VISITA PAPAL

 

La visita a España de León XIV no ha dejado indiferente a nadie.  Ha logrado lo que hasta ahora nadie fue capaz, al menos, en las últimas décadas. Podríamos mencionar desde que al himno nacional no se le silbara a que Pedro Sánchez acudiera a una misa.

Lo más anecdótico sin duda fueron los ojos chispeantes en el besamanos de la diputada defensora de los proetarras o la acaparación de manos por parte de la representante independentista catalana, y ya no digamos la postura en formación del republicano catalán de raíces andaluzas.  Todos querían lo mismo: la foto y la mano. Y todos quedaron contentos.  Por cierto, el Papa se marchó tal como vino.  Vamos, con el anillo en el dedo.

Madrid, Barcelona y Canarias.  Como la Santísima Trinidad.  Cada uno a su estilo.  Lo institucional, lo diplomático y como no, lo social.  Brilló sin duda Barcelona.  Se lo merecían. Aunque para brillar, más de quinientos cantores tuvieran que salir escoltados antes de finalizar su actuación.  Y nadie protestó airadamente. Esta vez, sí se encontraron las urnas. O las esteladas, mejor. Y el lemosín que no falte.

Cada uno oyó lo que quería oír.  Casi todos aplaudieron. Y los pocos que no lo hicieron, al menos se pusieron en pie.  La ovación más larga en años, dicen los comentaristas. Y uno se pregunta, por qué no seguir un tiempo así.  Los republicanos aplaudiendo a un Papa, a un jefe de Estado elegido por unos pocos.  Unos ateos buscando cobijo tras la sotana blanca. Unos progresistas buscando apoyo a sus políticas y unos conservadores hablando de espiritualidad del pueblo español y de la defensa de la vida.

Una semana ha dado para mucho.  Incluso para que algunos casos pasaran desapercibidos, acallados, en silencio espiritual.  Los collares de Zapatero se revalorizaron en el peritaje.  Esta vez no necesitó salir en bolsa ni llegar a la subasta.  La fontanera de Ferraz - ¿o deberíamos decir de la Moncloa? - sigue aportando ríos de tinta en los papeles y mares de datos en la red. Y quien no pasó desapercibido fue Iberia.  Fiel a su línea, el aparato no despegó.  ¿Fue un retraso horario o simplemente fueron problemas técnicos?  Al menos, el Falcon no falla.  Y fue el rey Felipe VI quien cedió el suyo.  El del presidente, ni estaba ni se le esperaba.

Y esta semana post visita papal, viene cargada.  Begoña Gómez y Rodríguez Zapatero tienen paseíllo judicial. O al menos, eso se espera. Vayan o no, ya es otra cosa. Depende. Y ¿de quién depende? Pues eso, que se le pregunten a P.S.  Al menos, esta vez ya está identificado con nombre y apellido.  Y eso que esta vez no había tantas pistas.

Amén.

PUBLICADO EL 18 DE JUNIO DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.