UN JUEVES DE VERANO.

O un martes, o un viernes, actualmente tanto da. Ya sea por la parte de Llevant, Centro o Ponent, hay bastante diversidad para entretenerse uno, o al menos para practicar de turista. Y no hace falta invertir del bolsillo propio, de sacar la billetera, vamos.

Hace tiempo que uno no disfruta de las vacaciones, si entendemos a éstas como la desconexión total, y más aún si a ellas añadimos el uso del avión para alejarnos de la normalidad. Pero el amago también es posible. Y aunque parezca raro, ahora más. Más, porque el ambiente existe. O el reclamo. O el flautista, quien sabe.

El pasado jueves practicamos de ello. En el puerto, claro. Y en el de Mahón, por supuesto. Y como no, utilizando el ascensor, que para esto está. Y vaya si se usa. Subía y bajaba que ni se paraba para respirar. Y lleno en la subida, y por supuesto en la bajada. Y uno no es consciente de lo necesario que era, hasta que no lo ha probado. Es muy cómodo aparcar y encontrarte en el mismo puerto, como en la vuelta, encontrarte a pocos metros del coche. Y más cómodo es pasear por el puerto.

¡Vaya que sí!. Los coches no circulan. Los peatones pasean, y no entre las terrazas ni en el borde mismo del muelle. La calle es nuestra, piensa uno. Y no lo dice Fraga, sino uno mismo. Los niños corretean, los mayores pasean y parlamentan. Y quien puede, se sienta e invierte en los locales de restauración y de ambiente. Y quien no, amortiza unas horas de asueto, desconecta de lo cotidiano e incluso se socializa uno. Vamos, que se relaciona, que nada tiene que ver con tendencia política alguna.

La otra parte del puerto, la notas seria, apagada, muerta. Aunque puedas transitar por una mitad de la calzada, no te atreves. Te sientes como en fuera de juego y esperando que el árbitro te señale la falta. El juez de línea no te acusa ni el silbato te frena, pero cedes el balón y te sales por la tangente. Al borde del muelle mejor. Que la acera no te deja perspectiva ni la visión es de pájaro. Pero al poco, tu mirada se dirige a aquellos barcos, yates más bien. Y a los marineros de éstos que, aunque ya de noche, aún limpian el casco, la entrada y la pasarela.

Piensas en tu billetera y te acuerdas que a propósito no portas más de veinte euros. Un helado, vamos. A propósito…. y por necesidad. Aunque en aquel ambiente no puede uno pensar en la crisis ni en la subida de la luz. ¿Qué crisis?. Aquellas terrazas llenas no entienden de crisis. Y menos cuando los restauradores cuantificaron en millonarias las pérdidas por el cierre de antaño. Y los millonarios yates expuestos uno al lado de otros. Y otros. Y más. Y sus dueños, claro. Y eso que dicen que el de Mahón es caro. Crisis, ¿qué crisis?

Pero la otra mitad del puerto sigue apagado. Pasan coches, pasan, pasan y no se paran. Tampoco hay donde pararse. Los aparcamientos están llenos. El ambiente está al lado. Al otro lado, tras la valla. Sigues y te detienes ante el acantilado. Acabas de bajar por un ascensor y te planteas la necesidad de otro. Al otro lado. Equidistante, dirán los entendidos. Necesario, añadirías tú. Y aquí vuelves a palpar la necesidad de la inversión pública antes que la privada. O al revés. O la complicidad de ambas, quien sabe.

¿Por qué no se construyó en su momento un edificio de aparcamientos que uniera el puerto con la plaza de la Miranda? ¿Por qué no se aprovechó cuando la construcción del parking de Sa Plaça, llegar hasta el nivel del puerto y unir aparcamiento y acceso? ¿Se imaginan un puerto peatonal con un aparcamiento a cada lado? ¿Se imaginan el ambiente que ello propiciaría?

Aunque claro, algunos seguirían reclamando pérdidas millonarias. Y es que sobre gustos, no hay nada escrito.


De regreso, los veinte euros seguían en mi billetera y además, con un escrito listo para subir a la red. Nunca mejor dicho.

PUBLICADO EL 16 DE JULIO DE 2013, EN EL DIARIO MENORCA.

OTRO MES DE JULIO

La fiebre del mes de julio, dirán algunos.  Y justo ha empezado,  ya empiezan  las lamentaciones.  Se augura una falta de coches en alquiler, pero no es problema.   La culpa, la amenaza de tasas e impuestos.  La solución, aumentar el coste del alquiler. El resultado, sendas lecturas.  La primera, un menor empleo en el sector.  La segunda, una peor satisfacción del cliente. La tercera, la mala propaganda externa.  La cuarta, peores perspectivas futuras.  La quinta, culpar a la crisis y a los gobernantes. La sexta, pedir bonificaciones y ayudas a la administración.  La séptima, subir los impuestos a los restantes trabajadores para pagar las ayudas al sector turístico.  La octava, a mayores impuestos, menor consumo.  La novena, a menor consumo, más paro.  La décima, aquí no hay quien viva.

Aunque algunos sí que viven.  Incluso en las nubes, según parece.  Mientras a Bárcenas deciden meterlo en prisión, nos llega la noticia de una posible redistribución geográfica de los juzgados.  O de los jueces, al menos.  Y uno queda asombrado que en la era de que todo se hace mediante consulta al Google y la del copiar-pegar de otros, a alguien se le olvida de que Baleares además de Comunidad Autónoma y de Provincia, es un archipiélago.  Y que el archipiélago es un conjunto de islas.  Y que la isla es una porción de tierra rodeada de agua por todas las partes.  Y suerte de que algunos tomaron parte, y allí se fueron con la protesta. Que si no….

Y esa parece ser la solución a todo: protestar.  O lo que es lo mismo, que quien no llora no mama.  Y es bien cierto.  El sumiso nada gana.  Quien protesta, algo obtiene.  Y  ya lo dice el refrán, que quien calla, otorga.

Y aunque ahora no callemos, antes hubo un tiempo en que otorgábamos la vez. Y de no haberlo hecho, ¿dónde estaríamos ahora nosotros?.  Me refiero a la protección de tanto espacio.  Es Grau, Sa Mesquida, y tantos otros núcleos urbanos cercanos a las playas se llenan estos días de veraneantes.  Veraneantes, embarcaciones y sobre todo, vehículos.  Y para ello hace falta una infraestructura.  Alcantarillado, agua corriente, electricidad, acondicionamiento de viales, todo ello ha sido un adelanto que nadie discute.  Unos adelantos que década tras década han ido acondicionando aquellos núcleos urbanos.  Unos adelantos que en algún momento tendrían que  invadir alguna zona protegida, como es el caso de los aparcamientos.  Ahora eso sí, impensable hacerlo hoy en día, pero buen resultado que dan. 

Y qué ocurre cuando aquel aparcamiento en el que invadieron dunas queda pequeño por tanta demanda.  ¿Cerramos la playa, limitamos el aforo, o lo ampliamos para dar demanda a tanto visitante que, aunque no siendo residente, pretende ocupar las escasas  plazas disponibles?

Y llegamos al principio, que no al final.  La solución no es ampliar las zonas de aparcamiento, o lo que es lo mismo, la llamada destrucción del territorio para dar cabida a las decenas de vehículos de alquiler.  La solución, sin saberlo, ha sido la restricción del alquiler de vehículos. 

A menor número de vehículos, mayor espacio disponible.  A menor disponibilidad de dinero en el bolsillo, mayor uso de los transportes colectivos.  A mayor uso de los transportes colectivos, mayor tasa de empleo en el sector.  Si al final, todo es energía.  Sólo se transforma.

El problema viene cuando la competencia de otros  –y la incompetencia de unos- hacen que aquel potencial cliente, por culpa eso sí, de la crisis –¡nunca el culpable serán los  precios abusivos!- elige  otro destino más barato.  Y volveremos a maldecir, culpar y buscar otros argumentos para que al menos, nuestras conciencias, no se vean afectadas. 

Otras soluciones, otras subidas de precios, y otros meses de julio en  que inventar alguna nueva excusa.  Excusar, que no innovar.  Y es que el turismo de calidad, no viene.  O tal vez, no lo queremos. 


O no lo mimamos.  O ni siquiera está disponible.

PUBLICADO EL 10 DE JULIO DE 2013, EN EL DIARIO MENORCA.

REFORMAS EDUCATIVAS

Cada final de curso suele ser tiempo propicio para hablar –y sobre todo escribir-sobre el fracaso escolar.  Cada par o tres de cursos también se suele hablar de las reformas educativas y de los planes de estudio, su conveniencia de  modificación o su excelencia en comparación a anteriores.  De tanto en tanto, aparecen comparaciones de nuestro sistema educativo respecto al resto  de países desarrollados.  Y en éste, de tal o TIL cosa, del sistema, de los directores, de textos y  contextos, y vaya uno a saber de cuantas más cosas se hablará durante el verano.

Y de ello, hablamos todos: padres, profesores, sociólogos, pedagogos, políticos, alumnos y porque no, el vecino del quinto derecha que ni se acuerda de cuando sus hijos iban al colegio.  Y nos falta objetividad. Deberíamos analizar lo bueno de cada sistema educativo y conjugarlo entre ellos.  Ahora, cuando se habla de pasar una especie de reválida, son muchos a quienes se les riza el pelo.  ¿Y por qué?.

Nos hemos acostumbrado a que todo el mundo pueda estudiar carrera, independientemente de cuál sea su nivel de conocimientos y luego nos quejamos de que hay demasiados  profesionales mediocres  sueltos por el mercado laboral.  Demasiados titulados.  Demasiados de todo, y menos de todo.  Nos quejamos del nivel de corte para las becas, cuando lo preferible sería que el Estado subvencionara a las mejores notas.  ¿Preferimos cantidad o calidad?.
Una justicia social es la que permite a un pobre acceder en igualdad de condiciones que un rico.  Una reválida permitirá una igualdad de nivel entre centros educativos y comunidades autónomas.  Una política justa y equitativa en la distribución de las becas, posibilitará que tanto el pobre como el rico, con el mismo nivel académico, puedan acceder a la misma educación superior.  Una  normativa en cuanto al temario, una unificación de éstos, hará que tanto el alumno vallisoletano, como el canario y el balear, al terminar un determinado curso o ciclo formativo, tengan los mismos conocimientos. 

Un cuerpo de directores, pongamos por caso, haría que el centro funcionara según unas directrices unificadas con el resto de centros.  Un director tiene que ser un referente, alguien quien dirija el centro y que no esté a expensas de que al cabo de los años de mandato, deba retornar al día a día con los demás docentes.  ¿Qué autoridad puede tener alguien quien dentro de unos años, puede verse dirigido por quien ha amonestado a sus compañeros en años anteriores? 

Hay mucho margen entre un mando autoritario y un mando demócrata.  Y ni uno tiene que ser lo que parece, ni el otro estar pendiente de votación tras votación.  Las definiciones de mando, tanto el autoritario como el demócrata –y el resto de los  existentes- no es característica de su elección, sino de la personalidad del mismo.  Podemos elegir un energúmeno o un incompetente del que arrepentirnos durante tiempo, como pueden nombrarnos un excelente gestor del que lamentaremos  su marcha.

De septiembre a junio se condensa todo el periodo lectivo.  Si además restamos las vacaciones de Navidad y las de Semana Santa y la blanca, la azul y la verde, nos quedamos con menos de ocho meses.  Si además quitamos preliminares y demás, se quedan en siete.  Y el fracaso escolar continúa.  Muchas serán las causas, aunque muy pocas las soluciones que se apliquen. 

Algunas se aplicarían con más refuerzo educativo, adaptar el nivel a unos y a otros, duplicando las aulas si fuera posible  por niveles académicos, y otras sin duda, con un mayor conocimiento de las causas por parte del profesorado.  Unas soluciones necesitarán de una mayor plantilla de profesores –malditos  recortes- y otras de una mayor conectividad del profesor con el hecho concreto de su alumnado, con las causas que provocan su retraso.

Los deberes, que no estudio, también es tema candente.  Hay comentarios a favor y en contra.  De profanos y de mañosos en la materia.  Unos defenderán que los deberes deben hacerse en clase y prohibirse su traslado a casa. Otros, defenderán que estos representan un método que los prepara para una constancia en el trabajo, una forma de administrar su tiempo, en definitiva conseguir unos hábitos “saludables” en el estudio.  Los habrá quienes esgrimirán que éstos restan tiempo a las relaciones societales, a los juegos, a la práctica de los deportes y como no, hipotecan y condicionan las interrelaciones familiares.

La supresión de los exámenes de recuperación en septiembre, también es tema de discusión.  ¿Qué motivación para el estudio tendrá el cateado con una cesta de calabazas en junio si sabe que no tiene opción de recuperación?  En su descargo se argumentará que si durante nueve meses –siete más bien- no ha sido capaz de adquirir unos conocimientos, no los adquirirá durante los tres meses de vacaciones?.  ¿Y por qué no?  ¿Acaso no puede darse la opción de intentarlo, aunque solo lo aproveche  un cinco por ciento de los suspendidos?

Y  los ciclos.  ¿Es normal que un alumno de primaria, de primer curso de ciclo, pueda pasar al segundo curso del mismo ciclo con un montón de suspensos? ¿Por qué no hacerle repetir curso y darle la opción de entrar en mejores condiciones en el siguiente curso de ciclo?

Todos estos temas, y muchos más, son dignos de preocupación, de diálogo y como no, de consenso.  De negociación y de consenso.  De un consenso que promueva que la reforma educativa no sea la de una legislatura, sino de varias.  Que no sea impuesta por unos intereses separatistas ni por un solo sector del espectro político.  Y que sobre todo, tenga sus miras puestas en beneficiar al estudiante, en atender sus necesidades y por qué no, en diferenciar y potenciar las peculiaridades de cada uno.

Y el objetivo….  ¿Por qué no dirigir la formación académica hacia el futuro laboral y por ende, hacia el desarrollo de nuevas necesidades tanto educativas como laborales?  ¿Por qué no ampliar el periodo lectivo para quienes en junio no alcancen el nivel mínimo necesario?

¿Por qué no dirigir las miras hacia las fronteras exteriores cada vez más cerca en vez de  centrarnos en aspectos locales e interiorizar el mercado y el estudio? 

Son muchas las cuestiones a polemizar.  Incluso con las editoriales, con el cambio de formato cada dos por tres de los libros de texto y la sangría de los precios, de las erratas introducidas y los guiones dictados según el color autonómico. 


Y para este curso ya hemos llegado tarde.  El curso ya ha terminado y el periodo ya no es lectivo.  Y en esto sí que coinciden los políticos.  Ellos también han terminado su curso.  Y el periodo tampoco es lectivo.  Pero al menos, ellos han sacado mayor provecho.  Ninguno suspende, aunque muchos, eso sí, repiten.

PUBLICADO EL 2 JULIO DE 2013, EN EL DIARIO MENORCA

INFILTRADOS DE GUIRIS.

Si hace un par de años fueron los reyes –los Magos, claro, que los otros no regalan nada- quienes nos regalaron  un circuito Spa y una noche de estancia en hotel,  esta vez han sido los novios quienes nos lo han obsequiado.  Y a esto que uno prepara la maleta y allí que se presenta.

Hacía tiempo que uno no practicaba de turista.  Y hay que reconocer que a ello uno se acomoda al instante.  Y para quienes dicen que la crisis no remonta, pues que se pasen por algunos de estos hoteles emblemáticos que tenemos en Menorca  y que luego opinen. 

A mitad de junio el hotel estaba abarrotado. O al menos esa fue la impresión que me llevé. La recepción no daba abasto con tanta entrada y salida de clientes y eso que en según qué momentos eran hasta cuatro recepcionistas tras el mostrador y otros tres asistiendo los grupos.

Y uno, que iba de relax,  intentaba quedarse con la copla de todo aquel mundillo. Mundillo éste que no tenemos tiempo de observar cuando somos nosotros quienes viajamos con maletas y más bolsas, atentos al reloj y con unas prisas de no dejar títere sin fotografiar.  Y es que nosotros cuando viajamos no nos relajamos.  Al revés.
Egipto, Palestina, Italia, etc., son lugares para recorrer.  España, también. Pero en  Menorca si uno quiere, puede  relajarse, no hacer nada, desconectarse.  También la puedes recorrer; aparecer en las fiestas de pueblo y visitar la Mola, algún poblado talayótico, comer en el puerto de Ciutadella y cenar en el Mahón.   Irte de safari –así te lo venden en el programa de excursiones- o hacer un “crucero” a bordo de catamarán visitando alguna playa perdida por la costa y vuelta al hotel.

Y el relajarte y desconectarte de la presión diaria  es bueno.  O en parte.  Los complejos hoteleros son minis ciudades en las que uno puede vivir sin depender del exterior.  Por un precio más asequible a cualquier otro servicio de restauración externo, te hartas de comer.  Y es que habría que prohibir los bufetes libres.  Son claros atentados contra la salud de uno.  Y si es la  cena, más aún.

Los bufetes son tentaciones al abasto del pecador.  Y pecadores lo somos todos.  La infraestructura hotelera no tiene nada que envidiar a la extranjera.  Sus edificios por bloques te desencajonan de aquella sensación de apiñamiento.  La cantidad de desayuno, comida y cena, supera en creces a lo que encuentras en otras latitudes.  Al menos  por este concepto que no nos critiquen.

En el cuarto de baño encuentras la puntilla para el escrito.  Te acuerdas por un momento de la anécdota del Hotel Mediterráneo en Nápoles, donde la piña de la ducha se encontraba a la altura de la garganta y uno tuvo que ducharse sentado.  ¿Sería aquella planta para japoneses o es que los del sur tienen limitación de altura?.  Y es que en esta ocasión has encontrado la ubicación de la escobilla del wáter y el porta rollos, al lado  del bidet.   Y uno no se atreve a preguntar. Pero la imaginación…..

Ya en la piscina te encuentras al animador. O al entretenidor. O al relaciones públicas.  O al técnico en distracciones en horarios de piscina.  Que uno ya no sabe a qué titulación tiene que referirse en temas profesionales.    Lo cierto es que su trabajo se lo curra.  O al menos consigue mover a diez o doce personas durante media hora y llevárselos al agua –que no al rio-.

Me chocó la expresión de “españolos” al referirse a nosotros.  Y eso que él parecía español y dicha expresión era para identificar al castellano parlante. ¿Españolo?. En mi caso me preguntó si estaba de holidais.  ¿Qué le iba a responder? Que era españolo de Mahón y que me habían regalado la estancia en el hotel.  Pues no.  Le contesté con un políglota “eha” y él me recomendó estar atento a las sesiones que iban a empezar en las piscinas.  Thank you, le respondí, a la vez que comprendí la necesidad de conocer otras lenguas además de la propia.

A las doce horas, no sé si por aquello del Ángelus, o si  por lo del cambio ente AM y el PM, pero los expectantes en la piscina iban en aumento.  El motivo no era el animador sino que fue otro.  La hora del relevo, la de entrada y salida.  La de empezar la facturación o de ampliarla una jornada más.  Y claro, si coincide una entrada con la salida y los horarios se apuran, pues había que esperar. 
Y uno, allí tumbado, se pregunta, ¿Por qué no programar la salida una hora antes que la hora de entrada y así tener tiempo para la limpieza de la room? ¿Será que la coincidencia o el apurar los horarios, estadísticamente son mínimas?.

Me levanto pronto, demasiado pronto, como siempre.  El comedor aún está cerrado así que decido dar un garbeo por la urbanización.  Justo enfrente del hotel saludo a Manolo vuelto de su exilio caribeño.  Ni Fiona ni Rock le acompañan.  Sigo peregrinaje y me adentro en un tramo del Camí de Cavalls.  Los hitos de señalizamiento denotan que se colocaron en épocas de vacas gordas.  Demasiado gordas.  Regreso al poblado y la ciudad despierta.  El comedor ya abre sus puertas y el desayuno te espera.  Te sorprende el libre acceso a las dependencias.  Te sorprende que no haya  gente que se aproveche de desayunar y cenar gratis.  O al mínimo precio.  Y es que oportunidades no faltan.

Termina tu periplo de guiri.  Entregas tu tarjeta llave y la recepcionista amablemente te pregunta: Check out?.  Uno que es un poco duro de oído, entiende : Aixequeu?.   Doncs sí, ens aixequem i ens anem, le respondo.  Vuelvo a entender que damos el pego.  ¿O será que aún perduran las raíces británicas?.

Vuelvo a comprender el porqué de implantar el idioma inglés en el currículum escolar.  O eso, o es que 

como infiltrados, funcionamos a la perfección. 


PUBLICADO EL 26 DE JUNIO DE 2013, EN EL DIARIO MENORCA

QUINCE CÉNTIMOS

El dicho –la dita, en catalán- sería hacer “cinc cèntims”, pero lo de hoy, no es catalán y triplica el importe.   Y no es que hagamos el resumen tres veces más largo sino más bien es el cabreo el que se multiplica por tres. O al menos el que lleva encima Federico.  Y no es para menos.

Todo empezó hace unos años en unas navidades.  Cuando los recortes empezaron a hacer mella en los bolsillos domésticos, Federico empezó con sus particulares ajustes económicos.  Entre otros reajustes decidió paralizar el plan de pensiones, renegociar algunos seguros que mantenía y la eliminación de duplicidades en éstos.  Y aunque ello no fue suficiente para aguantar el embate de la crisis, al menos apaciguó aquella desaceleración uniformemente acelerada y así, aquella caída no parecía ser tanta.

Y ya no sólo dando poder, sino también las relaciones interpersonales en tiempos de crisis, es cuando se descubre la valía de quien tienes enfrente tuyo.  Así le ocurrió a Federico en sus contactos con la entidad bancaria en la que operara hasta entonces.  Un denominado comercial pecando de joven y con la presunción de prepotencia en demasía, provocó el traslado del fondo a otra entidad.  ¡Y con regalo!.

Los escarceos con la nueva entidad no tardaron en llegar.  Al plan de pensiones  se le sumó el traslado de la nómina, a la que también se la endulzaron con otro regalo.  De un plumazo desaparecían comisiones y cuotas, y la aventura amorosa iba viento en popa.

Pero Federico hace ya tiempo que dejó atrás los años de juventud.  Y mientras perdía juventud avanzaba en experiencia. La relación, el trato personal, era la garantía de que en aquellas condiciones, la relación tenía futuro.  Pero.., siempre hay un pero.  Cuando en la relación entran terceras personas, ésta puede estropearse. Federico era consciente que un día u otro, aquella relación no acabaría de fraguar.  La fusión de la entidad con otras, dejó a Federico sin aquel trato personal individualizado.  Lo dejó fuera de juego y sin referente a quien contar sus penas, sus inquietudes, sus alegrías.

Y empezaron las penurias.  Primero fueron cuarenta y cinco céntimos camuflados en el concepto de “otros cargos” en la liquidación mensual de la tarjeta VISA.  Costó sudor y sangre el que se anulara el cargo y le devolvieran el dinero. Unos remitían a los otros y nadie sabía ni contestaba.  Y ahora más.

La tregua duró poco. Otro cargo menor –esta vez de quince céntimos- y otro –de palabras mayores- de treinta y tantos euros han roto si no el vaso, la confianza.  La relación está de vuelta caída.  Es cuestión si no de días, de meses. Los que mandan los papeles, vamos.  Porque si una cosa tiene claro Federico es que los tratos son para cumplirse. Para los unos y para los otros. Pero una vez incumplidos, una vez perdida la confianza, una vez traicionado, sería una irresponsabilidad ya no de la entidad, sino de Federico, el confiar de nuevo.

La batalla de los quince céntimos –y la de los treinta y tantos euros- a Federico le cuesta ganarla.  El vuelva usted mañana parece ser la cancioncilla aprendida para relajar a la fiera interna que porta Federico.  Pero Federico es corredor de fondo en eso de la vida. 


Asimila y amortigua cada golpe que la vida le brinda, y aquella fuerza de impacto recibida  la reconvierte en energía para su conocimiento y acción.  Las idas y venidas, los golpes de teléfono, los intentos en las infructuosas páginas web, no hacen más que afianzarlo en que la lucha será hasta el final.

Federico es libre. Y por eso mismo pertenece al sector minoritario.  Federico es uno de los pocos cientos de miles de españoles en edad de trabajar que no es prisionero de una hipoteca.  Y esa libertad le da alas para buscar nuevos amoríos, nuevas experiencias, nuevas relaciones.

Ahora, Federico sabe que para esta entidad, él no vale nada.  Ni quince céntimos.  Y por esos mismos quince céntimos van a dejar perder una relación. 

Seguir la relación sería aún degradarse más para él.  Por ética, por orgullo, por quince céntimos, Federico se dará alas. 


Las alas de la libertad.  Lo único que  aún le queda.


PUBLICADO EL 23 JUNIO 2013, EN EL DIARIO MENORCA.

¡VIVA LA VIRGEN!

Pues ni Cavarrubias ni Sbarbi me convencen.  Ambos, al término de ser un “viva la Virgen” lo identifican  como al hombre sencillo y candoroso que tiene sus ribetes de bobo, o inocente y cándida.  Me posiciono más bien en la teoría de Iribarren que lo atribuye al grito de guerra de los indígenas recién bautizados cuando atacaban a los corsarios que intentaban adentrarse en las costas americanas. 

La despreocupación, como término más suave de los posibles a utilizar, será quien representará a muchos de los “vive la virgen” que se han ido materializando durante todas las épocas. Y si además, la sociedad y su ordenamiento permiten beneficiarse de ello, no digamos.

Este es el caso de Santi y Jaume.  Son hermanos gemelos, que ni nacieron el mismo día, ni tan siquiera son hermanos.  Y por supuesto tampoco existen físicamente. 

Nacieron de ello hace ya años.  En plena dictadura, dirían algunos.  El caso es que sus progenitores les educaron por igual, tanto en los colegios de antaño, como en su familia.  Cursaron el bachillerato con sus reválidas de entonces y entraron a trabajar en la administración de antaño.  En ayuntamientos diferentes pero en puestos –y sueldos-análogos.  Santi, eso sí, debió tomar algún gen de más por parte paterna que su hermano Jaume y sus salidas nocturnas eran más asiduas y sonadas.  A pesar de ello, cada mañana era reflejo de puntualidad en su lugar de trabajo.

Tal vez por ello –por el aumento de genes paternos-, fue el primero en abandonar la soltería.  María, la mujer con quien llegó al altar, venía de una familia llamada media.  Sus progenitores,  aunque sin malcriarla, hasta aquel momento le habían facilitado sus necesidades. 

Ni Santi ni María pretendían imponerse rol alguno.  Vivir al día, eso sí.  Su empresa, la de casados, viento en popa.  Santi, cada mañana y alguna tarde continuó año tras año en su lugar de trabajo. Era referencia de sus compañeros.  María, sacaba el hogar y era el apoyo escolar de sus hijos.

¿Por qué comprar una vivienda si estando en alquiler uno se despreocupaba del IBI, de las goteras y demás costes de mantenimiento?  La organización de la economía doméstica era una de las labores primordiales de María. Si al principio de casados los ahorros se quemaban en las cenas del fin de semana y en el alquiler de un apartamento en verano,  con el paso de los años, la diferencia siempre positiva entre la suma del inexistente potencial cargo de la hipoteca, IBI, seguro, comunidad y gastos de mantenimiento y del importe abonado por el arrendamiento, obtenían lo necesario para un viaje al extranjero. 

Y así siguen viviendo ahora.  Eso sí, jubilados, con actualización de domicilio cada cinco años y con vehículo que no supera los siete años de antigüedad. Y con ingreso en cuenta  tras cada anualidad del IRPF.  Y unos ahorrillos bien guardados.

Jaume era y es diferente.  Sus genes, importaron más material materno que paterno y ello debió condicionar su acercamiento social.  Su entrada en el mundo laboral también se inició de la mano de la cosa pública.  La llegada al altar en cambio se hizo esperar.  Y fue con Anita, la novia que conoció en los años de bachillerato. 

La espera vino motivada porque se habían hecho muy suyo el dicho de que “el casado, casa quiere”.  Y la querían propia, no de arriendo.  Y en esto  que se  pusieron.  Y tanto que se pusieron que ni cenas ni regalos ostentosos durante el noviazgo.  Sus encuentros siempre en casa de los padres de uno y del otro, sus contadas salidas grupales y como viaje, sólo aquel ensueño trasladado al mundo imaginario tras cada proyecto de hipoteca.

Al final, el banco de entonces les cautivó el sueldo –y los sueños- por varios años y así se convirtieron en propietarios de un tanto por ciento de una propiedad horizontal.  A la vez que el cura bendijo la unión, el notario escrituraba una hipoteca que aportaría estabilidad al domicilio y asegura un futuro lazo con el fisco.

El tiempo también corrió para Jaume y el jubileo le reportó la recuperación de unos ahorros transformados en un buen plan.  O al menos, eso le decía la propaganda de aquellos primeros años.  Tras pasar por caja y ceder el cuarenta y tanto por ciento a las arcas comunes, aquel plan  sólo le sirvió para el cambio de transporte.

Santi y Jaume se ven ahora a menudo.  Sus horas de asueto, libres de ocupaciones laborales, les permiten recrear aquellos momentos que de niños compartían.  Sus recuerdos les llevan a repasar sus caminos tomados.  Jaume le recuerda a Santi la vida que llevó en su juventud desenfrenada y su falta de previsión para un futuro.  Le recuerda el dinero desperdiciado y la falta de propiedad con que hacer frente a cualquier achaque futuro.  Santi, sin necesidad de defensa, le comenta los ahorros guardados, la vida vivida, y como no, lo más duro: no está condicionado por fisco alguno. 

Sus ahorros no le condicionan ante ninguna ayuda que solicite. Su carencia de propiedades le es un aval ante cualquier ayuda social que presente ante la administración.  Las cantidades invertidas en el arrendamiento incluso le desgravan. 

A Jaume, todo lo contrario.  El valor del IBI le repercute en otro gravamen. Y en otro. Y lo repite en el IRPF.  Incluso en la medicina que recoge en la farmacia.  Su tesón en trabajarse un futuro, le condiciona el futuro que es ahora presente. 

Jaume está convencido de que se equivocó.  Como tantos otros.  El presente ya no es suyo.  Santi, aquel despreocupado de antaño, vivió la vida, y vive el presente.  Del futuro, no sabe, no contesta.


Jaume, tampoco.

PUBLICADO EL 16 DE JUNIO DE 2013, EN EL DIARIO MENORCA

UNA ANTIGUA ORDEN

Hará de ello tres o más años, en que alguien conocedor de mis inquietudes sobre el pasado reciente, me facilitó un archivo pdf  en el que figuraba escaneada una antigua orden de la Comandancia de la Guardia Civil de Valencia.  Tan antigua, que se remontaba al año en que finalizó nuestra contienda civil.  Que si no…

Hace unos días, semanas más bien, o incluso algún mes –uno ya ha llegado a la etapa en que con el término de “unos días” aglutina todo un curso escolar- dos noticias provocaron el rescate de aquel pdf guardado en Mis documentos.   Una de ellas fue publicada en este mismo medio y adelantaba el enfado de los sindicatos ante  la noticia de que en algún borrador del reglamento del Cuerpo Nacional de Policía  se barajaba la obligación  de que sus miembros  al dirigirse a un superior deberían hacerlo bajo la voz de “a sus órdenes”.

La otra, más drástica,  la encontré en el navegador de Internet:   Un guardia civil ingresaba en la prisión de Alcalá Meco para cumplir una condena de tres meses y un día -por unos hechos que se remontaban al mes de junio de 2010 y en un destacamento de Canarias-,  y en el que se le acusó de insultar a un superior, un cabo concretamente. ¡Que si llega a ser a un capitán o a un coronel, no digamos!.

Uno, que de tanto en tanto se despista, hace un reset y actualiza su calendario.  No hay duda, el ordenador me confirma  que estamos en el siglo veintiuno y la noticia parece extraída de la década de los pasados cincuenta. 
Y uno se vuelve a extrañar. Cuando en las escuelas se ha perdido el respeto que se le tenía al profesor, cuando  ya no se levantan del autobús para que una persona mayor tome asiento ni se cede la acera, cuando decenas y decenas de famosos folklóricos y de implicados en la cosa política, se salvan de entrar en la cárcel por delitos más graves, como pudiera ser el siempre presunto ilícito penal   de  transportar de un lugar a otro grandes cantidades de dinero sin el conocimiento del fisco;  cuando decenas de banqueros se han enriquecido a costa de los ahorros de sus clientes, cuando…., van y encierran a un trabajador por insultar a uno de sus jefes.

¿Por qué en vez de encarcelarlo  no lo suspenden de empleo y sueldo o lo despiden?  ¿Tan grave es un insulto cómo para privarle de libertad? ¿No es más grave quien pega a su pareja, conduce borracho  o deja de pagar la manutención de sus hijos, y siempre suele haber alguna argucia legal que evita su entrada en la cárcel?

¿Y por la misma regla de tres –proporcionalidad directa, dirían los nuevos educandos- mandarán  a la cárcel quienes en una manifestación, tumulto o aglomeración,  vociferarán frases  políticamente incorrectas hacia nuestras instituciones y gobernantes?  ¿No dijo el rey en su famoso discurso de Navidad, de que la justicia era igual para todos? .

Y a la Navidad nos referíamos al principio.  Pero años atrás. Muchos años atrás.  En el Año de la Victoria, según reza tras la fecha. En Valencia, y a 25 de diciembre de mil novecientos treinta y nueve.  Y la orden de la Comandancia es clara. Clarísima. Sin lugar a dudas.

Extractada, la orden dice así “Dentro de seis día me dará V. cuenta de que todos los Guardias y V. tienen sus carpetas, libros, etc, en una palabra, su documentación completa, y la documentación del Puesto también completa, sin excusa ni pretexto de ningún género, que no admitiré; las documentaciones con sus carpetas rellenas, quiere decirse que si no lo tienen en forma reglamentaria por carecer de material, será en forma antirreglamentaria, pero lo han de tener completo, en papel negro, blanco, amarillo… o en papel estraza… o en ladrillos, si otra cosa no hubiera…..”

Más adelante, continúa “y si al pueblo volviese o a su demarcación, algún individuo indultado o amnistiado, se le vigilará tan convenientemente que, ni beba, ni duerma ni haga nada en ningún momento sin que nosotros lo sepamos, ni se moverá para ningún otro sitio sin permiso del Comandante del Puesto, y sabiendo éste porqué va, para que va, y cuanto crea conveniente”.   

Y no crean que con el tiempo el comandante se relaja, porque ya lo dice que “El descanso que pueda esperar a la Guardia Civil  hasta que la Patria entre en sus cauces es, comer poco, dormir menos, trabajar de las 24 horas del día lo menos 48.  No quiero ni un permiso, ni una licencia, ni aún por enfermo, ni quiero enfermos.  El enfermo presta servicio, y cuando se muere uno se acaba y en paz.”

            Visto –leído, mejor- lo anterior,  cualquier batallita que nos cuenten en los nuevos Frentes de Juventudes –llámeseles Club de Jubilados- nos parecerá poco.  También nos podrá llegar a parecer  exageradas las protestas de sindicatos y demás movimientos ciudadanos  por las órdenes y recortes dados.  Porque ya lo dice la orden: “ Hay que ser españoles no cien por cien,  pues esto es una miseria, sino lo menos un diez mil por mil.  Somos españoles y hay que sacrificarse por España, detrás de ella nadie, delante muchos menos. Al lado de ella TODOS.  Las puertas de España están abiertas para todo aquel que quiera salir y no sea delincuente, de modo que el que quiera quedarse ha de tomar todo lo malo, y poco bueno”.


            Sin duda, eran otros tiempos.  Para que ahora venga alguien, y nos diga que tiempos pasados fueron mejores.  ¡A la cárcel con él!.

PUBLICADO EL  4 JUNIO 2013, EN EL DIARIO MENORCA.