Uno ya no sabe si la
noticia es para tranquilizarnos o si todo lo contrario, para ponernos el
corazón a ciento y tantos por minuto.
Hace pocas fechas que aparecía la noticia de que a partir del próximo año,
a los mayores de cincuenta años se nos remitirá una carta en la que se nos
indicará de cuál podría ser nuestra posible pensión futura cuando lleguemos a la edad legal de jubilación, eso sí, de mantenerse el
actual nivel de cotizaciones y por supuesto, de mantenerse la legislación
vigente.
También avisan de
que dicha carta no supondrá un compromiso de pago ni tendrá efecto jurídico alguno. No lo dice, pero es de suponer que el único
efecto que produzca sea el de miedo y angustia a un futuro aún más
desconocido. Y no digamos cuando estas
cartas empiecen a mandarse a los que tienen
cuarenta años, y a los de treinta, con mitad de vida en el desempleo y
la otra en contratos basura y medias jornadas.
Y el mensaje es
claro: “Usted no va a cobrar una pensión digna, ni nada que se le parezca. Le aconsejamos, eso sí, que se haga un plan
de pensiones, que lo invierta en una entidad bancaria y así a su jubilación,
disfrutará de un añadido a la misma”.
Y uno, desconfiado
ya con los unos y con los otros, se atreve a escribir una segunda parte al
aviso: “Usted no cobrará ninguna pensión
digna, de eso puede estar seguro. Nadie
le engaña. Ahorre cada mes la mayor
cantidad de dinero que pueda, e inviértalo en comprar oro. Esconda en su casa el oro que pueda ahorrar
cada mes y guárdelo en un sitio en el que ni usted pueda hacer uso de él. Cuando llegue a la edad de jubilación, vaya
empeñando o vendiendo cantidades mínimas según sean sus necesidades. Sólo así se asegura una buena inversión. Sólo así se asegura disponer de liquidez en
cada momento. Sólo así se asegura
de que ni la troica ni ningún gobierno ni ningún banquero,
decidirán su futuro económico.”
Y uno puesto a
preguntarse, se pregunta por qué no mandan más cartas a todos los posibles
presuntos y les indican las penas en que pueden incurrir en caso de
delinquir. Eso si, dejando claro que los indultos, apelaciones y
demás atenuantes no están contemplados.
Y puestos que estamos, no estaría de más, que dichas cartas también
incluyeran un apartado ficticio en el que se contemplara que en caso de que
todos los chorizos habidos durante los veintitantos últimos años, devolvieran
lo robado al erario público, qué
incidencia tendría ésta con la revaloración de nuestras pensiones.
Y puestos a
aportar más ideas, ¿por qué el Estado no
se hace depositario de los fondos de pensiones y demás cargas que satisfacen
los obreros y empresarios, y a la jubilación de cada uno, se le paga según sea
el depósito? ¿Por qué ningún gobierno ni actual ni anterior, ni sindicato, ni
empresario, ha sido capaz ni de hacerlo ni de sugerirlo? ¿Qué intereses hay y
ha habido en no querer hacer una caja individual sobre las pensiones de cada
uno?
¿Qué garantía tiene
uno de que lo que disponga en una caja común llamada entidad bancaria, rendirá
suficiente después de impuestos, talas y derramas?
¿Por qué nos
recomienda el gobierno de turno que invirtamos en planes de pensiones en vez de
ahorrar en nuestras casas? ¿Qué
intereses hay de que el dinero se aleje
de nuestros bolsillos?
PUBLICADO EL 1 DE ABRIL DE 2013, EN EL DIARIO MENORCA.