Se atribuyen
a Manuel Azaña las frases de que “en España la guerra no la hacen los
ejércitos, la hacen los odios”, “quizá el enemigo de un español es
siempre otro español” y la pregunta retórica de “¿qué se han hecho los
españoles unos a otros para odiarse tanto?”. Aunque llegó tarde al diagnóstico lo dejó
escrito para la posterioridad. Poco nos
ha servido.
Otro que
presumió de talante también nos dejó su huella. Me refiero a José Luis
Rodríguez -Zapatero para más señas-. Su aportación no fue tanto literaria como
confidencial, off the record, como corresponde a los grandes momentos de
sinceridad política. A uno de aquellos periodistas-comunicadores tan
característicos del ecosistema mediático y afín a sus postulados le dejó caer
aquella joya: “Nos conviene que haya tensión. Voy a empezar a partir de este
fin de semana a dramatizar un poco. Nos conviene mucho.” Dramatizar, tensionar…
Y así,
entre dramatización y tensión creativa, llegaron tiempos nuevos y los escraches
vinieron de Sudamérica y aparecieron en el diccionario. Y en la calle. Jarabe democrático. Expresión del pueblo, le
llamaron. Saludable expresión, eso sí,
siempre que el pueblo gritara en la dirección correcta.
Dramatizar,
tensionar, odiar… Tres verbos y una sola persona. Ya no es necesario el mérito para
ser analista político y acudir a tertulias televisivas. Sólo con tener buen
pito de voz ya tienes mucha carrera ganada. Y ya no digamos si el atuendo lo
complementas con un cabestrillo a juego.
El monstruo
ha ido creciendo. Los usuarios ya no son
sólo del espectro de la izquierda. Ni
los sujetos pasivos son de derechas. Los
sujetos activos ahora son universales, dirían en términos societales. Y eso no
acaba de gustar.
Tampoco
parece muy popular recordar el escrache que sufrió Begoña Villacís cuando
estaba embarazada de nueve meses, episodio en el que algunos de sus promotores
se jactaron de habérselo hecho a una “barriguita facha”. En cambio, ahora una
asistente a aquel escrache pide en redes sociales respeto y el fin de estas
violencias contra mujeres de izquierda por el simple hecho de ser “poderosas”.
Dramatizar
y tensionar sigue vigente. El odio del que nos habló Azaña, también. Y en
aumento. Pero ¿es todo odio? ¿Es
legítimo odiar? ¿Es lo mismo el odio que incitar al odio?
Durante
tiempo se llamó fascista a cualquiera que defendiera ideas distintas a las de
la izquierda. Hoy ni siquiera hace falta defender una posición concreta, basta
con no compartir la oficial para recibir esa etiqueta.
Ahora
nuestro amado líder se atribuye el mérito y el remedio ¿Llegaremos del Hodio a
la Zensura?
PUBLICADO EL 19 DE MARZO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.