La noticia duró unos pocos días, pero fue
suficiente. Los jóvenes españoles habían perdido veintitantos puntos en
comprensión lectora. Matemáticas y Ciencias, también acusaban un descenso. Uno
ya no sabe si la nueva generación es más lerda que las anteriores o simplemente
el causante de todo ello es el sistema. O del ático de Ayuso, por supuesto.
Coincidió con la invasión marroquí de
Ceuta. Ahora todo coincide con Ceuta. Llega el reportero y hace la pregunta que
todos se esperan. ¿Hay colapso en la
Sanidad de Ceuta? La respuesta no se hace esperar. No es una respuesta
afirmativa. Tampoco es negativa. Mucho menos ambigua. La contestación es de
argumentario, que dirán ahora.
La culpa, por si no lo sabían, era de
Ayuso. Con las privatizaciones de la Sanidad madrileña, con los chanchullos de
las listas de espera, y ya no digamos del ático comprado por la Comunidad. Y
nada dicen de la foto de Feijóo con Dorado. Ni del famoso espray defensivo. De
momento…
Rebobino por si mi comprensión auditiva me
ha hecho una mala jugada, pero no. El
presentador del espacio televisivo también hace una mueca de sorpresa. No era
la primera vez durante aquel programa que un miembro -o miembra- del Gobierno sanchista
da respuesta del ático en una cuestión sobre Ceuta.
Y me preocupo. Me preocupo porque observo
que mis gobernantes posiblemente tengan un déficit de comprensión oral. Incluso me atrevería a asegurar que también
lectora. ¿No será que los informes que se mandaron desde los Servicios de
Inteligencia fueron mal comprendidos? ¿Será verdad que no se leyeron porque no
iban en sobre lacrado?
Al final, va a resultar que los veintitantos puntos
perdidos en comprensión lectora no son un drama del sistema educativo, sino un
estricto manual de oposiciones para la función pública de lacayo superior.
Porque seamos honestos: ¿para qué demonios queremos ciudadanos capaces de
analizar textos complejos si lo verdaderamente moderno es gobernar a base de
sobresaltos argumentarios, consignas de telediario y echarle la culpa de la
invasión a la Comunidad de Madrid?
Así que no se alarmen por el informe PISA. Al
contrario, aplaudamos la eficiencia de nuestros dirigentes. Han conseguido que
el fracaso escolar no sea un lastre, sino la piedra angular de la sociedad
moderna. Total, para gobernar un país de lerdos —según las estadísticas
oficiales—, lo mejor es empezar por disimular que uno tampoco entiende lo que
lee. O lo que le dicen.
¿Será una educación subjetiva, como diría el ministro Marlaska? ¿Será un requisito indispensable para perpetuarse en el Consejo de ministros, ministras y ministres?
PUBLICADO EL 1 DE OCTUBRE DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.