EL VOTO DEL ABUELO

 

En España, aunque suspendamos en comprensión lectora, somos más astutos que los chinos. Tan astutos que hemos perfeccionado una curiosa modalidad de voto.  Cuanto más lejos vives, más derechos tienes. Al menos tienes el derecho a que no te afecten las decisiones que tomes.  O que tomen otros.

Sánchez lo tiene claro. Un español puede irse a vivir a Australia durante cuarenta años, trabajar allí, pagar allí sus impuestos, tener allí su casa, sus hijos y sus nietos… y seguir votando si Sánchez sigue o no de presidente. Y de paso, qué impuestos deben pagar los españoles que trabajan y viven aquí.

Y hay más. Para Sánchez si el abuelo era español, el nieto también. Magnífico. La memoria histórica merece respeto. Pero ¿en qué momento dejamos de hablar de ciudadanía y empezamos a hablar de genealogía electoral? Porque una cosa es conservar la nacionalidad española y otra muy distinta es decidir sobre un país, estado, patria, nación o como quiera llamársela, en el que nunca se ha vivido. Y en el que posiblemente nunca se vivirá.

Lo mismo ocurre con el Sahara español. España administró aquel territorio hasta que llegó el emérito. Y nos fuimos antes que nos echaran.  Y por eso mismo tiene una responsabilidad histórica. Reconocer a los saharauis que puedan acreditar su vínculo con la administración española puede ser una cuestión perfectamente legítima, aunque no lo hicieran cuando pudieron hacerlo. Pero no deberíamos confundir reparación histórica con representación política. Muchos saharauis lucharon contra España por un Sahara independiente, no para que sus nietos puedan ahora convertirse en españoles medio siglo después. Y no solo eso, sino decidir a qué médico o a qué escuela pueden ir nuestros nietos.

No digo de quitar nacionalidades. Ni de perseguir emigrantes. Ni olvidar a los exiliados. Ni negar el derecho a regresar. Simplemente que las decisiones deberían tomarlas quienes puedan padecer las consecuencias de aquello que votamos. Vamos, que quien se mueve no sale en la foto.  Y añadiría, quienes sostienen el sistema con sus contribuciones, impuestos y demás.

El diplomático, el militar desplazado, el que se encuentra temporalmente en el extranjero por estudios o de turismo sigue residiendo en España, pero quien convierte a otro país en su hogar durante cuarenta años debería aceptar que su relación política con España ya no es exactamente la misma que la de quien vive aquí. Y si algún día regresa, vuelve a participar plenamente.

De lo contrario habrá más españoles fuera que dentro de España.  Y ya se sabe aquello de, “de fuera votarán que de casa nos echarán”.

PUBLICADO EL 17 DE SEPTIEMBRE DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.