Hay cambios que se introducen poco a poco, casi sin que nadie repare en ellos. Se cambia una palabra, se modifica un nombre aquí, una denominación allá, y con el paso de los años lo que parecía una pequeña variación termina como si siempre hubiera sido así.
Durante generaciones, los mahoneses habíamos celebrado
las fiestas de la Mare de Déu de Gràcia. Sin embargo, desde hace ya demasiados
años se nos viene imponiendo la denominación Festes de Gràcia. Y lo
llamativo es que esta sustitución coincidió casi a la vez con otros cambios: Mahón
pasó a ser Maó, y el menorquín a ser absorbido por el catalán.
El procedimiento es sencillo. Está en los primeros capítulos del manual del
político infiltrado. No hace falta prohibir una palabra si conseguimos que deje
de utilizarse. Se introduce una nueva
denominación en los documentos oficiales, en los carteles, en las
instituciones, en los medios de comunicación y en los discursos públicos. Al
principio conviven las dos formas. Después una empieza a ser considerada la
correcta y la otra, poco a poco, queda relegada a los viejos del lugar.
Si podemos eliminar la tradición con una denominación
más moderna, oficial o políticamente conveniente, ¿por qué detenernos en Mahón
y en la Mare de Déu de Gràcia? ¿Por qué no llamar simplemente a nuestras
fiestas Festes de Mô? Más corto. Más auténtico. Más nuestro. Tal vez así ganaríamos en que la fiestas unirían
y no dividirían. No se puede negar que Mô representa al conjunto de los
mahoneses. ¿O sí?
Y hay más. ¿Por qué no cambiamos la fecha de las
fiestas? Últimamente tenemos bastantes
posibilidades de encontrarnos con unas fiestas pasadas por agua. Año sí, año
también ha habido actividades que se han tenido que suspender. O como mínimo trasladar de fecha o de
espacio. Y con el famoso cambio
climático lejos de solucionarse, lo más probable es que determinadas
situaciones meteorológicas, olas de calor y lluvias torrenciales, se hagan cada
vez más frecuentes. Entonces, si realmente queremos unas fiestas que permitan
disfrutar de la calle, de las plazas, de los caballos y de la participación de
vecinos y visitantes, ¿por qué no estudiar la posibilidad de trasladarlas a una
fecha más a finales de primavera o a principios del verano, cuando las
probabilidades de disfrutar de un tiempo más estable sean mayores?
¿Por qué no recuperar, por ejemplo, la tradición de
celebrarlas alrededor de Sant Joan, como se hacía en la antigüedad? No sería, después de todo, ajeno a nuestra
historia. Aunque ya me imagino celebrando las fiestas de Joan.
Y de la Mare de Déu de Gràcia ¡Molt bones festes!
PUBLICADO EL 3 DE SEPTIEMBRE DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.