La
consellera de Salut, aunque no lo dijera, lo dijo: “Está prohibido fumar en la
vía y espacios públicos”. Y luego vino la excepción: “a menos que se haga en
los paseos marítimos y se garantice el metro y medio de distancia”. Y además, añade que el incumplimiento de ello
está castigado con una multa de hasta cien euros.
Lo
curioso de la norma que entró en vigor el pasado lunes trece, es que nadie ha levantado ceja alguna. Ni los restauradores ni los estanqueros, ni
por supuesto, los fumadores. Atrás
quedaron aquellas zonas de fumadores, o aquellas terrazas medio cubiertas en
invierno para facilitar el rápido difuminado del humo. Fumar está prohibido.
La
resolución de la consellera de Salut i Consum, añade otras excepciones donde
también se podrá fumar. En las playas, en las piscinas y en los espacios de la naturaleza
o al aire libre fuera de población,
también se podrá fumar.
Y
lo curioso del caso es que se prohíbe fumar –que es malo para la salud-, pero no prohíben beber alcohol –que además de
ser dañino para la salud lo es también para la convivencia-. Días más tarde, forzados por lo que a todas
luces todos sabíamos que ocurriría –todos menos el Govern- resuelven cerrar a cal y canto unas calles
concretas. Ni alcohol ni perritos
calientes. Ni bocadillos de jamón, ni
café con leche. Todo cerrado. Todo prohibido.
Vamos
que pasamos de un extremo a otro, y de la improvisación a la prohibición. En una entrevista lo dejan bien claro: “había
relajación y no íbamos bien”. Vamos, que
por resolución del BOIB uno retrocede a los tiempos en que los profesores
castigaban con la regla y hacían copiar el enunciado a mitad de la clase o en
aquellos tiempos de la mili en la que toda la sección era castigada a recorrer
la pista a paso ligero.
En
la entrevista lo que no queda nada claro son los porqués de las
excepciones. Suena excusa las
explicaciones dadas a lo de los paseos marítimos, o la de los jóvenes en sus
actividades de ocio con su grupo de convivencia. ¿Qué joven quinceañero juega
con sus padres en nuestros días? ¿No será que pretenden que los visitantes
puedan hacer vida más normal en un determinado ambiente que en otro?
Y
ya no hablemos en la tozudez a no imponer medidas de control profiláctico a
viajeros de zonas calientes –Cataluña por ejemplo-, y más aún cuando se ha
disparado el número de empadronamientos tras el confinamiento.
Razón
tenía Jacinto Benavente cuando dijo que “los
dictadores pueden reformar las leyes, pero no las costumbres”.
PUBLICADO EL 23 DE JULIO DE 2020, EN EL DIARIO MENORCA