Tal
y como está el patio últimamente creo llegado el momento de hacer una
autocrítica y lanzar un mea culpa. Pido
perdón, sí. Pido perdón públicamente por
ser blanco. Pido perdón por ser
hombre. Pido perdón por tener trabajo,
por tener una vivienda, por tener una familia, por pensar libremente sin
coacción alguna, por….
Y
no terminan aquí las culpas a expiar, no.
Pido perdón por ser y creerme menorquín y a la vez por ser y creerme
español. Pido perdón por no aceptar las imposiciones de algunos en cuanto a temas
lingüísticos ni soberanistas. Pido
perdón también –ya que estamos- por no creerme las versiones oficiales del número
de fallecidos por el Covid-19. Pido
perdón por desconfiar de los dirigentes podemitas. Y lo más importante, por no
creerme muchas de las palabras del médico Simón. Y dudar –y mucho- de la gestión llevada a
cabo por mi gobierno.
Pero,
¡qué carajo! ¿Por qué voy a avergonzarme de ser blanco? ¿O de ser hombre? ¿O de
todo lo demás? Quien tiene que
avergonzarse es el racista y quien hace un mal uso de este término a diestro y
siniestro. O el pederasta, el abusador,
el asesino, el maltratador, el machista, el vago, el vividor, el lameculos. ¡Y
seguro que ellos no lo hacen!
¿Y
por qué voy a renunciar a discrepar de algunas decisiones tomadas por mi
gobierno? ¿O del jarabe democrático que
tanto le gustaba a Iglesias? ¿Acaso no vivimos en una democracia? ¿Acaso no
puedo pensar y expresar mis ideas, mis convicciones y mis pensamientos?
Y
ya no es que pida perdón, sino todo lo contrario. Me enorgullezco de ser lo que soy y como soy. ¡Y faltaría más! Me enorgullezco de ser
hombre, de ser blanco, de tener trabajo, de tener vivienda, de tener una
maravillosa familia, de tener libertad, de expresar mis pensamientos, de
criticar a mis políticos de turno….
Y
añadiré que me enorgullezco de todo lo que soy de igual forma que lo haría si
fuera negro, amarillo o verde…; de igual forma que si fuera mujer, homosexual o
demás términos existentes; de igual forma si fuera mallorquín, valenciano,
gallego o ruso. ¡Faltaría más, que por
intentar parecer políticamente correcto fuera hipócrita y renunciara a mi
libertad!
Y
es más, añadiré la coletilla final y diré que desprecio a tanto hipócrita, a
tanto lameculos, a tanto embustero, a tanto racista, machista y demás términos que
hace años deberían haber sido eliminados del diccionario. Aunque claro, al final todo es como el ying y
el yang. Sin los unos, los otros
perderían fuerza, fuelle o existencia.
PUBLICADO EL 2 DE JULIO DE 2020, EN EL DIARIO MENORCA.