resto del año las lápidas permanezcan sucias y olvidadas y que nadie se avergüence por ello; de que la fecha de hoy se dedique a los jerarcas de la Iglesia y que al resto de los difuntos se les retrase a mañana su festividad. Y muchos mortales, sin enterarse de ello.
Y de banderas habla el título de hoy. Rojigualda, para más señas. Resulta que en estos últimos tiempos, cuando toda noticia que se publica da la sensación de que el CIS ya trabaja en nómina del PSOE y que los del “proceso catalán” ya dictan las conclusiones provisionales al Gobierno, salta otra noticia escondida en páginas interiores de Internacional, en la que unos marroquíes son condenados a varios años de cárcel por ultrajar la bandera nacional marroquí. Y eso que ni la quemaron ni la pisotearon ni nada parecido.
Y aquí en esta España nuestra, queman retratos y banderas, y poco les falta para que alguien los condecore como héroes de la resistencia antifascista. Y si por aquellas cosas no se les condecora en España, no se preocupen que ya prepararán pasaje para que los tribunales belgas les cuelguen medallas e incluso el pitorro del botijo si lo llegan a pedir.
Y con los marroquíes pasa todo lo contrario. El ultraje no se hizo sobre su bandera, no. Lo que hicieron estos marroquíes para que les condenaran por ultrajarla fue enarbolar la bandera española en un estadio de fútbol. Vamos, que ya me veo a todos quienes enarbolan las banderas cubana-puertorriqueñas entrando en prisión en caso de celebrase una final de Copa en tierras marroquíes.
Y ante esta noticia, uno inevitablemente tiene que preguntarse por el tipo de suerte que habrían corrido estos súbditos alauitas de haber quemado su propia enseña nacional. Y muy por seguro que ni los autollamados defensores de derechos humanos, ni algunos de los mal llamados abogados de pacotilla, levantarían el brazo para defender ya no la libertad, sino la vida misma, de estos jóvenes marroquíes.
Y si España es fascista por juzgar a quien incita a matar ¿cómo calificarán a Marruecos quienes defienden a estos incitadores de la violencia?
PUBLICADO EL 1 DE NOVIEMBRE DE 2018, EN EL DIARIO MENORCA.